"La poesía me ha dado mucha libertad y mucha vida"

Tras la publicación, en 2023, de su libro autobiográfico Lo que la sonrisa esconde, a Teresa Parra (Fuensanta, 1957) parece habérsele quedado pequeña la prosa.
Activamente comprometida con la causa de los afectados por la ELA y empeñada en dar visibilidad a las féminas de su pueblo a través del proyecto 'Mujer dejando huella', esta enamorada de la palabra no solo escribe versos, sino que es reclamada para leer los propios y los ajenos más allá de las fronteras locales, provinciales y hasta nacionales. Toda una rapsoda con acento jiennense.
—Escritora autobiográfica pero también rapsoda, y poeta...
—Bueno, lo intento: aprendiz de poeta, digo yo.
—¿Qué fue primero en su vida, la narrativa o el verso?
—Antes de publicar el libro ya escribía poesía, tenía pensado sacar un poemario pero un día, leyendo un libro, una autobiografía, me dije: "¡Anda que si yo me pusiera a escribir la historia de mi niñez!". Me animaron unos amigos y así salió el ibro, pero la poesía ya llevaba tiempo conmigo: lo que más me gustaba era recitar.
—¿Tiene alguna referencia en eso del recitado, de la declamación? ¿Escuchó hacerlo a alguien y le despertó el interés?
—Por medio de las redes conocí a Juan Real, presidente de la ARE, la Asociación de Rapsodas Españoles, en Málaga. Él ponía vídeos y me gustaba, así que fui a conocer a ese grupo, al Liceo de Málaga. Conoci a muchísimas amigas allí, todas poetas y rapsodas.
—Y aquel encuentro fue crucial para usted...
—Juan Real había sido premio nacional de rapsodas, y aquel día me quedé maravillada. La interpretación me ha gustado de siempre, muchísimo, incluso he hecho mis pinitos en teatro con gente joven del pueblo. No es lo mismo leer que recitar un poema de memoria, y si lo interpretas queda más bonito. Ese día lo recordaré siempre, me dio un poema de Benítez Carrasco, la Soleá del amor desprendío, para que la leyera. Y la leí. Para la próxima vez que fui a Málaga me la aprendí, y a partir de ahí bastantes poemas de Benítez Carrasco. La siguiente vez fui a Nerja, y allí recité. Así empecé.
—¿Cuánto tiempo hace que dedica parte de su tiempo, gran parte, a este arte?
—Por lo menos diez años; antes ya había dado un taller de escritura terapéutica en Jaén, me animó la monitora a escribir y empecé a escribir mis cosillas.
—¿Qué tiene que tener una persona para ser rapsoda?
—Lo principal es la memoria, y el saber interpretar. Tienes que sentir el poema, vivirlo, interpretarlo para que llegue.
—¿Poemas ajenos o propios?
—La mayoría, de otros autores: Federico García Lorca, Manuel Benítez Carrasco, Antonio Machado, mías un par de ellas o tres...
—¿Dónde suele actuar, Teresa, en qué lugares reclaman sus recitados?
—Este fin de semana estoy en Priego de Córdoba, tenemos un grupo de poetas en red y hacemos actuaciones presenciales; hemos estado en Granada, Málaga, Andújar, en Madrid, Jaén, Puerto Lumbreras, en Tetuán (en el primer encuentro Mare Nostrum),y con países latinoamericanos (como Argentina) con los que conecto. ¡Donde me avisan!
—¿Qué lee aporta la poesía?
—Mucha vida me ha dado; después de mucho trabajo, de no poder dedicarme a mí, me ha dado mucha libertad y vida.

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