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"Las mujeres de la familia de Cervantes eran cultas, fuertes e independientes"

Por Javier Cano -
Compartir en X @JavierC91311858
 "Las mujeres de la familia de Cervantes eran cultas, fuertes e independientes"
La autora, con su nuevo libro. Foto cedida por Isabel Castro Latorre.

Antropóloga e investigadora, la arjonera Isabel Castro Latorre presentará el próximo 8 de octubre, en Alcalá de Henares, Las Cervantas (leyenda negra y verdad de las mujeres de la familia Cervantes). Publicado por Editorial Crítica y con prólogo de Juan Eslava Galán, el libro desmonta eternos estereotipos y reconstruye, con rigor histórico, los perfiles de la parentela femenina del autor del Quijote en una obra que promete hacer mucho ruido, pero del bueno.

—Tanto tiempo dando por sentado que el entorno femenino de Cervantes no tendría redención histórica posible y, ahora, una mujer, una jiennense de Arjona, da al traste con tantísimo prejuicio aceptado. ¿No teme usted que le pongan mitra y coroza, señora Castro?

—No creo. En los últimos veinticinco años las nuevas aportaciones de excelentes investigadores están ayudado a reescribir la biografía de Cervantes con nuevas miradas, alejadas de estereotipos e ideologías. En mi caso, he tratado de bucear en sus casas, en sus gustos y en su vida sentimental y cotidiana.

—¿Qué la llevó a adentrarse en el universo de las mujeres que rodearon a Cervantes al escritor a lo largo de su vida, a su entorno más íntimo? ¿Acaso barruntaba que lo que se decía de ellas no era la verdad, toda la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad?

—Hace doce años mi marido me pidió que le ayudara a documentar una novela que iba a escribir sobre un asesinato cometido en los aledaños de la casa de Miguel de Cervantes, en 1605. Entonces descubrí a una familia interesantísima que no correspondía con la reflejada en las biografías de Cervantes. Considerada por cierta tradición cervantina de familia “buscona y oscura” y a sus hermanas, hija y sobrina, de “prostitutas encubiertas” y una carga para el escritor, con el apelativo despectivo de las Cervantas. Sin embargo, en testamentos, inventarios, dotes y pleitos, emergen unas mujeres cultas, fuertes e independientes, que fueron excluidas de la biografía de Cervantes, porque no encajaban moralmente en el mito nacional del Cervantes pobre y ejemplar.

—Sorprende, Isabel, que nadie antes de usted se haya preocupado de indagar (pero de verdad) en legajos y papeles viejos para alumbrar las figuras de las Cervantas, tan denostadas durante siglos

—La familia de Cervantes resultaba incómoda para los decimonónicos biógrafos del siglo XVIII, poque uno de los primeros documentos donde aparece la familia de Cervantes, es las Aberiguaciones hechas por mandado del Sr. Alcalde Xpual de Villarroel… (hoy en la Real Academia Española), tras el asesinato del hidalgo Ezpeleta en 1605. De las declaraciones de los testigos se entresacan los primeros datos familiares.

—Cuente, cuente...

—Cervantes tiene una hija bastarda y dos hermanas con apellidos distintos, que les hace suponer que son de padres diferentes. Además, una vecina beata y chismosa, Isabel de Ayala, declara que no son mujeres muy ejemplares por “las muchas conversaciones y libertad con las que viven” y que en la casa entran y salen hombres de noche y de día. Hoy sabemos que Cervantes, además de escritor, ejercía de agente de negocios en su casa para incrementar los parcos ingresos de la escritura. Eso, más unos pleitos mal interpretados y descontextualizados, por incumplimiento de promesa matrimonial, es la base de su moral dudosa.

—Cría fama y..., ya se sabe.

—Sin embargo, cuando descubres mujeres tan interesantes, e incluso tan excepcionales como doña Leonor de Cortinas, la madre de Cervantes, intentas averiguar más de ellas. Me sorprende el protagonismo económico y la solvencia que muestran ante jueces y escribanos. Sabían leer y escribir, a diferencia de la madre y hermana de Shakespeare, de las de Lope de Vega y las del maestro López de Hoyos, que no sabían firmar. Las Cervantas merecían el tratamiento de doñas, deferencia social que sorprende a los primeros biógrafos cervantinos. Eran, además, mujeres viajadas y cosmopolitas, consecuencia de la itinerancia de su padre, el cirujano Cervantes, que no acababa de acomodarse en ningún sitio. Esta circunstancia les permitió vivir en sitios importantes: Alcalá de Henares, Córdoba, Sevilla, Madrid y Valladolid, ciudades en las que se relacionaron personas de toda condición y valía social, y tuvieron pretendientes de cierto nivel.

