"Para crear doy rienda suelta a mi cabeza y vida a mis recuerdos"

Javier Messía Alarcón (Jaén, 1964) debuta en el universo literario con un cuento: Erik, el bebé erizo de mar, su primer libro édito, pero seguramente no el último, si se tiene en cuenta que guarda en los cajones de su mesa de trabajo un montón de manuscritos. Reconocido pintor, con la misma sensibilidad que vuelca toda su sensibilidad sobre el lienzo para llegar a las honduras del público conquista ahora a los lectores de un género propio de grandes narradores.
—Hasta ahora su nombre era conocido como pintor, pero acaba de publicar su primer cuento infantil. ¿Una vocación tardía, esta de narrador?
—No, no lo es. De hecho, escribo desde hace muchísimo tiempo. Tengo varios libros sin publicar, pendientes de revisar y de encontrar el momento para sacarlos a la luz. Uno de ellos es sobre la historia de mi familia. Además de la pintura, otra de mis pasiones es la historia y, dentro de ella, la genealogía. Soy hombre de pasado más que de futuro.
—Un hombre de pasado más que de futuro...
—En relación con esto último, presenté, prologué y colaboré en la publicación de varios estudios, como el libro Linajes nobles de Antequera, ciudad del antiguo Reino de Sevilla, de mi amigo Andrés Mantilla de los Ríos Vergara, y en el libro Familias históricas de la Campiña Sur de Córdoba, de mi colega Juan Enrique Aguilar Ariza. Recientemente he colaborado en el último libro de Alfonso Rodríguez Márquez, Apuntes de la Semana Santa de Sevilla, y también he publicado varios artículos en revistas y publicaciones, entre ellas la revista Jesús Nazareno, en la que, en su edición de 2024 redacté una semblanza sobre mi tía Teresa Messía.
—¿Por qué precisamente el cuento infantil y no otro género literario?
—Tengo una gran familia. Somos siete hermanos y soy tío de trece sobrinos y tío abuelo de trece sobrinos nietos. Cada verano pasamos juntos unos días, la mayoría de la familia, en el Puerto de la Duquesa, en Manilva, Málaga. Después me voy a descansar de tanto barullo, yo solo, unos días a Canarias u otro sitio. El verano pasado, entre baño y paseo por las islas, no recuerdo cómo, empecé a acordarme y revivir algunos momentos y vivencias con mis sobrinos y a escribirlos. Entre tales recuerdos, un episodio de dos de ellas, Blanca y Elena, que son gemelas y las protagonistas del cuento, al encontrarse un pequeño erizo. Erik, el bebé erizo de mar cuenta un hecho real. Para crear algo, ya sea para pintar o para escribir, en este caso, necesito estar solo y dar rienda suelta a mi cabeza y vida a mis recuerdos. A veces surge. Otras no.
—¿Cómo, dónde, cuándo nace Erik, el bebé erizo de mar?
—Como he mencionado antes, Erik surge de mis vivencias con mis sobrinos. Blanca y Elena tenían entonces nueve años. Cada día, en la playa del Puerto de la Duquesa, se iban a las rocas a buscar conchas y uno de esos días encontraron un erizo, lo metieron en un cubito con agua y lo llevaron a su casa. Allí lo tuvieron hasta que se dieron cuenta de que el pobre se iba a morir y, con un poco de insistencia por parte de los mayores, decidieron soltarlo otra vez en el mar para que hiciera su vida.
—Es exclusivamente un cuento para niños, o como en los grandes de este género late también una literatura sin límite de edad?
—La pregunta condiciona mi respuesta y prefiero ser parte de los grandes del género. Erik es un relato infantil, por supuesto, pero también es un cuento con un mensaje de amor y de respeto por los animales y por la naturaleza. Es apto para cualquier persona que tenga sensibilidad.
—¿Volverá a la pintura, si es que la ha dejado o se ha centrado más en la escritura, o ya tiene en mente nuevo libro?
—Yo nací pintor. Mis recuerdos más lejanos me llevan a verme rodeado de lápices de colores, hojas de papel, sacapuntas y gomas de borrar. Siempre he pintado. Otra cosa es que lleve un tiempo sin hacer exposiciones. No sé si esa etapa volverá o no. No me preocupa. Tengo un recuerdo precioso de todo lo vivido en ese sentido. En el tema de mi pintura abstracta, ahora pinto más para mí. Pinto a mi ritmo y sin una finalidad concreta. Estoy haciendo pequeños cuadros, que me mantienen al día y que resuelven mi inquietud. Por otra parte...
—Diga, Javier.
—Tengo que resaltar que mi cuento no es solo literatura, sino que una parte esencial del mismo son las ilustraciones que, por supuesto, son de mi mano. Erik contiene más de veinte ilustraciones que no solo acompañan las palabras y el texto del cuento, sino que forman, dan vida y son parte de este. El cuento no se explica sin los dibujos.
—La pintura es la escritura de la voz, parafraseando a Voltaire...
—Cada una de estas ilustraciones es un pequeño mundo, un reto. Condensar las palabras en una pintura, crear los personajes partiendo de la nada, darles vida y color es un proceso maravilloso siempre pero también muchas veces complicado.
—¿Habrá nuevos cuentos, nuevos libros de Javier Messía?
—Además de Erik, tengo ya otros dos cuentos que escribí el verano pasado también, en el mismo contexto y circunstancias Uno de ellos tiene ya nombre y en este momento estoy dándole vida con los dibujos. Tiene lugar y se desarrolla en Jabalcuz, un sitio especialmente importante para mí. El otro está solamente redactado.
—¿Por qué recomendaría la lectura de su ópera prima?
—Porque es un cuento precioso.

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