Cerrar Buscador
"Hay muchas víctimas por dignificar que merecen que se cuenten sus historias"

"Hay muchas víctimas por dignificar que merecen que se cuenten sus historias"

Por Fran Cano -
Compartir en X @FranCharro

Salvador Corrales González (Calpe, Alicante, 1986) fundó la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de la Sierra Sur en el año 2021 con el objetivo de abordar los hechos relacionados con la Guerra y la Transición "sin ánimo de reabrir heridas" y con vocación académica. De hecho, recientemente, catedráticos abordaron la etapa previa a la democracia en un congreso organizado también en Priego de Córdoba.

Docente en el IES Antonio de Mendoza de Alcalá la Real, Corrales disfruta con los alumnos y dice que hay motivos para creer en un futuro brillante, siempre y cuando el mal uso de las redes y las tecnologías de la información no merme el espíritu crítico. De carácter gregario, el jiennense también toma parte en la esfera política con la fuerza local Alcalá Suma. Atiende a Lacontradejaén en un descanso entre clases, en la terraza de La Tahona.

—Celebraron un ciclo de conferencias junto con Priego de Córdoba. ¿Qué tal fue la experiencia?

—Se dio bien. Es la segunda vez que lo hacemos junto a la Asociación Niceto Alcalá-Zamora de Priego de Córdoba, que se constituyó el año pasado. Entonces lo hicimos sobre la Guerra Civil en Andalucía, para comparar cómo se desarrolló el conflicto entre unas provincias y otras. Este año hemos apostado por el cincuenta aniversario del inicio de la Transición. Hicimos dos días en Alcalá la Real en abril y, a la semana siguiente, en Priego.

Aquí estuvieron personalidades del mundo académico y universitario como Antonio Herrera, Claudio Hernández Burgos, Mónica Fernández o Rafael Quirosa. Allí fueron Julián Chaves y Leandro Álvarez Rey, entre otros. La idea era tocar diferentes temáticas sobre la Transición. Por ejemplo, cómo fue el comportamiento del clero, qué influencias jugaron los movimientos sociales en el cambio o el papel de la mujer.

—El enfoque que eligieron en el congreso fue una mirada crítica a la Transición. ¿Cree que está idealizada?

—Hay distintas versiones. La oficial está más enfocada en defender que hubo personajes como el Rey emérito o Adolfo Suárez que fueron claves en el proceso de apertura. Tenían un vínculo con el propio dictador. Está claro que su compromiso por abrir un período de libertades está ahí. Ahora, ¿fue la única clave? ¿Se hizo más desde abajo? ¿De qué forma contribuyó el contexto socioeconómico? Y también es interesante medir la influencia de la movilización del movimiento obrero en Cataluña, País Vasco o Madrid. Entonces, se dio protagonismo a otros sectores muy importantes en la Transición. Nuestra asociación pretende poner el foco en sectores olvidados.

¿Idealizada? Hay una discusión sobre si se hizo lo mejor posible dentro de lo que era el momento o quedaron flecos. Por ejemplo, si debió darse una ruptura más contundente con el régimen respecto a las Fuerzas Armadas o la justicia franquista. Hay quien defiende que fue más bien una transacción y que no estuvo exenta de violencia: hubo asesinatos de ETA y también por parte de cuerpos parapoliciales, grupos de ultraderecha y Grapo. Está documentado que no fue tan pacífico ni fácil.

—Le pregunto lo de la idealización porque, cuando hay un clima de tensión política, como en la actualidad, se apela a la Transición como un momento de altura de miras, de grandes políticos en España. ¿Eso se cuestionó en el congreso o están de acuerdo?

—En el congreso, la lectura principal fue que, efectivamente, hubo personas del régimen que fueron aperturistas, pero que en ningún caso puede minusvalorarse la movilización social. Fue una de las claves que repitieron los catedráticos invitados. Mi opinión, aunque no viví esa época, es que hubo un clima de ilusión a nivel local por dejar atrás un período de ausencia de libertades. Es cierto que quizá ese clima no se respira ahora en el Congreso, con un lenguaje denigrante hacia el adversario. Es preocupante. Dicho esto, yo tampoco veo la Transición como algo idílico. Sí hubo políticos de alto nivel que supieron ceder para aprobar la Constitución.

—¿Cómo nació la asociación y quiénes fueron los fundadores?

—El origen fue en el año 2021, motivado por la ausencia de investigaciones a nivel local y comarcal sobre el período de la memoria histórica, que suele abarcar República, Guerra Civil y Dictadura. Investigaciones personales, por motivos de estudios superiores, me llevaron a información que nunca me habían contado. Decidí que había que divulgarlo de alguna manera. Creé una página de Facebook, que ahora tiene más de mil seguidores. Entonces, en el año 2021, junto con otros historiadores, Joaquín y Julián, que siguen siendo socios sin estar en la junta directiva, tiramos hacia adelante. Sigo al frente con resiliencia. Fuimos los tres los protagonistas de la primera ejecutiva que lanzó el proyecto de la asociación, que ahora engloba a la Sierra Sur.

