Úbeda abre las puertas del Renacimiento con la llegada del emperador Carlos V

Lleno en el casco histórico en el arranque de unas fiestas marcadas por el 500 aniversario de la entrada de Carlos I de España y V de Alemania en la ciudad
No fue un jueves cualquiera. A medida que caía la tarde, el sonido de los tambores empezó a colarse por las callejas del casco histórico y los turistas dejaron de mirar los monumentos para seguir a un emperador. Quinientos años después de su entrada en Úbeda, Carlos I de España y V de Alemania volvió a recorrer una ciudad que, durante unas horas, decidió dejar de mirar el calendario.
Había familias enteras vestidas de época. Niños con espadas de madera corriendo entre soldados imperiales. Vecinos saludándose desde las puertas de las casas. Visitantes preguntando dónde comenzaba el desfile mientras las tabernas empezaban a llenar las mesas mucho antes de la hora de cenar. No hacía falta consultar el programa para saber que las Fiestas del Renacimiento habían comenzado. Bastaba con dejarse llevar por la corriente de gente que caminaba hacia el corazón monumental de la ciudad.
La edición número veintitrés tiene, además, un argumento que la diferencia de todas las anteriores. Este año no solo se celebra una fiesta; se recuerda un acontecimiento histórico. Se cumplen quinientos años de la llegada del emperador a Úbeda, un episodio que marcó la época de mayor esplendor de la ciudad y que se ha convertido en el hilo conductor de toda la programación.
El cortejo imperial avanzó lentamente hasta la Plaza de Andalucía, donde tuvo lugar la Jura de Fueros, uno de esos actos que el público contempla en silencio antes de romper en aplausos. Después llegó el turno de las Danzas en honor de Carlos V, con Syntagma Musicum, la Escuela de Danza Rocío, el Ensemble Renacimiento y la Camerata Imperial, en un montaje que convirtió la música en otra forma de contar la historia.
Pero quizá la mejor fotografía de la noche no estaba sobre ningún escenario. Estaba unos metros más allá, en las tabernas renacentistas. Allí, entre platos servidos por las cofradías Virgen de Guadalupe, La Caída, Jesús Nazareno y La Expiración, se mezclaban acentos de media España, conversaciones improvisadas y vecinos que llevan más de dos décadas viendo cómo estas fiestas consiguen el mismo milagro: que el patrimonio deje de ser un decorado para convertirse en un lugar vivido.
La primera jornada terminó en la Plaza Vázquez de Molina. Un espectáculo de telas acrobáticas puso el punto final a una noche que confirmó algo que Úbeda sabe desde hace tiempo: las Fiestas del Renacimiento ya no son solo una recreación histórica. Son la forma que tiene la ciudad de explicarse a sí misma.
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