La Morenita bendice los 50 años de amor de María y Crispín

Los Colmenero Peinado celebran sus bodas de oro en el santuario de la Virgen de la Cabeza, con una conclusión compartida: "Volveríamos a casarnos otra vez"
Dicen que fue Orwell (el de Rebelión en la granja, sí) quien dijo aquello de que a los cincuenta, cada uno tiene la cara que se merece.
Una frase que, viendo la fotografía que encabeza esta página digital, le viene que ni pintada al matrimonio formado por María Peinado Martos y Crispín Colmenero Martos, quienes el pasado fin de semana festejaron sus bodas de oro.
Ahí están, felices como ellos solos, con gesto serio (porque serio es eso de tomarse una foto a los pies mismos de la Virgen de la Cabeza) pero irradiando felicidad, con esa discreta alegría que dan los años, con la satisfacción contenida de quienes vienen ya de vuelta de tantas cosas: ¡vamos, la cara que se merecen después de toda una vida juntos!
"Somos muy devotos de la Virgen y hacía ya tiempo que no subíamos al santuario, porque mi mujer está delicada con las piernas, así que decidimos celebrarlas allí, aunque nosotros íbamos a hacerlo en el pueblo; pero nuestras hijas [tres tienen] nos animaron y nos fuimos a la Virgen de la Cabeza", aclara Crispín, que reunieron además a yernos y nietos [cuatro] para la ocasión.
"¡Yo tenía ya muchas ganas de ver a la Virgen, qué ilusión más grande!", apostilla María.
Un día completo, bien aprovechado, con misa, comida en los aledaños de la basílica y momentos inolvidables: "Ha sido uno de los mejores días de nuestra vida, hemos disfrutado muchísimo; los nietos nos leyeron cosas muy bonitas, fue todo muy emocionante". O lo que es lo mismo: que esas lágrimas que se guardan siempre (como el buen cava) para las ocasiones grandes, se descorcharon para la gozosa efeméride de cumplir medio siglo de amor (más los años de novios, que esos no los recogen los papeles pero ahí están).
¿El secreto para la longevidad matrimonial? "Con mucho cariño, con mucho amor, respetándonos el uno a otro y yendo a una los dos, en las buenas y en las malas. Siempre hemos estado juntos, donde he ido yo siempre ha ido el paso de ella detrás, y al contrario: nunca nos hemos separado para nada!, celebra Colmenero, un nombre propio de su Jamilena natal, cuyo Ayuntamiento gobernó entre 2011 y 2919.
Por su parte, ella afirma al respecto: "Respetarse mucho; en los tiempos que estamos, la gente se divorcia muy pronto, pero a veces hay que aguantar un poquito, y con respeto todo se soluciona. Él siempre me ha respetado a mí, y yo a él".

Pero, ¿qué tendrá María para que, a estas alturas de la película, su marido tenga más claro que el agua que sin ella, a ningún sitio?
"Mi mujer, para mí lo es todo: es el motor de mi casa y de mi familia, sin ella no funcionaríamos. Es una mujer que se desvela por su familia, por sus nietos. Es una mujer maravillosa".
¿Y María? ¿Qué vio (y sigue viendo) en Crispín para decir de él lo que todavía dice? "Sigue siendo lo mismo que cuando nos casamos, lo quiero con locura, es el rey de mi casa; es un poco serio, pero muy bueno, muy buen padre, mis hijas están locas perdidas con él. ¡Y su mujer, lo mismo! Todo lo que diga de él es poco, se lo merece todo! Es oro molido, lo quiero mucho".
Y los dos, al unísono, aseguran: "¡Si volviéramos atrás, volveríamos a casarnos, sin dudarlo!". Cincuenta años, que se dice pronto y que para ellos se han pasado como un rato: ¿Será porque un matrimonio feliz es una larga conversación que siempre parece demasiado corta, como dicen que dijo Maurois, el novelista francés?

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