Calvo Morillo, un poeta sin calle en la ciudad de sus amores

Marteño de cuna pero vecino enamorado de la capital, falleció el día de los enamorados de 2010 tras una larga trayectoria literaria que requiere un hondo estudio
Hasta para decirle adiós al mundo fue poético Miguel Calvo Morillo (Martos, 1930-Jaén, 2010), quien después de tanto y tanto escribirle al amor (entre otras muchas cosas) se procuró que, cada día de los enamorados, al Jaén literario y cultural no le quedara más remedio que evocarlo.
Autor de una amplia obra lírica y, también, histórica y costumbrista, ocupó un lugar de privilegio en el panorama de la poesía provincial de mediados del siglo XX y principios del XXI, al que llegó tan cargado de prestigio y aplausos como exiguo de reconocimiento institucional.
Ni siquiera la Agrupación de Cofradías de Jaén lo incluyó en su nómina de pregoneros, y eso que a lo largo y ancho de su aventura vital firmó versos inconfundibles por su calidad y sello personalísimo.
Insigne de El Olivo, cofundador de Claustro Poético, imprescindible en cualquier acto poético que se preciara en las últimas seis décadas... De su entrañable pluma salieron libros como Martos a golpe de soneto, Retablo de la memoria encontrada, Memorial de mi sombra, Al aire de tu vuelo y otros, clásicos de la poesía jiennense.
Le falta (y así lo reclaman muchos desde su marcha) una calle en la capital del Santo Reino, honor que la ciudad sí rindió a su compañero del alma Felipe Molina Verdejo pero que, a estas alturas, sigue siendo asignatura pendiente para cerrar el capítulo de deudas que Jaén mantiene con uno de sus principales poetas.
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