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Los bolos serranos de Jaén, declarados Bien de Interés Cultural

Por Fran Cano -
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Los bolos serranos de Jaén, declarados Bien de Interés Cultural
Jugadores de bolos serranos. Foto: FAB.

La Junta protege como patrimonio etnológico este juego tradicional, documentado en la provincia desde 1625 y que mantiene su arraigo con más de medio centenar de boleras

Los bolos serranos de la provincia de Jaén cuentan desde ahora con la protección de Bien de Interés Cultural (BIC). El Consejo de Gobierno ha acordado inscribir esta práctica tradicional en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, con la tipología de Actividad de Interés Etnológico, como reconocimiento a una tradición que continúa transmitiéndose entre generaciones.

El juego o deporte está especialmente vinculado a los municipios del entorno del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, donde forma parte de la identidad y las costumbres de sus habitantes. Sin embargo, su práctica se ha extendido durante las últimas décadas a numerosos puntos de la provincia.

Arroyo del Ojanco, Chilluévar, Génave, Hinojares, Hornos, La Iruela, Orcera, Peal de Becerro, Pozo Alcón, Quesada, Santiago-Pontones, Santo Tomé, Beas de Segura, Torreblascopedro, Torredelcampo, Torres de Albánchez, Villacarrillo y Villanueva del Arzobispo figuran entre las localidades en las que esta tradición tiene presencia.

Los bolos serranos se practican principalmente al aire libre entre los meses de marzo y noviembre, aprovechando las condiciones meteorológicas más favorables y evitando la época de recolección de la aceituna. Para jugar son necesarias las denominadas boleras o boleas, además de elementos específicos como las bolas y los mingos, pequeñas piezas que pueden estar fabricadas en madera o material plástico dependiendo de la modalidad.

DOS MODALIDADES CON SIGLOS DE HISTORIA

La práctica cuenta con dos variantes principales: la de 'valle' y la de 'alta montaña', conocida también simplemente como 'montaña'. Ambas pertenecen al grupo de los pasabolos, en los que adquiere especial importancia la distancia que alcanza el bolo después de recibir el impacto de la bola.

La modalidad de 'valle' se juega con tres mingos y conserva normas y lances procedentes de los bolos medievales. Es considerada la más antigua, aunque actualmente es la menos practicada. La de 'montaña' deriva de la anterior, pero emplea un único mingo y elimina algunos lances del juego. Esta característica la convierte, según la información aportada por la Junta, en una modalidad singular dentro de la península ibérica.

La antigüedad de la tradición está respaldada por referencias documentales de los siglos XVI y XVII, principalmente recogidas en ordenanzas municipales. En el caso concreto de Jaén, el testimonio más antiguo localizado data de 1625 y relata un altercado producido durante una partida de bolos.

El salto de esta tradición al ámbito deportivo reglado se produjo en el año 2000, cuando la modalidad fue oficialmente federada y comenzaron a organizarse campeonatos regionales, provinciales y comarcales. Su práctica abarca actualmente edades comprendidas entre los 6 y los 90 años y cuenta con categorías diferenciadas por género.

En 2024 llegaron a estar inscritos una veintena de clubes en la Federación Andaluza de Bolos. La provincia dispone actualmente de doce boleras que acogen competiciones deportivas oficiales, a las que se suman más de medio centenar de instalaciones en las que se celebran concursos populares. Los vencedores reciben tanto trofeos como premios en especie, entre ellos aceite, jamones y embutidos.

EL RELEVO GENERACIONAL

La declaración como BIC busca favorecer la conservación de los bolos serranos y garantizar que esta manifestación cultural continúe transmitiéndose a las próximas generaciones.

Entre las medidas planteadas se encuentra mantener las jornadas formativas en el ámbito escolar dirigidas a alumnado y profesorado, así como favorecer su presencia entre las actividades extraescolares y en fechas significativas del calendario educativo andaluz.

También se recomienda que los municipios que cuentan con boleras o boleas estudien su incorporación a los correspondientes instrumentos de planeamiento urbanístico, con el objetivo de proteger unos espacios estrechamente ligados a la pervivencia de una tradición jiennense con, al menos, cuatro siglos de historia.

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