Adel Sufian, exalumno de la UJA desde la Franja de Gaza: "No me dejéis morir aquí"

"Por favor, no me dejéis morir aquí. No dejéis que mi historia termine en la miseria de Al-Mawasi". Ese es el mensaje que Adel Sufian (23 años, Gaza), enfermero y exalumno de la Universidad de Jaén, lanza desde la Franja de Gaza a través de este periódico. Lleva más de tres años "completamente devastado", atrapado en una guerra que no termina, y asegura que todo lo relacionado con Jaén le da fuerzas para seguir adelante.
Él lo sabe: no está solo. Luis Francisco Sánchez, miembro de un colectivo jiennense y representante en Jaén de la International Human Rights Foundation, acompaña a Adel Sufian desde junio de 2023. Además, la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Universidad de Jaén ha expresado públicamente "todo su apoyo" al estudiante y reclama que las administraciones públicas intervengan y "estudien favorablemente todas las vías posibles" para que pueda continuar su formación académica en condiciones de seguridad, estabilidad y dignidad.
—¿Cómo afronta la situación en su país, con una violencia cada vez más intensa?
—No solo estoy "sobrellevando" esta situación; me ha estado aplastando por completo. Durante más de tres años he estado atrapado en este infierno, sobreviviendo dentro de una tienda de campaña de plástico desgastada en Al-Mawasi, Jan Yunis. Perdimos nuestra hermosa casa familiar de cinco plantas y, con ella, nuestra estabilidad, nuestra dignidad y nuestros recuerdos.
—¿Qué ha podido hacer durante este tiempo?
—Hasta hace muy poco, antes de esta tregua temporal, estuve trabajando como enfermero voluntario en el Hospital Médico Nasser durante las fases más sangrientas del conflicto, sosteniendo cuerpos destrozados y atendiendo a víctimas con heridas terribles. A veces eran personas que conocía.
A lo largo de esa escalada, la agonía psicológica ha sido absoluta. Miro a mi madre enferma y a mi padre, ya muy castigado por la edad, y cargo con el peso de ser su único sustento. Cada noche mi mente queda atrapada en un bucle implacable de recuerdos traumáticos y termino llorando de forma incontenible. Lloro por mi juventud, por los sueños que me ha arrebatado la guerra y por las condiciones extremas en las que nos vemos obligados a vivir.

—Describe una situación inhumana, agravada ahora por las altas temperaturas.
—Vivir dentro de una tienda improvisada hecha con finas láminas de plástico no ofrece ninguna protección. Este verano, el aumento extremo de las temperaturas ha hecho que el calor sea completamente insoportable durante el día, creando un ambiente asfixiante. Por la noche, el tormento continúa mientras convivimos con pulgas, roedores y mosquitos en unas condiciones totalmente inhumanas.
Incluso tenemos que cargar pesados bidones de agua desde el mar para poder asearnos. Estas condiciones de vida son tan duras que no serían aptas ni para albergar animales, y el clima extremo ha hecho que todo resulte aún más insoportable.
—¿Cuáles son ahora las grandes urgencias de la población?
—Existe una escasez masiva de medicamentos esenciales, tratamientos y suministros médicos. Las enfermedades de la piel y las infecciones intestinales se propagan rápidamente debido a la desnutrición, al agua contaminada y a la grave falta de productos de higiene.
Muchos medicamentos vitales han desaparecido. En cuanto a la comida, apenas conseguimos lo mínimo para subsistir. Aunque algunos precios han variado, la carne, las frutas y las verduras siguen siendo un lujo para la mayoría después de más de tres años sin ingresos.
—¿Cree que quienes viven lejos de la guerra comprenden realmente lo que significa estar atrapado en ella?
—No, no lo creo. Para gran parte del mundo libre solo somos números que aparecen fugazmente en una pantalla o en un informativo. ¿Cómo puede alguien que vive a salvo entender lo que supone pasar más de tres años suplicando una oportunidad para estudiar, escapar y regresar al único lugar donde te sentiste humano?
¿Cómo pueden entender el dolor constante de una hambruna prolongada o el terror del zumbido permanente de los drones y los ataques aéreos que durante meses hicieron temblar nuestras tiendas de campaña?