—Por cierto, mujeres de armas tomar, por lo que cuenta usted en su libro…

—Como he afirmado anteriormente, de los documentos emergen unas mujeres cultas, fuertes e independientes, con iniciativa para ganarse el sustento. En los documentos hay referencias directas a sus trabajos, omitidos o apenas tenidos en cuenta por la
misoginia de algunos autores. Las Cervantes auxiliaron a su padre en las curas domiciliarias y dado que padecía una sordera progresiva lo ayudaron a comunicarse con los enfermos. Además, fueron unas emprendedoras que instalaron un taller de labores blancas para una clientela aristocrática, con aprendiza a sueldo, comida y cama, cuando la normativa gremial prohibía a las mujeres ejercer de maestras de taller. Tampoco se le ha dado importancia a la exportación de productos españoles al extranjero que hizo la madre de Cervantes para reunir fondos con los que rescatar a sus hijos cautivos; ni que la hermana monja de nuestro escritor, fuera priora tres veces del convento de las carmelitas descalzas de Alcalá y compartiera vivencias y experiencias con santa Teresa de Jesús.

—¿Quién, de todas ellas, le ha sorprendido más al conocerla desde el rigor histórico que procura una investigación como la suya?

—Andrea, la hermana mayor. La de mayor presencia económica y jurídica en la familia. En 1573 se independiza y pone en la calle de la Reina de Madrid un taller de costura fina, con una aprendiza contratada a sueldo, con comida y cama. Cosía y bordaba para la aristocracia cobrando el doble que las demás. La factura cobrada en 1603 a los marqueses de Villafranca muestra la respetable cifra de 2.558 reales, por diversos trabajos de costura y bordado, el doble de la cantidad que Cervantes percibiría poco después por los derechos de edición del Quijote y siete años más tarde, por las Novelas Ejemplares.

—¿La mejor parada de todas?

—La hermana monja. Luisa de Cervantes fue la mujer más poderosa de la familia. Tres veces alcanzó el cargo de priora del convento de las carmelitas descalzas de la calle Imagen de Alcalá, aunque sus primeros años de religiosa fueron difíciles por los rigores corporales y espirituales a los que fue sometida su comunidad por la peculiar fundadora, la beata e iletrada María Jesús de Yepes. Incluso tuvieron que recurrir en 1567 a la Madre Teresa de Jesús para encauzar las reglas del convento. Además, tanto Teresa de Ahumada como Luisa de Cervantes, procedían de familias parecidas de clase media, ambas sabían leer y escribir y compartieron vivencias y experiencias durante meses. Cervantes admiraba a Santa Teresa de Jesús a la que dedicó un poema.

—¿Y la peor, si es que alguna se lo ganó a pulso?

—Isabel de Saavedra, es un caso extraordinario. Fue la que causó el primer dilema moral a los cervantistas del siglo XVIII, al descubrir que era bastarda, hecho que trataron de suavizar, especulando que fue fruto de una aventura que Cervantes tuvo con una misteriosa dama en Portugal, incluso la convierten en personaje literario en el siglo XIX. Sin embargo, los documentos muestran a una mujer rebelde e inteligente con dos matrimonios y una hija, a la que su padre suministra una buena dote y casa (causa de las
desavenencias con su progenitor) con oratorio particular y reliquias muy solicitadas en Madrid. Vivió como una auténtica burguesa madrileña.

—Y Cervantes, ¿cómo queda en este libro? ¿Gana, como ellas o todo lo contrario?

—En casi todas las biografías de Cervantes hay dos hechos recurrentes: Cervantes fue muy pobre y sufrió a su familia con paciencia. Falso. Ni fue una familia depauperada ni marginal, ni las Cervantas esas seductoras ociosas que retrata la leyenda negra. Apoyaron a sus hombres y mantuvieron a la familia unida. Resulta revelador que Cervantes escribiera y publicara casi toda su obra cuando convivía con las mujeres de su familia, por tanto, no resultarían tan molestas como algunos autores afirman. Creo que el mejor homenaje que se le puede hacer a Cervantes es darles el lugar que merecen las mujeres de su familia, a las que él quería y le estaba agradecido.

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