Cástulo y la muerte de Escipión: cuando la historia cambió en Jaén

La historia de la provincia de Jaén está llena de episodios que, pese a su enorme trascendencia, siguen siendo desconocidos para gran parte de la ciudadanía. Uno de ellos es la muerte de Publio Cornelio Escipión, un acontecimiento que marcó un antes y un después en la Segunda Guerra Púnica y que tuvo como escenario el territorio que hoy ocupa nuestra provincia.
En un artículo anterior abordé el asedio de Iliturgi, un episodio estrechamente relacionado con este suceso. Entonces apenas pude esbozar el desenlace de Publio Cornelio Escipión. Hoy merece la pena detenerse en él porque no hablamos solo de una batalla más, sino de uno de esos momentos en los que la historia cambia de rumbo.
La información que ha llegado hasta nuestros días sobre estos acontecimientos es limitada. Gran parte de lo que sabemos procede de las narraciones de Tito Livio y de los hallazgos arqueológicos realizados en lugares como Cástulo gracias al trabajo de numerosos investigadores. Sin embargo, incluso con esas limitaciones documentales, el episodio resulta fascinante.
Para comprenderlo es necesario retroceder algunos años. La Segunda Guerra Púnica había llevado a Roma al borde del colapso. Aníbal Barca había protagonizado una de las mayores gestas militares de la Antigüedad al cruzar los Alpes con un ejército formado por decenas de miles de infantes, miles de jinetes y una fuerza de elefantes de guerra. Tras aquella hazaña llegaron victorias decisivas como Tesino, Trebia y Trasimeno, donde los ejércitos romanos sufrieron derrotas devastadoras.
En ese contexto, Roma decidió enviar a Hispania a Publio Cornelio Escipión, quien compartiría el mando con su hermano Cneo Cornelio Escipión. La misión era clara: cortar las líneas de suministro que permitían a los cartagineses sostener la campaña de Aníbal en Italia.
Los romanos obtuvieron importantes éxitos en la península. Batallas como la de Cissa o la de Dertosa permitieron consolidar posiciones al norte del Ebro y extender progresivamente su influencia hacia el sur. Muchas tribus iberas comenzaron entonces a abandonar la causa cartaginesa para alinearse con Roma.
Sin embargo, el equilibrio de fuerzas cambió radicalmente en el año 211 a. C.
Frente a los hermanos Escipión se reunieron algunas de las figuras más destacadas del bando cartaginés: Asdrúbal Barca, Magón Barca, Asdrúbal Giscón y el futuro rey númida Masinisa, acompañado de su temida caballería ligera. A ellos se sumaban contingentes procedentes de diversas ciudades y pueblos aliados.
Roma, por el contrario, no podía enviar refuerzos. La amenaza de Aníbal en Italia seguía absorbiendo gran parte de sus recursos militares.
En aquel escenario también desempeñó un papel relevante Iliturgi, ciudad que hasta entonces había apoyado a los romanos y que había resistido numerosos ataques cartagineses gracias, en parte, a la ayuda recibida de los Escipiones.
La batalla comenzó con fuerzas aparentemente equilibradas, aunque las fuentes clásicas ofrecen cifras que algunos historiadores consideran exageradas. Personalmente, siempre he visto en Tito Livio más a un gran propagandista romano que a un cronista completamente imparcial, por lo que conviene analizar esos números con cautela.
Lo que parece fuera de toda duda es que el desarrollo del combate acabó favoreciendo al ejército cartaginés. Y fue entonces cuando se produjo uno de los episodios más controvertidos del relato: la supuesta traición de los contingentes iliturgitanos que combatían junto a Roma.
Según las fuentes, el cambio de bando de estos guerreros provocó el desconcierto en las filas romanas y contribuyó decisivamente al colapso de sus posiciones. Los hermanos Escipión ordenaron la retirada, pero ya era demasiado tarde.
La caballería númida de Masinisa cayó sobre las tropas romanas en retirada y causó enormes pérdidas. Durante aquella persecución, Publio Cornelio Escipión fue alcanzado por un proyectil que le hirió gravemente en una pierna. Lejos de Roma y de su hogar, murió desangrado en tierras hispanas.
Su hermano Cneo consiguió escapar inicialmente, pero apenas un mes después encontró también la muerte en Ilorci.
La derrota tuvo consecuencias enormes para la guerra. Roma perdió de golpe a dos de sus principales comandantes en Hispania y estuvo cerca de perder por completo el control de la península.
Pero la historia no terminaría ahí.
Años más tarde, el hijo de Publio Cornelio Escipión, el futuro Escipión Africano, regresaría a Hispania para continuar la lucha contra Cartago. Según la tradición, nunca olvidó la suerte corrida por su padre ni el comportamiento de quienes consideró responsables de aquella derrota.
Por eso, cuando hablamos de Cástulo y de los acontecimientos que tuvieron lugar en su entorno, no estamos hablando únicamente de un episodio local. Estamos hablando de un capítulo decisivo para comprender la historia de Roma, de Hispania y, en buena medida, de Europa.
Quizá esa sea la gran enseñanza de este episodio: que la provincia de Jaén no solo conserva un patrimonio arqueológico excepcional, sino también escenarios donde se decidieron acontecimientos capaces de alterar el rumbo de civilizaciones enteras.
La pregunta sigue abierta más de dos mil años después. ¿Habría sido diferente el destino de Publio y Cneo Cornelio Escipión sin aquella traición? ¿Habría cambiado el desarrollo de la Segunda Guerra Púnica? Y, sobre todo, ¿somos realmente conscientes de la importancia histórica que tuvieron lugares como Cástulo en la construcción de nuestro pasado?
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