
"La hostelería de Jaén aporta ideas y aprende cuando está unida"
Francisco Navarro Lirio (Jaén, 1970) se crió en el bar de su padre y desde entonces su relación con los bares y los restaurantes ha crecido hasta convertirse, hace dos años, en el presidente de la patronal Hosturjaén. "A veces hay que ayudar a los demás", justifica acerca de por qué relevó a su colega Antonio Lechuga.
Navarro atiende a este diario en las instalaciones de 7TV. Gerente de Támesis desde hace casi cuarenta años, el hostelero mezcla en su discurso la preocupación por medidas que pueden ahogar al sector —como la ordenanza de los veladores o la posible prohibición de fumar en las terrazas— con la energía de quien quiere tirar para adelante sea cual sea el contexto.
—¿Cómo ha ido el verano para la hostelería de Jaén?
—Es un verano peculiar el de Jaén. La capital, en concreto, no es una zona muy turística y la gente suele irse a las playas, a los campos y a las piscinas, de manera que la ciudad se queda un poco vacía. ¿Qué ocurre? Que muchos establecimientos cierran. Quienes nos quedamos abiertos funcionamos bien, porque cubrimos a la gente que se marcha.
También hay que tener en cuenta que no todo el mundo se puede permitir ir de vacaciones, por el precio de los hoteles y demás. Hay quien lo disfruta en nuestras terrazas. Aunque las temperaturas son muy altas, la gente sale por las noches.
—¿Se puede decir que ya están en cifras de facturación de antes de la pandemia o mejores?
—Sí, la facturación puede ser incluso un poco más alta, pero el beneficio ha bajado muchísimo. No tiene nada que ver con entonces. Comparas los números y sí son superiores, pero los márgenes han caído: no hemos podido repercutir esos nuevos costes en los precios que les damos a los clientes. Todos sabemos cómo están los precios de la comida, la energía o el gasoil. Somos conscientes de que hay gente que no llega a final de mes, y salir a cenar es un esfuerzo para muchas familias.
—Quizá un lujo, ya.
—Sí, un lujo. Hemos subido precios, pero muy poco, y el beneficio se ha recortado mucho respecto a la época de la pandemia.

—¿Y el tema de los trabajadores? Por la hostelería rotan muchos empleados. Es un caballo de batalla para el sector. ¿Hay más estabilidad?
—Sigue siendo un tema muy complicado. La hostelería no es un trabajo que guste tradicionalmente. A día de hoy se cumplen mejor los horarios, pero quizá otros empresarios lo hicieron de otra manera. Ocurre también en otros sectores: no abundan los perfiles cualificados de carpinteros, fontaneros o albañiles. Es muy difícil encontrar profesionales, y acabamos tirando de jóvenes, como los estudiantes, que se sacan un dinerito. También hay que jugar con jornadas de trabajo más cortas, pero sí: sigue siendo un problema encontrar empleados.
—Hace unos años, cuando entrevisté a Ramón Calatayud, asesor de Hosturjaén, me dijo que funcionaban mejor los bares y restaurantes gestionados por personas más mayores que los gestionados por jóvenes. ¿Sigue siendo así?
—Quien ya es un profesional de la hostelería está concienciado y sabe que está en su mundo. ¿Los jóvenes? Pues prueban, se equivocan y descubren que no es tan bonito tener un negocio como parece. Entra mucho dinero, pero, como le decía antes, los beneficios han bajado. Hay algún joven que se harta, y la gente de mediana edad sí que quizá dura más en los negocios, por la trayectoria que ya tiene.
"SI SE PROHÍBE FUMAR EN LAS TERRAZAS, SALDREMOS PERJUDICADOS"
—¿Le preocupa que se prohíba fumar en las terrazas? Aún no se ha aprobado.
—Sí, porque al final nos aprietan un poco por aquí, otro poco por allí, y cada vez resulta más complicado tener clientes. El fumador que no pueda hacerlo en una terraza es probable que opte por quedarse en su casa. Podemos perder clientes. Por otro lado, está el turista. Nuestra gallina de los huevos de oro en España es el turismo. Venir aquí significa beber cerveza y fumar en una terraza hasta la una de la madrugada. Si empezamos a cortar, nos lo cargamos. España no tiene nada que ver con la cultura de los países nórdicos. La prohibición, si se consuma, nos afectará.
—¿Y qué medidas necesita la hostelería jiennense que aún no tenga?
—Ahora estamos con la guerra de la recién aprobada ordenanza de veladores. Tenemos un problema importante. La interpretación de la ordenanza se está haciendo de una forma muy estricta y, en cambio, su redacción es ambigua. Llegamos al Ayuntamiento y nos dimos cuenta de que todas las terrazas deben adaptarse, incluso las que tenían licencia. Tenemos que sentarnos, definir las cosas entre todos como debe ser. De lo contrario, nadie va a cumplir.
Es el principal caballo de batalla que tenemos los hosteleros. Y estamos en ello, hablando con el Ayuntamiento despacio y con buena letra. De momento, no nos vamos a echar a la calle. Queremos seguir dialogando.
—La asociación hostelera del Gran Eje está funcionando muy bien a base de propuestas en momentos determinados del año. ¿Cree que ese es el camino para que el sector funcione en todos los barrios de la ciudad?
—Sin ninguna duda. Partimos del hecho de que la existencia de la asociación es fundamental para el pequeño comercio y para el hostelero. Solos no somos nadie, y cuando nos unimos en el sector aportamos ideas y aprendemos los unos de los otros.
La asociación del Gran Eje está funcionando estupendamente. Tengo muy buena relación con ellos, y todas las actividades que están haciendo funcionan: fomentan el barrio y le dan vida al Gran Eje. Si no nos movemos, el comercio de Jaén desaparece, ahogado por las grandes superficies y las plataformas de venta por internet.

