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"Zabaleta está y estará siempre en mi pintura mientras siga pintando"

Por Javier Cano -
Compartir en X @JavierC91311858
"Zabaleta está y estará siempre en mi pintura mientras siga pintando"
El artista, en la exposición. Foto cedida por Ramón Moya.

Si (como dicen que dijo Voltaire) la ilusión es el primero de todos los placeres, el pintor Ramón Moya (Quesada, 1946) está que no cabe en sí de satisfacción desde que su gran deseo de exponer en el Museo Zabaleta se ha hecho realidad. Todo un logro para un artista que, además, puede presumir de haber tratado al legendario creador quesadeño en persona.

—Ilusión cumplida... Eso es mucho mas que un título para una exposición Sr. Moya.

—Pues sí: desde que la directora del museo Rafael Zabaleta-Miguel Hernández me anunció la fecha de octubre para mostrar mis obras en este excepcional museo, tuve que empezar a pensar qué exponer y cuál sería el título de la exposición (me gusta titular cada una de las exposiciones individuales que hago); pensando, pensando hasta días antes de la exposición y se me ocurrió de pronto, repasando el álbum familiar de fotos por casualidad y de pronto apareció mi foto de la escuela de hace 70 años, saltó la chispa y se me iluminó la cara (eso dijo mi mujer, jeje).

—Y...

—Pensé que podía y debía de ser un buen título; hacer una buena exposición en el museo de mi admirado y querido maestro, el cual fue quien dio motivos para ilusionarme toda mi vida. Y es que ya me lo decían mi padre y hermano, cuando cada vez que los acompañaba al campo, bloc, lápiz y goma de borrar y me quedaba pasmado mirando cualquier paisaje, árbol o detalles de la naturaleza que me llamara la atención, y a dibujar. Ya desde esta edad estaba ilusionado con ser pintor (mi padre tenía una pescadería-frutería y mi hermano se dedicaba a la profesión de recovero, yendo por los cortijos a vender, comprar o cambiar).

—¿Tan importante es para usted esta muestra en Quesada?

—Sí, sin duda. Desde que se construyó este museo y a la vista de su enorme potencial y contenido artístico para Quesada, un pueblo de cinco mil habitantes, he sabido que en el espacio expositivo no se podía exponer cualquier pintura de cualquier pintor, donde yo también me incluyo. Durante este tiempo (casi treinta años) y hasta el día de hoy he tratado, por todos los medios a mi alcance, de superarme e incluso innovarme, sin perder mi estilo y preferencia, donde la creatividad ha sido obligada en cualquier tema: paisaje, figura..., donde la luz y el color ha sido y es primordial, añadiendo algunas obras de carácter simbólico (estas últimas obras han sido, como yo suelo decir, más personales e íntimas, siendo escasamente vistas en exposiciones).

—¿Una suerte de testamento artístico, quizá?

—Como escribí hace unos días en mi comentarios en los medios, Facebook e Istagram, es el colofón a mi carrera artística y en mi pueblo, que sin jamás pretender ser como se dice popularmente 'profeta en mi pueblo', he logrado serlo, porque también me he ilusionado pensando en este dicho popular. Por lo tanto es la exposición de mi vida así que quiero expresar mi agradecimiento a las instituciones Ayuntamiento-Cultura, con su alcaldesa Yolanda Marcos Alcalá, y a Rosa Valiente Martos, directora del museo, propiciándome la oportunidad de exponer en el museo Rafael Zabaleta.

—Una exposición que puede ser la penúltima, pero que desde luego no es la primera de su trayectoria.

—Todas las exposiciones individuales que he hecho, la mayoría han sido en las provincias de Jaén, Córdoba y Granada; Alcalá de Henares (Madrid), Manzanares (Ciudad Real) y Ceuta, así como colectivas, donde destacan Milán, Roma, París, México y Vancouver, en Canadá; en pintura y grabado en varios países sudamericanos, Europa y alguno más, hasta en Nepal. El tema de las exposiciones para mí es más anecdótico que otra cosa, no hay espacios de relevancia ni concursos, y las galerías privadas, para mí son inexistentes, por su elevado costo y abusivo porcentaje. 

—¿De qué forma ha influido Zabaleta en su obra y en su propia vida?

—Mi encuentro con Zabaleta fue sin duda más que atrevido, por tratarse de mi corta edad y tener la osadía de enfrentarme sin reparo y sin 'temo'", pero con la inseguridad de si me atendería o no. Mi padre no me hubiese dejado si le llego a consultar, por razón de edad y porque a Zabaleta se le tenía en Quesada por una persona 'rara', poco comunicativa y algo huraña de carácter. No era simpático, pero nada de eso era verdad.

—¿Cómo recuerda aquel encuentro con el genio?

—Le saludé correctamente, con el respeto debido (mi padre me enseñó a tratar con la gente detrás del mostrador); me planté delante de él cortando el paso en su paseo por el jardín del centro del pueblo: —'Buenas tardes don Rafael'. Se quedó sorprendido, me miró y a su vez: —'!Hombre!, ¿qué quieres, quién eres y cómo te llamas?'. —Pues me gusta dibujar y quisiera aprender, ¿usted me puede dar clases y enseñarme?'. Me dijo directamente que no daba clases, pero que le gustaría ver mis dibujos, y me citó a su estudio unos días después. A partir de ahí, intermitentemente, le llevaba mis dibujos y él me daba las instrucciones necesarias para cómo hacer las distintas fases del mismo, y así hasta su fallecimiento en junio de 1960.

—¡Menuda experiencia, Ramón!

—Solo fueron algo más de dos años, auque algunas veces se pasaban tres o cuatro meses, por viajar a Barcelona, Madrid o París.
Fue dibujo nada más, no llegué a pintar, pero el recuerdo de cómo me trató en su estudio (dejándome verlo pintar en ocasiones) fue algo difícil de olvidar y siempre he tratado de recordarlo y recordar sus consejos y palabras de ánimo. Su pintura ha sido y sigue siendo para mí un referente en cuanto a color y composición se refiere; a veces me fijaba en su paleta y cómo mezclaba los colores justos y precisos para conseguir el tono acorde con el tema elegido, pero no lo recuerdo, aunque sí me aconsejó que cuando pintara utilizara los colores justos para conseguir las mezclas. Así lo hago desde que empecé a pintar, y no tengo complejos ni miedo a plasmar con los colores directamente al lienzo, bien con los pinceles o con el tubo dosificador que las pinturas ya incluyen para pintar directamente, sin utilizar el pincel. Rafael Zabaleta está y estará siempre en mi pintura mientras siga pintando.

—Después de esta "ilusión cumplida", señor Moya, vendran otras, ¿no? ¿O hasta aquí?

—Esta Ilusión cumplida no es el final de mi ilusión; seguiré así mientras siga pintando. Aún quedan proyectos indefinidos, sí, pero que espero también, con trabajo, esfuerzo y creatividad, sean igual de emocionantes, para que mi ilusión siga viva.

 Varias de las obras expuestas en el Museo Zabaleta. Foto cedida por Ramón Moya.
Varias de las obras expuestas en el Museo Zabaleta. Foto cedida por Ramón Moya.

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