Francisco Pérez Bermúdez, un cabal en lo jondo y en lo humano

La Peña El Olivo del Cante, de Villanueva de la Reina, nombra socio de honor a uno de sus fundadores, de quien su familia destaca también "su gran corazón"
"Socio fundador, miembro de la directiva en algunas etapas y un colaborador con el que se ha podido contar para todo". Así resume la trayectoria de Francisco Pérez Bermúdez (Alcaudete, 1938) Pedro Soto, el presidente de la entidad a la que 'Quico' ha dedicado gran parte de su vida: la Peña Flamenca El Olivo del Cante, de Villanueva de la Reina.
Una respetada institución, nacida en 1989, que ha tenido el humanísimo y delicado detalle de nombrar socio de honor a Francisco, en estos momentos en los que su salud ya no le permite desplazarse hasta la sede de la calle San Eufrasio, auténtico templo jondo (dicen los entendidos).
"Tenemos socios muy mayores; como pasa en todas las peñas, nuestra batalla es incorporar a los jóvenes y nos olvidamos un poco de los mayores, esa masa social de gente mayor que en un momento dado dejó de ir a la peña, porque están imposibilitados, como Francisco", explica Soto, que entre las iniciativas que ha impulsado durante este mandato, junto con su junta directiva, está también tener presente la situación de estos auténticos pioneros del flamenco en el panorama cultural villanovero.
"En nuestra asamblea general se votó por unanimidad que las personas mayores impedidas no van a dejar de ser socios, serán socios de honor, sin cuota, y recibirán un homenaje".
El primero de ellos, precisamente, ha recaído en Francisco Pérez Bermúdez, alcaudetense de cuna pero más de Villanueva que la romería de Santa Potenciana, ¡que ya es decir! "Es un gesto muy bonito el que han tenido con mi padre, muy emotivo", aplaude Juan Pérez, hijo del homenajeado.
¿Los motivos para este tributo? Aparte de los ya mencionados líneas arriba, Pedro Soto asegura que "si no hubiera sido por personas como Francisco, la peña no sería lo que es".
Y es que, como aclara Juan, el menor de los tres hijos de Quico, "el flamenco ha sido muy importante para él, siempre volcado en todos los actos y certámenes de la peña, ayudando en la medida de lo posible".
Y eso que su oficio no era, precisamente, ejemplo de quietud: "Ha trabajado de camionero, siempre en movimiento de un lado para otro, recorriendo España, y todo el tiempo que ha tenido se ha volcado en la peña. Cuando se jubiló, mucho más, al tener más tiempo", comenta su hijo, quien destaca de su progenitor una personalidad generosa, siempre arrimando el hombro: "Ha sido una persona de gran corazón, que ha intentado ayudar a todo el mundo".
Hasta su hogar se desplazó, hace pocos días, el presidente Soto, quien (ante la presencia de Agapito Pérez, hermano de Francisco y el socio más antiguo de 'El Olivo del Cante') entregó al homenajeado una preciosa placa, salida de los talleres alfareros bailenenses de Domingo Quesada, con la que quedó certificado el nombramiento:
"Se le cayeron dos lágrimas en el homenaje en su casa, el rato que estuvimos", evoca el máximo dirigente de la peña, tan satisfecho, que lo tiene claro: "Yo empecé en 2007, y me quedo con estas cosas, no con que estuvo aquí Mercé o el Pele, me quedo con esto, son las cosas que merecen la pena".
Un cabal en el universo jondo villanovero y, también, en el puramente humano: "Como padre, ejemplar, siempre ha estado ahí, a pesar de su trabajo con el camión, tanto tiempo fuera de casa". Lo que se dice un cabal.

Únete a nuestro boletín

