Todos los caminos de la campaña andaluza pasan por Jaén

El desembarco constante de líderes nacionales, ministros y primeras espadas revela hasta qué punto la provincia se ha convertido en uno de los grandes símbolos políticos del 17M
Primero fue José Luis Rodríguez Zapatero junto a María Jesús Montero en Ifeja. Después llegaron los ministros. Óscar López en Jaén capital, Milagros Tolón recorriendo municipios de la provincia, Fernando Grande-Marlaska en Baeza o Óscar Puente entrando en campaña desde Linares.
El PP respondió elevando también el nivel político de la campaña. Juanma Moreno convirtió Ifeja en una demostración de fuerza y Alberto Núñez Feijóo acabó recorriendo Baeza, Linares, Bailén y La Carolina en apenas unas horas en la recta final hacia el 17M. Y entre ambos bloques, Santiago Abascal también se ha recorrido media provincia intentando consolidar el espacio de Vox en uno de los territorios más imprevisibles de Andalucía.
El nivel de desembarco político en la provincia en esta campaña electoral no es casual. En todos los partidos existe la misma lectura. Y es que Jaén se ha convertido en uno de los grandes termómetros políticos de Andalucía después del terremoto electoral de 2022.
Porque lo que ocurrió entonces tuvo mucho más valor simbólico que electoral. El PP ganó las autonómicas en una provincia donde el PSOE había construido durante décadas una parte esencial de su poder territorial andaluz. Los populares lograron seis escaños y más del 42% de los votos frente a los cuatro parlamentarios socialistas y poco más del 27% del PSOE. Vox entró con un diputado y cerca del 13%. Y aunque no logró representación, Jaén Merece Más ya empezó a demostrar que existía una bolsa de voto de protesta territorial capaz de alterar equilibrios futuros.
Ese resultado cambió completamente la manera en que los partidos miran ahora al mar de olivos.
Hasta hace no demasiado tiempo, la provincia era interpretada como un territorio relativamente estable dentro del mapa andaluz. El PSOE podía sufrir desgaste, perder apoyo o ceder espacio urbano, pero seguía existiendo una percepción bastante asentada de fortaleza estructural socialista. Las elecciones de 2022 rompieron precisamente esa seguridad psicológica.
Y eso explica buena parte de esta campaña.
El PP no está viniendo a Jaén simplemente a defender siete escaños. Está intentando consolidar un cambio político de fondo. La estrategia de Moreno durante toda la campaña ha buscado transmitir precisamente esa idea: normalizar la hegemonía popular en una provincia donde históricamente parecía imposible. La imagen entrando en Ifeja conduciendo una pick up de Santana Motor no fue anecdótica. Formaba parte de una construcción política muy concreta: asociar al PP con industria, estabilidad, gestión y recuperación económica en una provincia muy castigada por la desindustrialización y el sentimiento histórico de abandono.
También por eso Feijóo ha querido pisar tanto territorio jiennense en tan pocas horas. El PP entiende que retener Jaén tendría un enorme valor político porque consolidaría la idea de que el cambio de ciclo andaluz ya no depende únicamente de Málaga, Sevilla o Cádiz, sino que ha penetrado incluso en provincias donde el PSOE parecía culturalmente dominante.
En el PSOE, sin embargo, la lectura es casi inversa. Los socialistas saben que perder definitivamente Jaén supondría algo más profundo que una derrota electoral puntual. Supondría aceptar que una parte importante del vínculo emocional construido durante décadas entre la provincia y el socialismo andaluz se está deteriorando.
Por eso la campaña socialista ha tenido un tono mucho más emocional que triunfalista. María Jesús Montero no ha hablado en Martos como una candidata favorita en las encuestas. Ha hablado intentando evitar la desmovilización de un electorado progresista fatigado y resignado tras años acumulando derrotas en Andalucía.
La presencia constante de ministros tampoco es casual. No responde solo a apoyo orgánico. Responde a la necesidad política de transmitir que Jaén sigue siendo prioritaria para el PSOE y para el Gobierno central. De hecho, muchos de los mensajes lanzados durante la campaña han girado alrededor de inversiones ferroviarias, infraestructuras hidráulicas o proyectos estratégicos precisamente porque los socialistas intentan reconstruir credibilidad territorial en una provincia especialmente sensible al discurso del agravio comparativo.
Ese factor territorial es, seguramente, una de las claves más importantes de la campaña jiennense.
Porque Jaén concentra buena parte de los grandes problemas estructurales de Andalucía: pérdida de población, envejecimiento, infraestructuras pendientes, debilidad industrial, dependencia agrícola y deterioro de servicios públicos. Y eso está provocando una fragmentación política mucho más compleja de lo que aparenta el tradicional bipartidismo.
Ahí aparece el crecimiento del espacio provincialista de Jaén Merece Más, que intenta convertir en representación parlamentaria el malestar acumulado durante años alrededor de la sensación de abandono institucional. Y también el intento de Vox de consolidar voto de protesta en zonas rurales y agrícolas donde el malestar económico resulta especialmente intenso.
Mientras tanto, a la izquierda del PSOE, Por Andalucía y Adelante Andalucía han intentado conectar la campaña con conflictos sociales concretos. La presencia de Irene Montero o Ione Belarra en la provincia ha coincidido además con movilizaciones vinculadas a la educación especial, la sanidad pública o los servicios sociales.
En realidad, casi todos los debates políticos andaluces terminan apareciendo amplificados en Jaén. Y seguramente por eso ningún partido quiere cometer el error de considerar la provincia como un territorio secundario.
Porque en estas elecciones Jaén no solo reparte escaños. También puede acabar marcando buena parte del relato político de lo que ocurra en Andalucía después del 17M.
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