"Mi obra está hecha con una acumulación de errores"

Error, drama y delirio es el sugerente título de la exposición que el artista Carlos Mora (Sevilla, 1989) muestra en la Galería Renace, de Baeza, desde ya y durante dos meses.
—Un ilustre paisano suyo, señor Mora, dejó una honda huella en Baeza, ese "pueblo húmedo y frío, / destartalado y sombrío" al que llega usted cargado de pintura. ¿El paisanaje con Machado lo había traído alguna vez por aquí, o debuta ahora como artista en estas tierras?
—No, por Jaén no había pasado antes, es mi primera exposición aquí tanto individual como colectiva: debut total.
—¿Y como turista, visitante, hombre...?
—A Baeza he venido contadas veces.
—¿Cómo se gestó, entonces, su presentación en la ciudad?
—Conocí a Juampa y a Patricia, de la Galería Renace, a través de Fernando Francés [comisario de exposiciones y exdirector, entre otros, del Centro de Arte Contemporáneo de Málaga], que fue quien les presentó mi obra. He estado viviendo fuera de Sevilla doce años, he vuelto hace poquito y no conozco Andalucía todo lo bien que me gustaría, doce años fueras son muchos años.
—Otro detalle (algo forzadillo, la verdad) que lo vincula con el Machado de Baeza: la botica, donde don Antonio (en la de Adolfo Almazán) mantenía sabrosa tertulia. Un paseo por su currículo, lejos de situarle titulado en Bellas Artes o similares, lo presenta como licenciado en Farmacia.
—Es llamativo, sí; mi acercamiento a la pintura es ya de más mayor, cuando he empezado a tomármelo en serio y me he formado como antiguamente, con otros pintores.
—¿En qué momento de su vida se dio cuenta de que las fórmulas y albarelos tenían que dejar paso a la trementina y los pinceles?
—La vocación artística la he tenido siempre, pero se ha materializado ya de mayor, como digo.
—¿Quizá le viene de familia?
—Bueno, en casa ha habido algún familiar escritor, como Muñoz Rojas [Antequera, Málaga, 1909-Mollina, Málaga, 2009], pero la pasión por la pintura ha estado siempre en mí como espectador. Dibujar es algo que he hecho toda la vida, y también visitar museos, que me ha gustado siempre. La pintura me ha servido de apoyo en mi vida. Es verdad que cuando conocí a varios artistas, me lancé y empecé a pintar: fue increíble.
—Eso ocurrió en Madrid, donde acaso estudiaba usted...
—No, estaba allí por trabajo, me fui para allá con la que ahora es mi mujer, en un momento de gran crisis, no había trabajo por Sevilla, y fue una feliz coincidencia.
—Alguien dijo que los tiempos de crisis lo son también de grandes descubrimientos: fue su caso, está claro.
—Sí, sí.
—Tomada conciencia de que esa vocación suya merecía algo más que quedarse en eso, en una opción desestimada, dejar de ser solo ese joven que visita exposiciones para convertirse en ese hombre que expone al público, ¿le costó mucho, o dio el paso con naturalidad?
—Fue algo paulatino, poco a poco te vas dando cuenta de que tu sitio está ahí; a mí me han ayudado mucho los amigos y profesores en las academias en las que he estado, en Madrid. Cuando volví a Sevilla conocí a Miguel Núñez y a Pablo Castañar, que son los que me han pegado ese empujón definitivo y de los que he aprendido para dar pasos de gigante en esto: ha sido en Sevilla donde se ha fraguado, al final, esa tendencia mía, una ciudad que arremolina a muchos artistas de Andalucía y de toda España, una ciudad que está en ebullición, como el resto de Andalucía, que tiene en sus artistas un gran potencial, igual que otros países lo tienen en el petróleo.
—Su arte, precisamente, se puede ver durante dos meses en la Galería Renace de Baeza. ¿A qué pintor encontrarán quienes decidan acercarse a conocer su propuesta? ¿Cómo se autodefine?
—Es difícil, sobre todo hacerlo sobre uno mismo. Practico una figuración expresionista, y a través de esos escenarios trato de acercar a ese paisaje emocional de mi generación, de la sociedad contemporánea.
—Error, drama y delirio: un título inquietante el de su exposición.
—Sí, viendo la pieza que hace de cartel para la exposición se evidencia que parto de bocetos muy rudimentarios: la mayoría de ellos van directamente a esa idea de que la realidad (la propia y la ajena) son separadas por una brecha que nos pone en una situación de aislamiento, de precariedad. Esa brecha, de alguna manera, en mis escenarios, los elementos tratan de salvarla; esa sería la parte de Error, de que no se puede concebir la realidad ajena como propia, al final las emociones están ahí y a través de ellas percibimos la realidad: de ahí ese error, esa situación tensa, ese drama y ese delirio, un poco como una realidad negociada, en la que pueden estar todas las realidades y no estar ninguna. Esa es la atmósfera de mi obra.
—¿Óleos, tablas...? ¿Con qué técnicas y formatos trabaja, Carlos?
—La palabra Error no está puesta en el título por casualidad, la utilizo como un recurso que enriquece el cuadro: me gusta el lienzo, pero también la tabla, porque me da una versatilidad a la hora de poner, de quitar pintura, raspar, volverla a poner... Convierto la obra final en una acumulación de errores, de pasos hacia adelante y hacia atrás, tapo errores, magnífico unos y ocultar otros. En ese sentido, la tabla como soporte y el óleo (ya sea en barra o en tubo) como material.
—No son pocas las muestras abiertas, actualmente, en la provincia de Jaén. ¿Por qué deberían decantarse por la suya quienes no tengan claro a cuál de ellas acudir?
—Que vayan a Baeza y, si puede ser, que se pasen por esta magnífica galería: quiero aprovechar para agradecer a Juampa y Patricia, que la llevan de una forma bestial, ante las dificultades a las que se han tenido que enfrentar y con una actitud increíble. Al final, en una galería de arte contemporáneo lo que van a encontrar quienes la visiten es creación hecha por personas que viven en el mismo mundo que quien la visita, y eso te hace sentir un calor especial, un calor de tu igual. Así que animo a la gente a que vean mi exposición.

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