"LA PANDEMIA FUE UN PUNTO DE INFLEXIÓN PARA EL SECTOR"
—Usted lleva toda la vida en un ámbito complejo. ¿Qué es lo que más ha cambiado si lo compara con sus primeros años?
—La hostelería ha cambiado muchísimo. Tengo 56 años. Yo empecé con 12 o 13 años ayudando a mi padre en el bar que tenía. Hubo un punto de inflexión con la pandemia del coronavirus. En las barras, antes de la Covid-19, era normal ver acumulación de clientes, en segunda fila incluso, consumiendo cerveza y tapas. Entonces se instalaron las mesas, porque no se podía consumir de pie, y ahí llegó el cambio que le digo. Ahora es difícil encontrar tabernas que apliquen esa fórmula de pie, casi todas tienen mesas. Es cierto que también hay un factor de rentabilidad: salvo establecimientos señeros con clientela consolidada, es difícil costearse solo con cervezas y tapas.
—¿Veremos bares y restaurantes con menos personal y con horarios más concentrados? ¿Se acabó el 24/7?
—De hecho, ya está ocurriendo en muchos establecimientos. Hay que ser sensatos e inteligentes, y pensar cuándo el negocio es rentable. Antiguamente, se abría desde por la mañana hasta por la noche y alguno descansaba un día. Nos hemos dado cuenta de que no es viable con los costes actuales. Antes no había tantos impuestos. Ahora hay que hacer números. Si tú compruebas que entre semana por la noche no tienes clientela o tienes muy poca, comprueba cuánto te cuestan la luz y el personal contratado. Hay que determinar cuándo tiene que estar toda la plantilla para dar un buen servicio. Y habrá más cambios, seguro.
—¿Qué le animó a ser presidente de Hosturjaén?
—Llevo muchísimos años en la asociación, fui vicepresidente y conozco muy bien la hostelería de Jaén. Llevo el sector en la sangre. Aquí estamos para ganar dinero, pero también me mueve la satisfacción personal de que la gente hable bien de la ciudad y de la provincia. Eso me tira mucho. Si le soy honesto, yo no quería ser presidente, porque mi negocio ya me ocupa mucho tiempo, pero la junta me pidió que diera un paso adelante. Al final, lo hablé con mi mujer. En la vida hay que tener tiempo para la familia, para los amigos y también para ayudar a los demás. En este caso, yo lo hago con mi sector, aportando lo que puedo. Si puedo ayudar a un colega, es una satisfacción.
—Y la última, ¿tiene buenas sensaciones con respecto al puente del Pilar y la Navidad?
—Yo creo que sí. El final de año es una fecha muy señalada, y es verdad que la gente sale en días muy concretos, en festividades típicas. La Navidad funcionará en la línea de años anteriores.

Fotos y vídeo: Fran Cano.
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