La sonora ausencia del carrillón de San Ildefonso

La oración mariana que lanzaba al aire de Jaén, a las doce del mediodía y a las ocho de la tarde, cumple un cuarto de siglo de silencio
"Bendita sea / la hora en que María Santísima / descendió del cielo a la ciudad de Jaén / para socorrer a nuestros mayores. / Por siempre sea bendita y alabada. / Virgen Santísima de la Capilla, rogad por nosotros".
Así sonaron las horas (durante unas cuatro décadas más o menos) en el aire de Jaén desde que, allá por finales de los años 50 del pasado siglo XX, el reloj de la hoy basílica de San Ildefonso (a la sazón iglesia parroquial) acogiera en su torre más alta el entrañable carrillón que, hasta los límites del XX con el XXI, puso singularísima banda sonora (cien por cien mariana) al tiempo jaenero.
Una de tantas iniciativas impulsadas por el recordado párroco del templo entre 1956 y 1980, el canónigo don Manuel Maroto Castro (1905-1992) que llevado de su profundo amor a la Virgen de la Capilla movió cielo y tierra para que las horas de aquí sonaran a oración.
Dicho y hecho, este clérigo cordobés de Villa del Río convirtió la hermosa jaculatoria (inspirada en una letra propia de la devoción a la Virgen del Pilar y armonizada por el jaenés Damián Martínez Linde (1897-1977) en eso que en Córdoba hace el reloj flamenco (por soleá) de la Plaza de las Tendillas prácticamente desde la misma época que el jiennense, en 1961; o el del Ayuntamiento de Linares, que desde finales de los 70 rinde tributo al universal Andrés Segovia derramando notas de su melancólico Estudio sin luz.
Singularidades de las que Jaén capital gozó hasta que se decidió, primero, espaciar el sonido del carrillón hasta reducir su sonora presencia a la hora del ángelus y a las ocho de la tarde. Así aguantó desde los 80 hasta su mudez absoluta, frisando el 2000. Todavía hay quien entona su perdido canto a eso de mediodía.
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