El bolo andaluz une generaciones en un campus inclusivo en Cazorla

Más de 30 participantes, entre niños, monitores y personas sordas, disfrutan de deporte, historia y naturaleza en Vadillo Castril y el Puente de las Herrerías
La Sierra de Cazorla ha sido escenario esta semana de una experiencia única que ha combinado deporte tradicional, inclusión y educación ambiental en plena naturaleza. La Federación Andaluza de Bolos (FAB) ha celebrado una nueva edición de su Campus de Bolo Andaluz, una cita que ha reunido a 35 personas entre niños, monitores y adultos sordos, con el objetivo de acercar este juego autóctono serrano a las nuevas generaciones.
La iniciativa se desarrolló en dos enclaves históricos: la Bolera Serrana de Vadillo Castril, donde comenzó el día con clases magistrales a cargo de Antonio Castillo y Loli Rodríguez, número uno y una del ranking andaluz, respectivamente, y el Puente de las Herrerías, donde el grupo disfrutó de un baño en sus pozas tras una ruta etnológica que mostró la historia de la explotación forestal de la zona y su relación con la red ferroviaria española.
Uno de los momentos más especiales fue la participación de un grupo de adultos sordos gracias a la colaboración con la Federación Andaluza de Deportes para Sordos (FADS). Esta actividad inclusiva supuso el punto de partida para un futuro convenio entre ambas entidades con el fin de introducir el bolo andaluz en los programas deportivos de personas sordas.
El día concluyó con una actividad de arborismo y tirolinas, donde la conexión con el entorno natural fue protagonista. Esta iniciativa refuerza el compromiso de la FAB con la difusión de los bolos serranos y la promoción del deporte como herramienta de inclusión y transmisión cultural.
Un campus que no solo enseñó a lanzar mingos, sino que dejó una huella profunda en quienes participaron y demostró que el bolo andaluz es mucho más que un deporte: es identidad, historia y comunidad en estado puro.
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