Las chilindrinas sacan punta al tranvía, Trump y las promesas electorales

La sátira de la verja de la Diputación vuelve a retratar los problemas de Jaén mientras la feria se despide bajo la lluvia
"Medio Jaén está levantado, el jubilado anda estresado, acudiendo a la obra cada día. ¡Si hasta se mueve el tranvía!". La ironía no necesita muchas explicaciones en una ciudad acostumbrada a convivir con las obras y a esperar la puesta en marcha de su transporte ferroviario. Las chilindrinas de San Lucas han vuelto a convertir la verja de la Diputación en un escaparate de las contradicciones, preocupaciones y pequeñas miserias de Jaén.
Tampoco se libran los políticos. "Se acercan elecciones, no hay duda alguna, promesas no faltan ni una. ¡Amárrense los pantalones!", advierte otra composición junto a un cartel que proclama "Tonto el que lo crea". Dos personajes observan la escena y uno pregunta qué irán a prometer allí. El humor popular pone palabras a un escepticismo que no entiende de siglas.
La mirada de los dibujantes también viaja más allá de la capital. Donald Trump aparece repartiendo billetes mientras juega al "Trumpipoly" sobre un tablero mundial. A su lado, un planeta parcialmente eclipsado recuerda las guerras, las catástrofes climáticas y el hambre. Hasta la subida de la gasolina encuentra sitio en una viñeta que mezcla el estrecho de Ormuz con el estrecho bolsillo de los ciudadanos.
Las chilindrinas, impulsadas por la Asociación de Vecinos Arco del Consuelo con la colaboración de Viñeta 6, han puesto el contrapunto crítico a una Feria de San Lucas que terminó ayer con lluvia, pero sin perder su ambiente festivo.

El Ayuntamiento celebra una edición con 37 casetas, la mayor cifra de los últimos quince años, y una notable asistencia a los conciertos. La primera teniente de alcalde, María Espejo, destaca el público llegado de otras ciudades, mientras los caseteros esperan cerrar sus cuentas tras advertir de una caída inicial del consumo.
Entre pasodobles, toros y atracciones, San Lucas se marcha dejando una última sonrisa incómoda. Porque las casetas cierran, pero las obras, el tranvía y las promesas siguen ahí. Y las chilindrinas tampoco perdonan.
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