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CINCO AÑOS SIN EL MAESTRO VÍLCHEZ

Por Javier Cano -
Compartir en X @JavierC91311858
CINCO AÑOS SIN EL MAESTRO VÍLCHEZ
El maestro, batuta en mano, en una de sus últimas actuaciones. Foto: Sociedad Filarmónica de Jaén.

Granadino de cuna pero jiennense de adopción, el director, instrumentista y compositor fue, durante tres lustros, el responsable de la Banda Municipal de la capital, a cuyo frente se convirtió en un apreciado y popular músico  

El rostro de una formación musical es el rostro de su director. ¿Que quién lo dijo? Cualquiera sabe, si es que alguien lo dijo, pero lo tiene todo para ser verdad verdadera. Y a la Banda Municipal de Jaén le prestaron eGranadino de cuna pero jiennense de adopción, el director, instrumentista y compositor fue, durante tres lustros, el responsable de la Banda Municipal de la capital, a cuyo frente se convirtió en un apreciado y popular músico  l suyo, su cara, en una etapa inicial (entre principios del XX y los primeros años 30) Rafael de la Torre, Manuel López y Antonio Fernández.

Luego se lo puso (el rostro) Cebrián, palabras mayores, que dejaría el testigo a José Sapena (otro grande, dicen) y Miguel Contreras. Pedro Jiménez, Juan Antonio García Mesas y la actual batuta, Juany Martínez de la Hoz, son la imagen más reciente de esta centenaria agrupación artística. 

Pero la figura emblemática de los últimos años al frente de la banda, en concierto o en procesión, es sin duda la de Manuel Vílchez Martínez, el maestro granadino enamorado de Jaén (llegó a la provincia con solo nueve años) que entre 1983 y 1998 capitaneó, con el mismo grado de rigor que de caballerosidad, las filas de profesores. 

Clarinetista, violinista, cantante melódico, director, compositor... La historia de Vílchez es la de una pasión desmedida por la música, que empezó en plena infancia y dio fruto durante décadas. Muchas décadas.

Hoy, Lacontradejaén evoca al maestro a cinco años de su pérdida, y lo hace contando con la palabra cabal de quienes bien lo conocieron y respetaron.

 Al frente de la Banda Municipal de Jaén. Foto cedida por Fran Vílchez.
Al frente de la Banda Municipal de Jaén. Foto cedida por Fran Vílchez.
  

Con la batuta comenzó en Bailén, pasó por Vilches (la eterna confusión de su apellido) y Castellar hasta que recaló en la capital de la provincia, que le hizo justicia poniéndole su nombre a la Escuela de la Sociedad Filarmónica de Jaén, donde dos de sus hijos han dado rienda suelta a su heredada pasión musical. 

Hombre familiar donde los hubiera, presumía de esposa, de sus seis vástagos y de sus nietos. Algo (eso de presumir de sangre)  en lo que ahora, cinco años después de su marcha, le sigue también Fran, uno de sus hijos, pero con el propio maestro como protagonista de sus recuerdos y palabras: 

'Hay ausencias que jamás logran ser vacíos, porque se quedan llenas de todo lo que nos dejaron. Desde que tengo uso de razón, la música ha sido el cristal a través del cual aprendí a mirar el mundo, una pasión que fue tomando forma en mi vida al ver a mi padre crear y respirar cada nota'.

Y añade: 'Él no solo hacía música; le daba alma a las costumbres populares de Jaén y se encargaba de que nadie se quedara al margen. Cada domingo, al frente de su Banda Municipal, regalaba repertorios pensados para todos, interpretados con un corazón tan grande que lograba unir a toda la comunidad en un mismo acorde'.

Así lo recuerda una legión de gente, con esa percha que convertía cada uniforme (blanco, azul, negro...) en pieza de escaparate y su perpetua simpatía y amabilidad, frisando en una elegancia natural que, para muchos, ejercía a la perfección el papel de cabeza visible de la banda jaenera. 

