Almudena Sánchez-Fernández y Cazorla: ¡todo un flechazo!

Granadina de Armilla, llegó a la sierra jiennense para estudiar y hacer unas prácticas forestales, se enamoró del parque natural y ya busca casa donde vivir allí para siempre
"Amor que súbitamente se siente o se inspira": esa es la definición de 'flechazo' que ofrece la Real Academia Española de la Lengua, y eso es lo que sintió la granadina Almudena Sánchez-Fernández Alfaro (Armilla, 1997) nada más pisar el suelo serrano de Cazorla, hace ya más de un año y medio.
"Este es mi segundo año aquí, y es una pasada el sitio; por estudios, me vine a Vadillo-Castril a estudiar la FP superior de Gestión forestal, y me enamoré de la sierra", comenta la ambientóloga, que ha encontrado en el paisaje cazorleño su particular Ítaca. Y apostilla: "Encima he encontrado trabajo aquí".
Tan claro tiene que este es su paraíso personal, que incluso ha publicado en sus redes sociales un mensaje en el que pide ayuda para encontrar casa, ese lugar en el que convertir su pasión repentina (¡el flechazo, su flechazo...!) en un amor para toda la vida. "He visto solo una, empecé el sábado pasado y no quiero irme a la primera, era maravillosa la que vi pero quiero ver alguna más", aclara.
Resulta paradójico que siendo, como es, de Granada, necesitara irse, si se tiene en cuenta la cantidad de gente que, a lo largo de la historia, ha dejado su patria chica para vivir precisamente en la Ciudad de la Alhambra, tan misteriosa y atrayente ella: "Quería cambiar de aires y estoy feliz de la vida tras este año y medio viviendo en mitad de la montaña", asegura.
Por ponerle un pero a su situación, echa de menos a su familia, que sigue en la tierra de Lorca: "Mi madre me dice que me echa de menos, que me tengo que volver, y yo le digo que hasta que me canse quiero estar en Cazorla, esto me ha cambiado la vida, me da paz, tranquilidad, felicidad..., he encontrado a gente maravillosa, los vecinos te abren las puertas, son maravillosos, quieren que te quedes". Vamos, que está en la gloria (lugar ideal en el que se encuentran los bienaventurados, la define la RAE).
En la sierra estudia y curra, pero no solo de eso vive la gente... "Diariamente voy a clase por la mañana, y algunas tardes trabajo en Chilluévar; tengo contrato indefinido, en buenas condiciones, y estoy a gusto. Además me he apuntado a clases de bachata en La Iruela, con un grupo superapañado, y cada vez que podemos nos vamos a ver la inmensa montaña (hay gente de aquí que lleva toda la vida y no la conoce entera)", comenta, sorprendida, maravillada.
Tan encantada como está su familia, que cada vez que viene a verla se va contenta de ver a Almudena en su salsa y le dice: "Es normal que estés bien aquí, esto es maravilloso". Lo dicho, un auténtico flechazo que, si la sierra hablase, seguramente respondería que es mutuo.

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