"Mi obra sirve para decorar un salón y también para ayudar a los demás"

La faceta más solidaria de Antonio Roa vuelve a dar la cara, esta vez en Villacarrillo, donde el artista de La Loma muestra la que supone la 130 exposición individual de su larga trayectoria. Obras de diferentes técnicas y formatos con las que el pintor y escultor pone su arte al servicio de la Orden de las Hermanas de la Cruz, hasta el próximo 14 de junio, en la sala Mingo Priego.
—Una nueva exposición solidaria, señor Roa, en esta ocasión a beneficio de las Hermanitas de la Cruz.
—Esta exposición es mucho más emotiva, tiene su historia.
—Cuente, cuente...
—En casa, desde pequeño, las hermanas de la cruz han sido familia para mí: mi abuelo era militar, y sus dos hermanas (sor María de la Trinidad y la hermana Misericordia) eran hermanitas de la cruz; y los dos tíos de mi abuelo eran capellanes de las hermanitas de la cruz. Para mí no son una hermandad ni una congregación, son mi familia.
—¿Por qué en Villacarrillo, Antonio?
—Esta historia de mi familia se la conté al alcalde de Villacarrillo, Francisco Miralles, muy devoto de las Hermanas de la Cruz; como yo lo sabía, le propuse hacer algo benéfico, exponer obra mía pero con gente afín a las Hermanas vendiendo las obras.
—¿Todo lo que se obtenga de la venta de sus cuadros irá a parar a la orden, nada para usted?
—El 50% de lo que se venda irá a las Hermanas de la Cruz y el otro 50% lo repartiré entre las asociaciones contra el cáncer y de niños discapacitados.
—¿Qué le empuja a hacer de su arte un instrumento caritativo? Porque esto no lo hace por quedar bien...
—En mi casa me han enseñado siempre que hay que ayudar a la gente pero no dándole lo que nos sobre, sino aquello que nos cueste trabajo. Cuando mi madre era pequeña, mis abuelos invitaban a gente a comer en casa, en Torreperogil, y mi madre y mis tíos les servían la mesa.
—Vamos, que lleva usted en la sangre la solidaridad.
—Sí, a veces me dicen: "El Señor te lo agradecerá". Yo no creo casi en nada, esto lo hago también porque, así, me doy cuenta también de que mi obra está viva, de que no sirve solo para decorar un salón, sino también para ayudar a los demás.
—Dormirá usted como un lirón, con la conciencia muy tranquila.
—Cuando yo veo que una obra mía ha servido para ayudar a un niño con cáncer, o para el autismo o el alzhéimer... Lo hago por ese motivo, y además el dinero no es lo que me mueve. Teniendo para vivir, es suficiente.
—Fin de semana de Corpus en Villacarrillo, y de exposición de Roa.
—Esta exposición se hace con una idea muy importante: como este fin de semana se celebra el Corpus en Villacarrillo, ¡qué mejor que ese Día del Señor la gente pueda visitar una exposición benéfica, para ayudar a personas que se están dedicando a los pobres, a los enfermos, incluso a la gente mayor que tienen en su residencia de Villacarrillo!
—¿Qué encuentra quien se decida a visitar la sala Mingo Priego estos días?
—De todo, obras grandes y otras más pequeñas, acuarelas, medallones, escultura en barro cocido, lienzos pequeños o medianos..., prácticamente de todo. Es mi arte desde hace quince o veinte años lo que expongo.
—A precios...
—He bajado los precios muchísimo, son precios simbólicos. He hecho también redondeles de madera con mis meninas, con un solo ojo, que cuestan más de trescientos euros y se pueden comprar por menos de cincuenta; y obras de más de tres mil o cuatro mil euros se van a poder comprar a quinientos o seiscientos euros.
—O sea, que quien compre en su exposición, además de arrimar el hombro a una buena causa, cierra un buen trato.
—Por eso le pido a la gente que participe, lo mismo que yo participo con mi arte y pongo precios simbólicos, ellos se llevan el sentimiento de un artista y, a la vez, dejan algo de dinero para ayudar a las hermanitas de la cruz, que son mujeres que se abandonan ellas mismas por ayudar a los demás.

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