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Cuando la ilusión desafía a las nubes en la noche más mágica del año

Por Esperanza Calzado - Enero 06, 2026
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Cuando la ilusión desafía a las nubes en la noche más mágica del año
Cabalgata de los Reyes Magos en Jaén.

Una ciudad empapada de lluvia e ilusión acompaña a Melchor, Gaspar y Baltasar en una cabalgata que convierte el temporal en magia compartida

La tarde quiso vestirse de gris, pero la ilusión de cientos de familias decidió iluminarla. Bajo un cielo caprichoso, que amenazaba con cerrar la noche de Reyes, la cabalgata decidió no rendirse. Retrasada su salida a las 19:00 horas desde la Plaza de Santa María y con un itinerario reducido para garantizar la seguridad, la comitiva emprendió su viaje entre paraguas convertidos en estrellas, miradas encendidas y aplausos que sonaban como campanillas de esperanza.

La concejal de Cultura, María Espejo, explicó que, pese a tener que recortar elementos lumínicos y de aire por la climatología, “la cabalgata debía salir para que los niños no se quedaran sin ver a los Reyes Magos y su cortejo”. Y así fue: la fantasía se abrió paso como quien empuja suavemente una puerta de sueños.

El desfile comenzó con el Portal de Belén, delicado y simbólico, como una postal de invierno que cobra vida. Ángeles-hadas guiados por una Estrella de Oriente llevaron a los asistentes a un universo poético donde una carroza lunar inspirada en El Principito invitó a recordar que sólo con el corazón se puede ver bien. Sobre esa emoción se alzaron los tronos de sabiduría: Melchor, abriendo camino sobre una carroza astrológica dedicada a Tauro, avanzó seguido de mundos que parecían salir de libros abiertos al viento: Harry Potter, duendes, personajes de cuento, los majestuosos Transformers, Tintín y sus inseparables compañeros de aventuras, e incluso un guiño a la cultura tailandesa, llena de color y delicadeza.

 Cabalgata de los Reyes Magos en Jaén.
Cabalgata de los Reyes Magos en Jaén.

Gaspar apareció después, como un susurro mitológico cargado de fuerza y elegancia, sobre su carroza de Pegaso, mientras princesas Disney y personajes de La Bella y la Bestia tejían sonrisas en los ojos infantiles. Y el viaje continuó, cruzando el tiempo y los mapas imaginarios: figuras egipcias, símbolos ancestrales, animales sagrados y una carroza faraónica que parecía arrastrar siglos de historia convertidos en fiesta. El cierre fue un latido africano lleno de ritmo y alegría, con malabares, batucada, jirafas animadas y la emoción de El Rey León, hasta que Baltasar, rodeado de la simbología de Aries, puso la guinda a este despliegue de fantasía.

Bajo la lluvia se repartieron alrededor de 6.900 kilos de caramelos y 6.000 bolsas de patatas fritas donadas por Patatas OYA, mientras la música en directo y los villancicos tejían un hilo invisible entre generaciones. El recorrido, que tras alcanzar Virgen de la Cabeza se dirigió directamente a la Avenida de Andalucía, concluyó en la Glorieta de Blas Infante bajo un dispositivo de máxima seguridad, acompañado por Policía Local, Protección Civil, personal sanitario y técnico. En total, desfilaron 6 carrozas infantiles, tres tronos reales, 14 grupos de animación y un séquito de 633 participantes.

La lluvia fue sólo un telón de gotas. Detrás, brilló lo importante: la certeza de que, cuando la tradición se convierte en abrazo colectivo, ni el clima puede apagarla. Y mientras los Reyes se marchaban, dejando tras ellos el eco dulce de los caramelos y la promesa de una noche mágica, quedó en el aire una sensación compartida: hay días en los que no manda el cielo… manda la ilusión. 

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