"La lucha antiterrorista está muy presente en mi escritura"

La aventura vital de Juanma Castro (Jaén, 1968) podría ser el tema principal de una novela, y de hecho él mismo se ha dedicado a hacer de sus experiencias material narrativo. Guardia civil retirado, su memoria compila impactantes vivencias de su etapa como miembro de unidades antiterroristas que, junto al resto de su amplio repertorio temático, conforman el mundo creativo de este escritor vocacional, siempre a las órdenes de la literatura.
—Le propongo un ejercicio de arqueología humana, señor Castro, adéntrese en su pasado, busque y cuéntele a los lectores de Lacontradejaén (que pueden ser los suyos también, si esta entrevista los engancha): ¿cuándo, cómo empezó usted a asumir su querencia literaria?
—Siempre escribí, he sido un escritor negro, he escrito para otros autores. Empecé a escribir con diecisiete o dieciocho años y, luego, tuve la oportunidad de hacer trabajos para otras personas.
—¿Negro de escritor? ¿En Jaén?
—No, no, he estado casi veinticinco años fuera de Jaén, me marché jovencito, con diecisiete años, y volví ya con cuarenta y cuatro. En un momento dado alguien me comentó que un escritor necesitaba que le echaran una mano, me pidió treinta páginas y yo le hice trescientas.
—Kafka recomendaba al escritor seguir sin piedad sus obsesiones más intensas. En sus primeros pasos narrativos, ¿qué temáticas empezaban a imponerse en su literatura? ¿Hizo usted caso al autor de La Metamorfosis?
—El tema del terrorismo siempre me ha interesado, además es a lo que me he dedicado.
—Una vida intensa la suya. Cuando dice que se ha dedicado al "tema del terrorismo" quiere decir que se ha dedicado a la lucha contra el terrorismo, claro... ¡Alivie al lector, que lo tiene en ascuas!
—Sí, sí, me fui voluntario a Infantería de Marina cuando terminé el Bachillerato, y de ahí aprobé las oposiciones para la Guardia Civil. Estando allí he estado siempre dedicado a la lucha antiterrorista, sí.
—Lo suyo por la escritura está claro que es vocacional. ¿La vida militar también?
—De toda la vida; mi libro El séptimo hombre trata de esas vivencias, las mías y las de otros. Siempre me he dedicado a la lucha antiterrorista, por vocación. Ser guardia civil lo puedes hacer como cualquier otra salida laboral, pero cuando te metes en una unidad antiterrorista, con todo lo que eso supone, tienes que tener vocación, o no puedes hacerlo.
—¡Soldado y escritor, como Jorge Manrique...!
—De hecho, en mis redes pongo algo así como el guerrero poeta, es como me gusta definirme.
—¿De qué forma se hace presente en su literatura esa experiencia tan impactante?
—Yo creo que el escritor escribe sobre sus vivencias, sobre lo que ha podido mamar de joven o de adulto, incluso de lo que puede ser su vida en un futuro. Mi literatura trata de mis vivencias personales, siempre enfocadas hacia la milicia y la lucha antiterrorista, pero no en el concepto agresivo (aquello que podemos llamar la brutalidad).
—¿Entonces?
—Yo hablo a veces de brutalidad, pero doy corazón, sentimiento y personalidad propia a los personajes. Creo que esa es una faceta mía que llega a la gente, eso me dicen.
—Hace cinco años empezó a contemplar la escritura como un camino pleno de posibilidades. Debutó con El séptimo hombre. ¿Qué encuentra el lector en ese libro?
—Sí, lo escribí hace cinco años pero lo publiqué hace dos años y medio o tres. Trata realmente de una amistad. Yo me crío en el barrio de Santa Isabel, y con siete u ocho años tengo un amigo del alma, con ciertas circunstancias pesonales muy desfavorables; nosotros venimos todos de clase media baja, pero él de una más baja aun. Ese amigo, con catorce años, se va con su familia a Francia, desaparece de mi vida sin decirme nada y años después contacta conmigo y me cuenta cosas muy fuertes, como que ha sido miembro de la Legión Extranjera francesa. Se convirtió prácticamente en un mercenario, y todo lo que yo aprendo y veo con él lo desarrollo en ese libro. Es una autobiografía, en parte.
—¿Y El montañez?
—Lo publiqué el año pasado, pero me gusta ser sincero y creo que ese libro lo desaproveché.
—¿Qué quiere decir, exactamente?
—Creo que podría haber sacado un libro más amplio, no por grande, sino porque una vez que lo terminé vi que se me habían quedado cosas. Este libro no es una vivencia mía propia, pero sí es verdad que en esa etapa de mi vida en la milicia, una persona mayor me cuenta una historia que me impacta en su momento, mucho. Lo dejé pasar y un día decidí escribir sobre ello.
—Ese "ello"...
—Una historia muy bonita, trata de unos chavales jóvenes que existieron realmente, con unas vivencias en los Pirineos españoles y franceses, cosas muy fuertes donde está la superviviencia de por medio con una mafia local, podríamos decir: una mafia con niños y niñas, y ellos tuvieron una experiencia muy negativa.
—Y este próximo lunes, en Martos, presentará Trozos de un alma rota, un libro coral, un mosaico literario al que aporta sus propias teselas.
—Correcto, aporto una novela de ciento sesenta páginas, sobre una niña saharaui con las piernas cortadas. Vive en un campamento en el Sáhara (existió de verdad, yo la conocí), y salva a tres mercenarios reales.
—¿De qué los salva?
—Este libro sale con la idea de hablar sobre el suicidio, una temática siempre presente en la sociedad, como una sombra. Muchísimas personas tienen problemas psicologicos en sus vidas, pero parece que nadie quiere hablar de eso, del suicidio, o se hace de puntillas.
—Un tema duro.
—Sí, pero yo lo trato con esperanza en la novela.
—La esperanza tiene que ver mucho con el horizonte, con lo venidero. ¿Qué espera usted de la literatura? ¿Quiere hacer de ella su forma de vida? Ya sabe lo que escribió James, que todos los futuros son crueles.
—Sé que esto suena a tópico, pero a quienes nos gusta escribir lo hacemos con ilusión, con pasión, con dedicación, da igual que lleguemos a veinte o a veinte mil personas; es como soltar lastre, cosas que tienes dentro. A mí me encantaría dedicarme a esto, vivir de esto, no tener que dedicarle tiempo a otras cosas para poder vivir. Pero si no fuera así, queda la ilusión de crear personajes, de hacer feliz a la gente que me lea. Esa es mi ilusión.
—Los premios literarios: ¿acaricia la posibilidad de dar un campanazo?
—Voy a seguir siendo muy sincero: soy muy torpe para esas cosas. Me dedico a escribir, a crear personajes, relatos..., pero soy un desastre para los premios. Tendré que aprender. Si alguien me puede ayudar...
—¡Vamos, que está pidiendo a gritos un agente literario.! Aviso para navegantes.
—Sí, sí, y no es broma. Me encantaría presentarme a un premio, pero soy muy torpe.

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