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DE BAEZA A LA CAROLINA: AÑOS DE HUMOS, OLORES, PROTESTAS Y FILTROS

DE BAEZA A LA CAROLINA: AÑOS DE HUMOS, OLORES, PROTESTAS Y FILTROS

Por Esperanza Calzado - | Actualizado:
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La creación de una plataforma vecinal y el anuncio de un nuevo electrofiltro abren otro capítulo de una historia que comenzó décadas atrás en Baeza, con protestas, filtros y promesas de traslado antes de que la actividad orujera se concentrara en La Carolina

Mucho antes de que el humo sobre la carretera de Vilches se convirtiera en una imagen familiar para los vecinos de La Carolina, antes de que cerrar las ventanas, recoger la ropa tendida o comprobar hacia dónde sopla el viento entraran en la conversación cotidiana, el orujo ya formaba parte de la historia industrial del municipio. Para encontrar el primer rastro documental hay que retroceder casi un siglo.

Entre las empresas que aparecían en "Jaén Artístico e Industrial. Jaén y su provincia artística e industrial 1929-1930" figuraba la "Fábrica de Aceites de Orujo Santa María de Juan Díaz Pintado", ubicada en La Carolina. La referencia fue recuperada por el investigador de la Universidad de Jaén Luis Garrido González en un estudio publicado en 2006 sobre aquella guía industrial. No existe ningún elemento que permita establecer una continuidad empresarial entre aquella fábrica y las actuales instalaciones de Bioland Energy, pero el dato coloca el primer eslabon de esta historia: hace prácticamente un siglo ya se producía aceite de orujo en La Carolina.

La historia de la planta que hoy centra la controversia comienza mucho después. Antes de pertenecer al Grupo Oleícola Jaén, las instalaciones eran propiedad de Aceites Pina. En febrero de 2017, Oleícola Jaén culminó la adquisición de un complejo de unas 20 hectáreas, con dos secaderos, una planta de extracción física de orujo y grandes balsas para almacenar alpeorujo. La intención era remodelar y modernizar las instalaciones para que estuvieran plenamente operativas durante la campaña 2017/2018. Su capacidad prevista superaba las 200.000 toneladas de alpeorujo por campaña, con una estimación inicial de 20 empleos directos y unos 40 indirectos.

 Inauguración de Bioland Energy.
 Inauguración de Bioland Energy.

Comenzaba así la etapa de Bioland Energy, filial creada por el Grupo Oleícola Jaén para el aprovechamiento de los subproductos de la aceituna y la biomasa del olivar. Detrás del proyecto había una necesidad industrial especialmente relevante en una provincia que genera enormes cantidades de alpeorujo cada campaña: recuperar el aceite que todavía permanece en ese subproducto y aprovechar el resto para obtener, entre otros materiales, hueso de aceituna y orujillo destinados a usos energéticos.

Dos años después quedó claro que La Carolina no era una apuesta provisional. En mayo de 2019, durante Expoliva, Grupo Oleícola Jaén anunció una inversión cercana a los diez millones de euros para ampliar la actividad de Bioland: seis millones para una planta de extracción química de aceite de orujo y 3,5 millones para gasificar la biomasa de orujillo y obtener un gas con el que generar electricidad. El proyecto contemplaba otros 25 puestos de trabajo directos.

Mientras La Carolina ganaba peso dentro de la estructura industrial del grupo, a unos cincuenta kilómetros se escribían los últimos capítulos de una historia mucho más conflictiva. Y es ahí, en Baeza, donde la cronología empieza a explicar muchas de las preguntas que se formulan hoy los vecinos carolinenses.

BAEZA: DEL TRASLADO ANUNCIADO AL FILTRO DE 1,6 MILLONES

Oleícola Jaén había nacido como almazara en Baeza en 1982 y en 1986 comenzó la actividad de aprovechamiento de los subproductos de la aceituna y secado de orujo, según recoge la propia historia empresarial del grupo. Con los años, los humos, los olores y el impacto paisajístico de aquella industria se convirtieron en un problema recurrente en una ciudad que, además, había sido declarada Patrimonio Mundial junto a Úbeda.