'Aunque ya no está físicamente entre nosotros, su eterna sonrisa y su alegría intacta nos recuerdan cada instante compartido en familia. Yo, en especial, me quedo con su legado más profundo: seguir amando la música como ese puente capaz de unir a las personas y entrelazar la cultura con la inmensa felicidad que tanto necesita este mundo. Su presencia no se ha ido; sigue viva en cada nota que resuena', concluye Fran Vílchez.

 Con su esposa y algunos de sus hijos. Foto cedida por Fran Vílchez.
Con su esposa y algunos de sus hijos. Foto cedida por Fran Vílchez.

¿Saben cuál fue su nombre artístico en los comienzos de su carrera, como cantante de orquesta? Más granadino que la mala...: Manolo Alhambra. Y es que sus primeros pasos en la vida los dio, precisamente, en la capital nazarí, en la castiza calle Elvira. 

De allí a Linares, tierra que conoció a los Vílchez como tintoreros, desconocedora aún de lo que daría de sí el talento de aquel pequeño Manuel, cuya luz primera había entrado en sus ojos en 1933.

Y en la Ciudad de las Minas, cuna del gran Andrés Segovia, aprendió el arte de la música, que perfeccionó con el primero de sus uniformes, en las Fuerzas Armadas. Y, al final, regreso a Linares pero ya como músico profesional, tras aprobar las oposiciones a su banda.                  

Sobre el pentagrama dejó un gran número de pasodobles dedicados a toreros (el último de ellos el diestro Antonio Armenteros Morales), personajes y hasta calles de Jaén, así como la zarzuela Mar de Plata y un importante repertorio de marchas procesionales: entre unas y otras, casi doscientas composiciones propias. 

Su compañero y sin embargo amigo el compositor y director Juan Antonio García Mesas asegura del maestro: 'Su labor en la dirección durante una compleja etapa en la que la plantilla se encontraba muy mermada y envejecida, resultó fundamental. Logró que el Ayuntamiento de la capital ampliase el número de plazas y, sobre todo, que se cubrieran las vacantes de forma progresiva. Asimismo, obtuvo partidas presupuestarias para la adquisición de instrumental y para una nueva y digna uniformidad de invierno'.

El exdirector de la Banda Municipal apostilla: 'Durante esta década se construyó el templete del parque de la Victoria, creado expresamente para albergar los conciertos de temporada de la Banda Municipal, el cual fue inaugurado bajo
su dirección el 29 de junio de 1986. De él partió también la iniciativa de realizar un concierto homenaje al maestro Cebrián, un evento al que acudió en persona el hermano del homenajeado, Francisco Cebrián Ruiz. Del mismo modo, impulsó la grabación de un disco monográfico de Cebrián en 1986 y tuvo la brillante iniciativa de fundar el orfeón municipal. Esta coral, que congregaba a cuarenta voces mixtas, ofreció numerosos conciertos conjuntos
junto a la banda municipal'.

Según García Mesas, Vílchez 'potenció los conciertos escolares para dar a conocer la banda a los jóvenes de
la ciudad y promovió su visibilidad en todos los ámbitos de la ciudadanía local, acercando la formación a las asociaciones vecinales y ofreciendo conciertos en las plazas de toda la ciudad. Definido como una persona cercana y amable, compuso numerosas piezas dedicadas a personalidades ilustres de la capital, así como marchas procesionales para diversas hermandades'.

Y abrohca: 'En definitiva, el maestro Vílchez supo comprender la trascendencia que la Banda Municipal tenía para la ciudad y logró acercarla a todos los sectores sociales, convirtiéndola en un elemento indispensable de la vida cultural y lúdica jiennense'.

El anfiteatro del Bulevar, en Jaén, le rinde honores cotidianos con su nombre a este inolvidable de aquí que en marzo de 2021 (días de coronavirus pero no por su causa) guardó silencio para siempre. Uno de esos silencios que nunca dejan de sonar. 

 Foto familiar, ya irrepetible. Foto cedida por Fran Vílchez.
Foto familiar, ya irrepetible. Foto cedida por Fran Vílchez.

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