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Calvo Morillo, el poeta que murió el día de los Enamorados

Por Javier Cano - Febrero 14, 2020
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Calvo Morillo, el poeta que murió el día de los Enamorados

Hoy se cumplen diez años de la desaparición del cronista oficial de Martos, que dedicó toda una vida a cantar en verso a su patria chica y a Jaén, su ciudad de adopción

Después, como a una muerte,

abandonamos todo,

y el pueblo se quedó muy lejos de mi sombra...

Son versos de un poema de Miguel Calvo Morillo (Martos, 1930-Jaén, 2010), pertenecientes al que para muchos lectores y críticos es su mejor libro: Retablo de la memoria encontrada, publicado en la colección de poesía de la Diputación Provincial en 1991. Versos que dan cuenta del arraigo del poeta al terruño, su patria chica (la Ciudad de la Peña) y la capital de la provincia, donde desarrolló gran parte de su trayectoria literaria.

Hoy se cumplen diez años de su marcha, escogido como fue por el calendario para despedirse del mundo en una jornada propicia para la poesía, San Valentín, el día de los enamorados. Ningún acto se celebra en su honor en todo el mapa jiennense, pero la memoria de su persona y la calidad ampliamente reconocida de su obra invitan a la evocación de quien fue, ante todo, un enamorado de sus paisajes, de las costumbres del Santo Reino.

"Amo la poesía sobre todos los géneros literarios y a Martos como a mí mismo", escribió en el prólogo de otro de sus poemarios, Martos a golpe de soneto (Diputación Provincial de Jaén, 1996). Efectivamente, gran parte de su obra poética incide en la vinculación del hombre y el paisaje, del poeta y los escenarios de su creación. 

Quienes lo conocieron bien lo recuerdan con emoción, destacan de él su sencillez y cercanía: "Miguel Calvo me inoculó dos venenos: la poesía y la radio. Pero me los endulzó con el almíbar de la amistad y la compartimos con el amor a nuestra tierra marteña. Alma de niño en corazón grande, Miguel interpretó como nadie el ser marteño a través del verso. Tuve el inmenso honor de escribir con él la letra del Himno a Martos".

Lo expresa así otro marteño ilustre pese a su alumbramiento en la villa y corte, Julio Pulido Moulet (Madrid, 1949). Docente, político, periodista, poeta, empresario y profundo admirador de Calvo Morillo, Pulido acumula un buen número de experiencias junto al cronista oficial de la Ciudad de la Peña.

Nueve libros conforman la bibliografía del fallecido escritor marteño de cuya muerte se cumple hoy una década, ocho de ellos en verso y un volumen histórico que, como no podía ser de otra forma, dedicó a su ciudad natal: Pueblo de cal y tierra, Palabra en el pueblo, Epístolas a Cástulo, el ya citado Retablo de la memoria encontrada, el también referido Martos a golpe de soneto, Al aire de tu vuelo, Plateado Jaén, Memorial de mi sombra y Martos, historia de medio siglo

En ellos palpitan sus preocupaciones temáticas, que abarcan desde la bien conocida exaltación de su pueblo, de Jaén y provincia, de su intrahistoria y acervo sentimental, hasta el testimonio de su admiración por autores como San Juan de la Cruz o el rescate del recuerdo, asunto este que manejó con soltura y hasta con maestría y del que vale la pena rescatar algún ejemplo, aunque solo sea para aplaudirle el soberbio endecasílabo final:

... y yo y mis pantalones cortos,

y mis piernas y mi perro,

y todo, y la mesa de madera sin pintura,

todo junto a las rosas que cortó

mi madre, las últimas rosas,

la última elegancia de su mano. 

Pregonero, cronista, periodista, funcionario, padre, esposo, abuelo... Formó parte del legendario Grupo El Olivo, publicó en revistas tan señeras como Advinge o Alto Guadalquivir, por citar solo un par de ejemplos; recibió numerosos premios de poesía, fue académico de la Bibliográfica Mariana Virgen de la Capilla, miembro de un sinnúmero de colectivos culturales de la provincia y dejó una huella imborrable entre quienes lo trataron y apreciaron

Carmen Bermúdez, pintora, docente y escritora, compañera del marteño en las filas de El Olivo, recuerda al hombre y al artista como "un gran poeta, un gran hombre, un gran amigo": "Ya venía de Martos cuando se unió al grupo. Un auténtico, decían de corte clásico, pero yo no lo definiría así. Según Bermúdez, "sus poemas estaban llenos de contenido: eran hondos, sentidos, tenían alma como suele decirse". Tan entrañable fue su relación que rozó el parentesco, evoca la jiennense: "Lo apreciaba tanto que fui madrina de su hija Raquel (que también escribe), siempre lo recordaré".

Como el propio Pulido, quien vuelve la mirada hacia la memoria de su compañero con un guiño de paisanaje: "Amigo, diez años después de tu partida sigue siendo glorioso y altivo nuestro pueblo". 

Poco después de su partida, las páginas de otro icono marteño, la revista Aldaba, acogían unos poemas en honor del maestro en los que su entrañable y mínima figura alcanzaba estatura de coloso del verso. Lo que fue en realidad.

Andaba por las calles

lo mismo que los pétalos

que caen de los balcones,

es decir: lentamente (...)

Y dejaba un aliento

de pan reciente y campo,

capaz de florecer en las aceras.

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COMENTARIOS

RAQUEL

RAQUEL Febrero 14, 2020

Un bonito homenaje a mi padre, el poeta de Martos y Jaén, (ya debería estudiarse en los colegios como patrimonio escrito de la provincia que él de Granada y él de Orihuela están ya muy vistos, parece que no hubiera otros).

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Marcos Calvao

Marcos Calvao Febrero 14, 2020

Gracias Javier por este gran artículo

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