La hemeroteca permite seguir aquel conflicto casi año a año. En 2007 comenzaron las conversaciones entre el Ayuntamiento de Baeza y Oleícola Jaén para sacar la actividad orujera de la fachada sur de la ciudad. Dos años después, el 9 de noviembre de 2009, aquellas conversaciones desembocaron en un anuncio público.

El entonces alcalde, Leocadio Marín, compareció junto al representante Luis Carlos Morillo para presentar un plan que debía resolver lo que el regidor definió como un "problema medioambiental y paisajístico". Marín aseguraba que comenzaba un camino que conduciría "inexorablemente" al traslado de la actividad, aunque introducía una condición que, diecisiete años después, vuelve a escucharse en La Carolina: alcanzar una solución beneficiosa para la ciudadanía "sin perjudicar la actividad de una empresa baezana".

No ocurrió en meses. En 2011, con dos secaderos precintados por decisión municipal, la empresa seguía manifestando su voluntad de marcharse, pero condicionaba la operación a que existieran las autorizaciones y ayudas suficientes para hacerla viable. Oleícola Jaén calculaba entonces el coste en unos seis millones de euros y reclamaba a las administraciones que financiaran buena parte del traslado.

 Imagen de archivo de la planta de Baeza en el proceso de traslado. Foto: Oleícola Jaén.
Imagen de archivo de la planta de Baeza en el proceso de traslado. Foto: Oleícola Jaén.

El conflicto entró además en los tribunales. Mientras los expedientes recorrían despachos y juzgados, el humo seguía formando parte del paisaje. En junio de 2012, Leocadio Marín dejó en El País una de las frases más gráficas de aquella controversia: "La ciudad está invadida por los humos, sobre todo cuando azota el viento de Levante". La Junta sostenía entonces que alrededor del 95% de los gases emitidos era vapor de agua, aunque reconocía el impacto visual de la columna.

La distinción resulta importante porque anticipa un debate que reaparecerá años después en La Carolina: una cosa es la composición de una emisión y el cumplimiento de determinados límites legales; otra, el penacho visible sobre una población; y otra diferente, los olores y molestias que perciben quienes viven en ella.

En enero de 2013 apareció una solución tecnológica. Oleícola Jaén anunció una inversión de 1,6 millones de euros para instalar una "planta piloto" destinada, según explicó entonces la compañía, a eliminar humos y malos olores. El elemento fundamental sería un filtro de tecnología italiana que ya funcionaba en una orujera de Cuenca y que la empresa pretendía tener operativo durante la siguiente campaña.

El anuncio adquiere hoy una evidente relevancia. Trece años después, la historia vuelve a incorporar en La Carolina la palabra "filtro". 

Había, además, otra parte directamente afectada por el conflicto: los trabajadores. En febrero de 2013, empleados de la orujera se movilizaron ante la incertidumbre sobre el futuro de unos 40 puestos de trabajo. La defensa del empleo convivía así con las reclamaciones vecinales y con una discusión administrativa que llevaba años enquistada.

Tres años después del anuncio del filtro aparece uno de los documentos oficiales más significativos de esta historia. El Boletín Oficial de la Provincia publicó el 4 de noviembre de 2016 un proyecto de Oleícola Jaén para la "Reconversión de Instalaciones y Desmantelamiento de los Tres Secaderos de Alpeorujo" que incluía expresamente en su denominación la "eliminación de los humos en la Ciudad de Baeza".

La frase no procede de una protesta vecinal ni de una declaración política. Figura en el título de un expediente oficial. La eliminación de los humos seguía formando parte, en 2016, de un proyecto de reconversión de las instalaciones.

Y precisamente entonces las historias de Baeza y La Carolina empezaron a encontrarse. En febrero de 2017, Oleícola Jaén compró a Aceites Pina la planta carolinense. Bioland comenzó a trabajar allí durante la campaña 2017/2018 mientras la actividad orujera continuaba también en Baeza.

