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Más de sesenta años con Larva en la memoria del corazón

Por Javier Cano - Febrero 07, 2026
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Más de sesenta años con Larva en la memoria del corazón
Francisco (primero por la derecha), con su esposa y sus nietos ante el Ayuntamiento de Elche. Foto cedida por Francisco López.

Francisco López López dejó su pueblo natal en busca de una vida mejor pero jamás se olvida de su tierra, a la que vuelve con frecuencia

"Llevo muchísimos años fuera pero no me olvido de Larva". Concretamente, sesenta y un inviernos afincado en Elche (Alicante), adonde llegó con apenas una década de vida en busca precisamente de eso, de una existencia mejor que la que el pueblo de sus amores le prometía en aquellos ya lejanos años 60.

Sí, mucho tiempo, a qué negarlo, ¡pero de ahí a olvidarse de su pueblo...! "Voy mucho", asegura Francisco López López (Larva, 1954), uno de los nueve hijos de un matrimonio que vio en la emigración la mejor de las opciones para procurar a su amplia prole un futuro halagüeño. 

"Mi padre dijo que si nos íbamos, nos íbamos todos, para estar juntos en el mismo pueblo. A mi padre le costó muchísimo y a mis hermanos mayores también, pero nosotros éramos unos críos", comenta.

Sabía lo que era currar cuando llegó a suelo ilicitano, curtido como iba en tareas del campo, y a poco de llegar encontró tajo en el sector zapatero, pero lo dicho: siempre con Larva tironeando de él: "Con catorce años empecé a volver al pueblo, y ya no he dejado de ir". 

Y es que la añoranza que su padre sentía por su patria chica les hacía "coger un autobús" a la primera de cambio y presentarse en Larva: "Luego, conforme fui creciendo, ya iba yo solo en el tren, por nostalgia, por amor al pueblo, nunca llegué a perder las amistades de allí y me gustaba estar allí con ellos, tres o cuatro o cinco días, para las fiestas. Cuando me compré el coche, ya me iba en coche en cuanto podía", relata. 

Una costumbre que no ha abandonado, ni mucho menos, y que empapa a toda la familia, afincada en la bella ciudad alicantina pero totalmente aquerenciada al mar de olivos: "Hace seis años un sobrino mío, muy familiar, organizó un encuentro en el pueblo y nos presentamos allí setenta y una personas de la familia, tres o cuatro días; ¡lo pasamos muy bien!", celebra Francisco. 

Y habitualmente, alrededor de una buena mesa, hacen lo propio también quienes emigraron desde tierras jiennenses y, ahora, comparten presente en la tierra que los acogió y les permitió construirse una vida de la que se sienten más que orgullosos. 

"Aquí me casé con una manchega de Hellín, que estaba en Elche, emigrante también. Trabajábamos juntos, pero ella había ido diez años antes con sus padres", cuenta López sobre su esposa, María del Carmen, con la que alumbró a sus dos hijos que, andando el tiempo, lo han convertido también en entrañable abuelo: "Tenemos dos nietos, y otros dos que vienen en camino".

Criaturas que, ya, aman ya la tierra de sus ancestros, que en palabras de Francisco López está mejor que nunca: "Larva ha cambiado mucho, para mejor; antes no había lo que hay hoy en todos los sentidos, veo muy preparado al Ayuntamiento, con todo muy bien arreglado, muchas actividades para los niños y los mayores, se mueven mucho. Antes era el bar, y nada más".

Esa Larva a la que retorna continuamente, esa Larva a la que sigue llevando, cada día, en la memoria del corazón. 

 Con sus paisanos larveños residentes en Elche, en su ya tradicional encuentro en torno a una buena mesa. Foto cedida por Francisco López.
Con sus paisanos larveños residentes en Elche, en su ya tradicional encuentro en torno a una buena mesa. Foto cedida por Francisco López.

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