Nuestro primer acto fue precisamente sobre la Transición junto con el escritor Luis Miguel Sánchez Tostado. Así llegamos a la veintena de socios y ahora somos cerca de ochenta. Vamos hacia arriba, nos hemos expandido comarcalmente, hemos renovado la junta con doce miembros y creo que estamos haciendo una labor importante para dar otro enfoque a nuestra historia más reciente, sin ánimo de reabrir heridas ni de rearbitrar la Guerra, como algunos dicen. Creemos que es superimportante para evitar errores del pasado y que la gente tenga un conocimiento más riguroso de los hechos.

—El colectivo está enmarcado en la Sierra Sur de Jaén. ¿Fue un objetivo desde el inicio?

—Los estatutos iniciales se centraban más en Alcalá la Real, pero ya abríamos la posibilidad de ampliarlo a la comarca. En Castillo de Locubín llevamos años haciendo actos como el de dignificación de Cencerro, el legendario guerrillero. Así sumamos socios, también de Valdepeñas de Jaén. Como suele pasar en otros colectivos, parte del crecimiento pasa por ampliar la delimitación territorial. Tenemos una cuota simbólica de veinte euros.

Estamos abiertos a todo el mundo, sin pasiones exacerbadas, sino desde un punto de vista lo más académico posible. Entendemos que todavía hay muchas víctimas por dignificar que merecen que se cuenten sus historias. Ahora hay exhumaciones en el cementerio de Jaén, noventa años después de los fusilamientos en la capital tras la Guerra. Creemos que es el momento de contarlo. La dictadura silenció todas estas historias y es una cuestión de justicia.

"LOS VÍDEOS CORTOS PERJUDICAN LA CONCENTRACIÓN EN CLASE"

—Siempre que tengo a un profesor enfrente lo pregunto: ¿cómo son los jóvenes de ahora? ¿Qué anhelos tienen?

—Creo que el profesorado a veces se confunde y cree que los tiempos pasados siempre fueron mejores. Es verdad que hay determinadas corrientes que preocupan y que tienen bastante influencia en los jóvenes. Por desgracia, no son precisamente en la línea de la defensa de los valores democráticos. Yo guardo muy buena relación desde siempre con mi alumnado. Es diferente al de hace diez o quince años. Las redes sociales afectan mucho. Hay problemas para la concentración. Ahora los vídeos de un minuto de TikTok perjudican y es fácil que ellos desconecten.

—La adicción a las pantallas. ¿Es un problema más grande de lo que parece o no es para tanto?

—Yo creo que está diseñado de tal forma que provoca adicción en todas las edades, aunque quizá los jóvenes sean más vulnerables. A pesar de los talleres y las charlas sobre estos temas, quizá aún es insuficiente. Desde casa se ponen límites hasta cierta edad, pero a partir de los doce o trece años escuchan menos a los padres y a las madres (risas). Ya veremos qué pasa con la mía, que va a cumplir cinco. Sí es cierto que hay menos control sobre esas edades. Sólo hay que ver el consumo del móvil para saber las horas que le dedicamos, con los problemas que implica de socialización. A nivel educativo, percibo más problemas de atención.

—Estamos 'hackeados'.

—Sí. El algoritmo te ofrece lo que le interesa y hay un problema a nivel político: te tratan como un cliente. Esto puede conducir a situaciones de polarización, de manera que sólo veas posicionamientos parecidos a los tuyos y a los de tu grupo, y consideres el pensamiento contrario como algo propio del diablo.

—Ahora el protagonismo está en la Inteligencia Artificial (IA). Supongo que el reto es que los estudiantes la utilicen de forma ética. ¿Será o está siendo complicado?

—La IA ha venido para quedarse. Tiene unas propiedades y unos usos muy interesantes, pero sucede igual que con las redes. Desde mi punto de vista, a nivel comunicativo ha servido para democratizar. El problema es el algoritmo y cómo se cuelan mensajes sin filtro que dan pie a conductas sexualizadas, por ejemplo. Es un problema que vemos en el aula, incluso con las charlas que damos.

La IA ha servido para mejorar la investigación, pero es cierto que puede derivar en un mal uso, en el deterioro del espíritu crítico. En las clases, en Humanidades, es importante primar el pensamiento y el debate cuando se hace una investigación. Este año he llevado a mi alumnado a debatir a Jaén sobre la idoneidad de la ONU y su eficacia para resolver conflictos. Entonces, ahí la IA sirve para buscar datos de forma rápida o para preparar un discurso, pero es clave que el alumno interactúe. La oratoria y otras destrezas son muy importantes. El problema no es la IA, sino el mal uso; hace falta mucha educación y un uso racional.

