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CIEN AÑOS DE PASIÓN JAENERA: LA BUENA MUERTE

Por Javier Cano -
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CIEN AÑOS DE PASIÓN JAENERA: LA BUENA MUERTE
La procesión de La Buena Muerte, en sus primeras salidas. Foto: Archivo de Javier Cano.

La cofradía catedralicia alcanza su primer siglo de existencia como colectivo pasionista, un largo periodo de tiempo en el que, constantemente, ha actuado como auténtico revulsivo de la Semana Santa jaenera 

Si hubiera seguido siendo una cofradía de Gloria, La Buena Muerte no celebraría en 2026 su primer centenario sino el 260 aniversario de su fundación desde 1766, cuando la primitiva hermandad (que veneraba una singular y hermosísima imagen de Mora (el popular Señor de los Grillos), establecida en La Merced, aprobó sus estatutos. 

Pero no, aquella entidad compuesta por gentes del barrio y volcada en costearles el entierro llegó al primer cuarto del siglo XX agonizando, casi en los estertores, hasta que a mediados de abril del año 26 un grupo de cofrades capitaneados por Manuel Cañones de Quesada (primer apellido ilustre de los muchos que aparecerán en este reportaje) decidió reorganizar la vieja institución, ahora con carácter pasionista.

Recogían Cañones y los suyos, así, la reivindicación que más de una década antes y en las páginas de su legendaria revista Don Lope de Sosa había lanzado el insigne cronista Alfredo Cazabán, advirtiendo de la "apatía" que protagonizaba la Semana Mayor local por entonces, como recoge el recordado cronista Manuel López Pérez en su magna obra sobre la hermandad. 

Nacía, pues, la que en 2026 conmemora su siglo de existencia bajo la señera denominación de Real Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, Cristo descendido de la cruz y Nuestra Señora de las Angustias. 

Sobria y señorial donde las haya, sus orígenes se sitúan, sin embargo, en la trastienda de una confitería (de postín, eso sí): Las Colonias, en el antiguo número 37 de la actual calle Maestra, ya en la desembocadura hacia la Plaza de la Audiencia. Ensolerado establecimiento popularmente conocido como los Rubios.

Un histórico establecimiento que abrió sus puertas a mediados del XIX y, a principios del XX, cayó en manos de Julián Delgado Blasco (padre del recordado maestro jaenés don Victoriano Delgado Serrano) y su hermano José, cuyas apuertas se cerraron para los restos en 1954, dejando el más dulce y sabroso de los recuerdos en la memoria sentimental de aquí.

Junto con tan egregios confiteros, nombres propios de aquellos inicios quedan esculpidos sobre el mármol blanco de estas páginas digitales, en memoria de quienes se cuajaron una hermandad a la que la historia de la Semana Santa de Jaén de la última centuria se ha encargado de condecorar con el título de imprescindible:

Juan Nogales, Cipriano Vacas, Ángel Degiuli, Eduardo Calvache, el obispo mártir Basulto, el párroco Cruz Godoy, el alcalde Fermín Palma, Virgilio Anguita, María del Consejo Fe (hija del alcalde Inocente Fe, quien tanto medió entre la cofradía y el imaginero Jacinto Higueras para la talla del Crucificado, junto con el cronista Luis González López),  Ermila Lucini (nuera de Bernabé Soriano), Ramón Espantaleón...

"Para la cofradía este centenario supone la celebración de un hecho histórico, poder echar la vista atrás, dar gracias por estos cien años desde la constitución de la hermandad, valorar el trabajo que han desarrollado tantos hombres y mujeres que han trabajado por y para La Buena Muerte", comenta Raquel Cobo López, la hermana mayor del centenario, a Lacontradejaén.

Y apostilla: "No solo aquellos que han ocupado puestos de responsabilidad, como hermanos mayores o junta de gobierno, sino también poniendo en valor (de manera muy sobresaliente) a todos los que de manera anónima han hecho posible que la hermandad, después de estos cien años, se haya mantenido en el tiempo, en su tradición y esencia, y sea una hermandad señera en la Semana Santa de Jaén".

 Manuel Cañones de Quesada. Foto: Libro Buena Muerte.
Manuel Cañones de Quesada. Foto: Libro Buena Muerte.

Una institución que desde sus comienzos dejó claro que aprehender es, acaso, la mejor forma de aprender, en tanto copiar es la peor manera de imitar. 

Sí: que La Buena Muerte buscó fuera de los usos y costumbres de Jaén su propia estética es un hecho tan acreditado como que, una vez asumidos los modelos malagueños, la cofradía se preocupó de 'jaenizarlos', fundando así una ecléctica personalidad con la que ha llegado hasta el día de hoy.

Auténtica hazaña si se tiene en cuenta, por ejemplo, que sus filas nazarenas apabullan, con alrededor de trescientos hermanos de luz en un momento de la Semana Santa local en el que cualquier banda o cuadrilla de costaleros supera al número de personas que salen alumbrando en cualquier otra procesión, salvo contadísimas excepciones. 

