Un viaje inacabable desde La Mancha hasta el Santo Reino

Francisco Jesús Fresneda Muñoz llegó a la provincia de Jaén procedente de su Manzanares natal y se ha convertido en un auténtico hijo adoptivo del mar de olivos
Nació en Manzanares (Ciudad Real) en 1975, pero un lustro después llegó al Santo Reino y de aquí no se ha movido. "Mi padre era funcionario; después de Manzanares se trasladó a Soria, luego nos fuimos a Villanueva de los Infantes (Ciudad Real) y llegamos a Beas".
Cinco años tenía Francisco Jesús Fresneda Muñoz cuando vio por vez primera cielo jiennense, un pueblo donde solo vivió cinco años pero que lo ha marcado de por vida: "Me dejó el mejor sabor de boca, más que otros lugares donde he vivido muchos más años", asegura.
Operario de profesión, casado y padre de dos hijos, Francisco Jesús achaca a la gente beatense esa querencia suya, ese aprecio al precioso municipio serrano: "Todavía conservo amistades en Beas; me he tirado muchos años sin hablar con ellos, pero aunque pasen treinta o cuarenta años sé que siempre están ahí", celebra.
El pasado mes de febrero fue la última ocasión en la que disfrutó del pueblo que tanto quiere, cuyas fiestas de San Marcos son, para él, inexcusables: "Eso me encanta, ese ambiente...".
Cuando dejó Beas de Segura, encontró nuevo hogar en Úbeda, ciudad en la que vivió hasta su matrimonio, allá por 2013: más de veinticinco años. Y ahora, vecino de Bailén. Un auténtico hijo adoptivo de la provincia, un verdadero jiennense por más que su DNI sentencie que es manchego.
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