"EN ALCALÁ HACEN FALTA MÁS ESPACIOS PARA LA JUVENTUD"

—Usted ha vivido casi siempre aquí, en Alcalá la Real. ¿Cuál diría que es la mayor urgencia del municipio?

—Lo que más falta se echa, sin duda, son espacios para la juventud. Unos emprendedores han abierto recientemente un negocio enfrente del Cuartel, pero la noche está de capa caída. Y tiene que ver con la natalidad. Yo estoy en el tema sindical educativo, porque la educación pública es fundamental, y creo que los servicios públicos son claves. USTEA, mi sindicato, ha empujado por la importancia del comedor escolar en las aldeas. Volviendo a la noche, mirándolo con perspectiva, creo que era una bestialidad lo que sucedía antes en El Campero, en Alcalá 4 o en El Silo. Había una cultura del botellón que todavía no sabemos cómo de tóxica ha sido. Por otro lado, percibo una cultura excesiva del gimnasio.

—Más preocupación por el físico.

—Sí, y no por lo intelectual. Eso no ayuda a tener una población con espíritu crítico. Como le digo, echo de menos espacios para la juventud que no sean el botellón, algunos servicios públicos más y, a nivel de sanidad, llevamos años complicados, con falta de especialistas. Por lo demás, el pueblo lo veo bien. Sí echo en falta un poco más de diversidad en gastronomía, como sucede en otros pueblos cercanos como Priego o Frailes. Quizá, a nivel turístico, el enfoque está demasiado centrado en La Mota. Alcalá la Real tiene potencial para que el turista se quede más de un día, aunque es cierto que las comunicaciones no son las mejores. Yo estoy muy contento con la gente con la que trato en el día a día.

—Le conocí en persona en la Peña Barcelonista de Alcalá la Real. ¿Para usted es importante estar en asociaciones locales? ¿Le sale natural?

—Somos animales sociales y a veces te puede llevar a la gente motivos lúdicos, como la peña del Barça o una cofradía. Es importante la colectividad en un mundo donde prima tanto la individualidad. Mire, tendrán cosas malas, pero yo envidio a los vascos, porque hay una cultura de la movilización popular que da resultados. Obliga a la clase política a tener que aprobar medidas más favorables a los colectivos.

—Aquí hay más apatía.

—Veo más individualismo. Para la fiesta, sí. Ahí va todo el mundo, pero hay luchas y reivindicaciones colectivas —la memoria o la sanidad— que cuestan. Desde la asociación hemos hecho convocatorias contra la guerra en Palestina y, para lo que es Alcalá, como se suele decir, hubo afluencia.

—Las protestas contra la planta de biogás fueron muy respaldadas, incluso con participantes que venían de Jaén.

—Exacto. En este caso, hay una preocupación medioambiental que se ha visto que puede afectar a la salud y ha movilizado más que otras causas. Fue impactante ver que la planta de biogás iba hacia adelante y que la reivindicación popular llevó a paralizarla, al menos momentáneamente, con el cambio del PGOU. Lo que se demuestra es que cuando la gente se mueve y lucha por el colectivo hay rédito. Es el aprendizaje que hay que tomar.

—Venimos de elecciones. Y la gran sorpresa ha sido Adelante Andalucía. Usted ha mostrado en público su simpatía por el partido de José Ignacio García. ¿Le sorprendió el resultado?

—Yo soy parte de Alcalá Suma, una plataforma de hace cuatro años que concurrió a las elecciones municipales en 2023. Al final, nos escindimos de IU porque no nos sentimos bien tratados. Tuvimos negociaciones con Adelante, que siempre ha respetado nuestra autonomía. Es cierto que tiene un líder que ha articulado un lenguaje mucho más cercano y ha capitalizado el descontento con la gestión de la sanidad pública. Es una izquierda más partisana, menos gobernista y de perfil andalucista, sin ser un andalucismo excluyente. Ya sabemos que sí los hay: primero, los que hablan de "prioridad nacional", y también el nacionalismo catalán o vasco que sólo busca el beneficio individual, aunque también haya tendencias similares a Adelante.

Nuestra sinergia como Alcalá Suma con Adelante ha sido porque nos hemos sentido identificados. Las colaboraciones han sido puntuales y siempre es bueno que la crítica no se pierda y que haya gente valiente plantando cara con educación y con contundencia, gobierne quien gobierne.

Fotos y vídeo: Fran Cano.

He visto un error

Únete a nuestro boletín

COMENTARIOS


COMENTA CON FACEBOOK