Doña Lola Torres cumple sus primeros 125 jaenerísimos años

La ilustre folclorista jiennense vio la luz primera en una hermosa y evocadora casa de la calle Cañuelo de Jesús, a unas decenas de metros de la glorieta que lleva su nombre
Es 2026 año de gozosas efemérides jiennenses protagonizadas por personajes de aquí que, desde diferentes ámbitos, brillaron hasta el deslumbramiento. Entre ellos, quien da nombre a la popularmente conocida como rotonda de la Palmera, la glorieta de doña Lola Torres, insigne folclorista de cuyo nacimiento se conmemoran, este curso, ciento veinticinco inviernos.
Aquella delicada jaenera cuyos ojos se abrieron de sopetón a la hermosura de la Senda de los huertos, linde mismísima del caserón de la calle del Cañuelo de Jesús donde siempre olía a piano y en el que vio la luz primera quien, andando el tiempo, asumiría el arduo e impagable trabajo de recopilar la memoria sonora del Santo Reino en las páginas de un cancionero todavía no bien ponderado.
Linajuda y frágil, se batió el cobre para preservar de esa jaenerísima costumbre que es el olvido un patrimonio cultural que, de no haber sido por ella, seguramente yacería enterrado en la misma tumba que el teatro Cervantes o, si nadie lo remedia, lo que queda del cementerio de San Eufrasio, a cada minuto más y más viejo.
En él durmió desde el 68 de su muerte hasta el de su traslado a solo unas decenas de metros de esa glorieta donde sobrevive en un rótulo, para reposar para los restos bajo el monástico suelo dominico de la calle Llana.
Solo le falta a esa rotonda suya, cruce de caminos entre la Carrera de Jesús, Juan Montilla, el Tiro Nacional y el Barranco de los escuderos, que a eso de las doce sonara uno de los cantos entrañables recuperados a fuerza de esfuerzo y sensibilidad, evocando tal vez al reloj de San Ildefonso y su cántico del Descenso hasta que lo dejaron mudo, no hace muchos años.

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