Selectividad y la primera gran decisión (que no es irreversible)

Estudiantes afrontan la primera jornada de exámenes de la PAU en tres grandes familias: quienes buscan la máxima nota, los más tranquilos y quienes la cursan aun cuando harán ciclos
Diez de la mañana en el IES Alfonso XI de Alcalá la Real, una de las ocho sedes para la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). El ruido en los pasillos y en el patio parece el de cualquier recreo; pero en realidad ni siquiera es un recreo. Llueven los apuntes en el primer descanso tras el examen de Lengua y Literatura. Quedan dos más hoy y otras dos jornadas de evaluaciones.
—Lengua me ha salido genial. Yo creo que para un 9 —dice Jesús Frías, sentado en una de las escaleras que dan al patio. No le teme al siguiente, que será Filosofía. Ha bordado el comentario de texto, escrito por el autor y periodista Manuel Vicent.
—¡No falla! ¡Siempre sale Manuel Vicent! —dice Roberto Pérez, que ha cumplido con la sintaxis y que cree que tendrá una buena calificación. Quiere hacer Ingeniería Eléctrica en la Universidad de Jaén y le basta con un 5. En teoría, lo tiene. Y su lenguaje corporal revela distensión.
Juan Manuel Aguilera, director del centro desde hace nueve años, explica a este periódico las tres grandes 'familias' de estudiantes en la PAU:
—Están quienes van a por la nota más alta, como pasa con Medicina, por ejemplo. Luego hay estudiantes que no necesitan una calificación tan exigente y están más relajados. Y, por último, hay quienes van a hacer ciclos de FP y, aun así, los hemos motivado para que hagan la PAU. Así dejan esa puerta abierta —razona.
David Cano y Alejandro Rodríguez están listos para el segundo examen. El primero quiere ser bombero y ha tenido dudas sobre la conveniencia de presentarse a la convocatoria.
—La vida da muchas vueltas —dice.
Juanma Aguilera irá a por Telecomunicaciones y, si puede, será en Granada. Necesita un 9,5.
—Creo que lo he bordado —apunta sobre el examen de Lengua.

EL APOYO DE DOCENTES Y FAMILIAS
Los profesores cuidan a los alumnos más que nunca. En el Alfonso XI hay tres salas listas para las evaluaciones. Una de ellas fue la otrora conocida como 'Las Mazmorras'. Nada que ver con la actualidad: ha cambiado, está nueva y regada por la luz.
El director y el equipo están pendientes de que nadie se duerma y de que cada cual entre en el aula correcta. Son algo más de 170 alumnos en esta sede.
Se acaba el descanso. Llega la segunda prueba.
—Como salga Platón... —se oye, a modo de lamento, en el patio.
Las familias observan a sus hijos desde la verja. La mitad ya tiene la mayoría de edad. Ya no son sus niños. En septiembre se irán de casa. Y están jugándosela. Es la primera gran decisión de sus vidas.
Un mensaje desde el futuro para padres e hijos: resten carga dramática al momento. Lo que decidan a partir de ahora no es irreversible. Ya lo 'dice' una leyenda en las escaleras del centro: "Equivocarse es vivir".
Fotos: Fran Cano.
Únete a nuestro boletín