Un atractivo, el de esta hermandad, que ni decayó nunca, ni decae ahora ni tiene pinta de que decaiga en el futuro. Pionera en tantas cosas, lo fue también (en su época) en preferir a un artista de la provincia para tallarle su imagen titular: ese imponente Cristo salido de la gubia del santistebeño Jacinto Higueras Fuentes. 

O a la hora de ampliar horizontes y mirar hacia el norte en los años 50, cuando incorporó a su acervo el hermoso grupo escultórico del Descendimiento, del cántabro Víctor de los Rios (todo un alarde de sobriedad y contención naturalista frente a los barroquismos imperantes entonces..., y ahora).

Incluso en la feliz decisión de convertir en sagrado objeto de procesión la maravillosa Piedad atribuida a Mora  (llegada al templo mayor en 1845 desde el Camarín de Jesús,), que si bien otras cofradías pretendieron y hasta llegaron a sacar a la calle durante breve tiempo, encontró en La Buena Muerte el colectivo cabal para el encauzamiento de su piadosa devoción. 

Junto con ello, detalles tan significativos como la presencia castrense en su cortejo procesional (desde el principio y hasta la fecha), la creación de un grupo joven o de una banda de música propia y hasta de un cartel y pregón cuaresmal remarcan ese carácter iniciático de la entidad catedralicia, que desde sus principios tuvo claro cuál debía ser el escenario de su cotidianidad y de sus manifestaciones extraordinarias: la mismísima Catedral de Jaén, donde en 2027 cumplirá, también, su primer siglo de estancia. 

 La Legión, en la procesión del año 2019. Foto: Mario Cano Campos.
La Legión, en la procesión del año 2019. Foto: Mario Cano Campos.

En esta suerte de memoria toman carta de naturaleza, por su militancia activa en la hermandad, nombres propios como los del ilustre veterinario Salvador Vicente de la Torre, el párroco del Sagrario Cándido Carpio, el deán De la Fuente, el industrial y profesor Cástulo Cañada o Eugenio Cancio Suárez, auténtica dinastía esta última en el devenir de la cofradía.

Más modernamente, Manuel Caballero Venzalá cerraría la página de insignes, para abrir un nuevo libro repleto de personalidades que, por temor a dejar a alguno en el tintero, omite este reportaje. 

Sacramental desde 1986 (la primera de Pasión en poseer ese título en la capital del Santo Reino), Alfonso XIII la hizo real en el 28 y, casi un siglo después, su bisnieto, el Rey Felipe VI, acaba de aceptar la presidencia de honor de la comisión del centenario.

La Buena Muerte, en plena efeméride y en palabras de su máxima responsable, "ha puesto muchísimo interés en la elaboración de un programa extraordinario en el que se ha querido centrar la atención en engrandecer aquellos fines de los cuales la hermandad es la mayor valedora, como son la caridad, la formacion y la manifestacion publicad de nuestras imagenes, en actos, cultos y en la calle".

Raquel Cobo añade: "Como hermana mayor del centenario, supone para mí trabajo, esfuerzo, dedicación absoluta a que los cofrades y el pueblo de Jaén puedan disfrutar de una conmemoración tan importante como este centenario fundacional, movido todo ello sobre una responsabilidad grandísima, ya que soy la primera consciente de la importancia del hecho y lo que representa para la hermandad poder celebrar este primer centenario".

Al respecto, detalla: "En caridad, caridad, el proyecto de este centenario va dedicado a Aspace Jaén y lleva por título La luz de Getsemaní: el refugio de Nicodemo, un guiño a esa figura tan importante como fue Nicodemo en el descendimiento de Cristo de la cruz; poder vernos todos representados en él ante tanto Cristo sufriente como tenemos en la sociedad, ser nosotros ese Nicodemo, ese José de Arimatea en ayuda y acompañamiento a las personas que sufren".

Y continúa: "El proyecto consiste en la implatanción de una serie de softwsares, de plataformas, que ponen a los usuarios con parálisis cerebral una herramienta en sus manos para poder comunicarse con su entorno, con su familia, con las personas de su ámbito. Un avance tremendo. y no solo en lo técnico: el proyecto va a conseguir la habilitación de una sala de Aspace para llevar a cabo las terapias con estos softwares específicos de sensibilización visual, adecuando y condicionando esa sala dedicada al proyecto, con presencia muy clara de La Buena Muerte".

"Para ello se han puesto en marcha numerosas actividades que se van a desarrollar para conseguir fondos para llevarlo a cabo", comenta, y apunta, entre ellas, al concierto de primavera que hoy mismo, en la Catedral y de la mano de la UJA y el Cabildo catedralicio, tendrá lugar bajo las bóvedas vandelvirianas.

En  el área de formación "la estrella es la celebración, en octubre, del Congreso de Cofradías de la Buena Muerte", abierto a quien quiera participar, el fin de semana del 23 al 25 de ese jaenerísimo mes.  

En cuanto a manifestaciones públicas, Raquel Cobo resalta el viacrucis del Miércoles de Ceniza, presidido por el Cristo con motio del centenario; el acto de meditación (con música y poesía) celebrado el pasado marzo, así como un viacrucis extraordinario con el Señor de Higueras para el año que viene, cuando se conmemorará, además, el primer siglo de la salida de la procesión y del establecimiento de la cofradía en la Catedral. 

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