—Es imposible.
—¿Cómo pueden entender el trauma de un profesional sanitario que tuvo que atender a niños enfermos utilizando agua contaminada porque no quedaban antibióticos básicos? La distancia entre nuestra realidad y su seguridad es demasiado grande para explicarla con palabras.
—En medio de tanto horror, ¿qué supone para usted recibir el apoyo de la Plataforma de la Universidad de Jaén?
—Para mí, el apoyo de la Plataforma de la Universidad de Jaén no es solo un gesto académico; es literalmente mi último vínculo con la vida. Es mi única vía hacia la salvación. He pasado más de tres años luchando con todas mis fuerzas, presentando solicitudes y llamando a todas las puertas posibles para tener la oportunidad de reanudar mis estudios y regresar a Jaén.
Saber que la plataforma universitaria me respalda me da una razón para resistir un día más. Estoy profundamente aterrorizado ante la posibilidad de que mi vida, mi historia y todo aquello por lo que he trabajado terminen aquí, bajo los escombros o entre la metralla. Este apoyo es la única mano tendida que intenta sacarme del polvo de esta tienda antes de que me derrumbe por completo.

—¿Qué mensaje quiere trasladar a quienes le están ayudando desde Jaén?
—Mi mensaje es una mezcla de profunda gratitud y de ruego desesperado. Gracias por ver al ser humano detrás de la tragedia y por reconocer que un enfermero cualificado y graduado en Farmacia pertenece a un laboratorio de investigación y a una sala de hospital, no a sobrevivir en una tienda de plástico.
Vuestra solidaridad es la única luz en mis noches más oscuras. Pero también os pido, especialmente ahora, durante esta frágil pausa: por favor, no me dejéis morir aquí. No dejéis que mi historia termine en la miseria de Al-Mawasi.
Por favor, seguid luchando por mí, porque vuestros esfuerzos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Os estaré eternamente agradecido y prometo dar lo mejor de mí para que os sintáis orgullosos cuando algún día vuelva a estar a salvo.

"JAÉN ES MI SANTUARIO: REGRESAR ES RECUPERAR MI DERECHO A LA FELICIDAD"
—¿Qué recuerda de su estancia en Jaén? ¿Cómo le trató la ciudad?
—Jaén es mi santuario. Es el único lugar del mundo donde me sentí como un ser humano cuyo potencial realmente importaba. Recuerdo caminar por sus calles sintiéndome libre, respirando aire puro y rodeado de personas extraordinariamente acogedoras.
Recuerdo las risas en los pasillos de la Universidad, la amabilidad de los desconocidos en las plazas y la profunda dignidad del pueblo andaluz. No solo "quiero" volver; siento que pertenezco allí. Cada vez que cierro los ojos en esta tienda sofocante y trato de escapar de los recuerdos de la guerra, regreso mentalmente a las calles de Jaén y a sus olivares. Es mi refugio psicológico.
Tengo una determinación absoluta e inquebrantable de regresar. Volver a Jaén significa recuperar mi derecho a la felicidad, vivir con libertad e independencia y comenzar a sanar el profundo trauma que se ha grabado en mi rostro y en mi corazón.
—Llegó a Jaén gracias al programa Erasmus+.
—Participar en el programa Erasmus+ fue el punto de inflexión de mi vida. No fue algo que me regalaran; trabajé incansablemente y soporté una enorme presión académica y personal para conseguirlo. Competí con más de 600 estudiantes y logré obtener una de las plazas.
Aquella oportunidad fue como atravesar los muros de la prisión en la que se había convertido Gaza y descubrir el mundo libre. Ese intercambio no solo me proporcionó conocimientos médicos y farmacéuticos fundamentales; también validó mi propia existencia y me permitió sentirme orgulloso de representar a Palestina y a Gaza como estudiante.
Fotos cedidas por Adel Sufian
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