 Inauguración de Bioland Energy.
Inauguración de Bioland Energy.

En 2021 llegó otro paso importante para La Carolina. El BOJA publicó la concesión a Bioland Energy de la Autorización Ambiental Unificada AAU/JA/0050/19 para el proyecto de "Mejora ambiental, generación eléctrica con energías renovables y extractora de aceite de orujo de planta de tratamiento de orujo". La resolución situaba expresamente la actuación en el término municipal carolinense.

Ese mismo año terminaba la larga historia de los humos de la orujera baezana. En noviembre de 2021, hubo un acuerdo para la reconversión de las instalaciones y recogió la satisfacción de la alcaldesa, Lola Marín, por la "eliminación definitiva de los humos de la ciudad de Patrimonio Mundial". La almazara permanecería en Baeza, modernizada, pero la actividad orujera dejaría aquella ubicación.

Y tiempo despues, las quejas empezaron a quedar documentadas con claridad en La Carolina.

DE NUEVE ESCRITOS A MÁS DE MIL FIRMAS

En agosto de 2022, el Ayuntamiento de La Carolina había pedido a la Junta de Andalucía que actuara ante los humos y malos olores procedentes de Bioland Energy. La Concejalía de Medio Ambiente llevaba desde marzo comunicando la situación a la Administración autonómica y acumulaba ya nueve escritos.

La entonces alcaldesa, Yolanda Reche, planteaba un equilibrio muy parecido al que años atrás había defendido el Ayuntamiento de Baeza. "Nuestra intención no es perjudicar la actividad de una empresa privada pero es nuestra obligación velar por el interés general y el bienestar de nuestros vecinos y vecinas", declaró. El objetivo, añadía, era "buscar una solución satisfactoria para ambas partes".

El Ayuntamiento relacionaba los episodios más intensos con determinados cambios meteorológicos y aseguraba que los humos y olores "invaden" entonces el municipio. "No hemos notado que en esos días la empresa adopte medidas que atajen el problema bien reduciendo o parando la producción", afirmaba Reche.

También en aquellos años comenzó a tomar cuerpo una campaña ciudadana de firmas. La petición "Por un aire libre de contaminantes en La Carolina" acumula actualmente 1.281 firmas verificadas en Change.org.

Mientras el malestar crecía, la planta continuaba su recorrido administrativo. En junio de 2023, el BOJA abrió a información pública una nueva Autorización Ambiental Unificada, el expediente AAU/JA/0032/22, para otro proyecto de mejora ambiental, generación eléctrica con energías renovables y extracción de aceite de orujo. El documento situaba expresamente la actuación en La Carolina.

 Efectos de los malos olores y humo en La Carolina,
Efectos de los malos olores y humo en La Carolina,

El año 2025 elevó de nuevo la intensidad del conflicto. Las quejas por humos y olores adquirieron mayor repercusión y profesionales que trabajan en el entorno natural comenzaron a relatar públicamente cómo afectaban aquellos episodios a su actividad.

El Ayuntamiento buscó entonces datos objetivos. En octubre de 2025 solicitó a la Delegación de Medio Ambiente un estudio sobre la calidad del aire ante las quejas y campañas ciudadanas.

Bioland Energy defendió públicamente su posición. La empresa aseguró que cumple "estrictamente con la normativa medioambiental vigente" y que sus operaciones respetan los Valores Límite de Emisión establecidos. Aportó además sus cifras de la campaña 2024/2025: más de 200.000 toneladas de alpeorujo procedentes de más de 40 cooperativas y almazaras, 15.000 toneladas de hueso de aceituna, 20.000 de orujillo y unas 3.000 de aceite de orujo crudo. Son datos de la propia compañía, pero permiten dimensionar el peso de una instalación que forma parte de la cadena de aprovechamiento de los residuos del olivar.

A los humos y olores se añadió en octubre de 2025 otro frente. Vecinos y profesionales del ecoturismo denunciaron la presencia de aguas negras en un arroyo próximo. Bioland respondió que se había producido un vertido "accidental y de pequeña magnitud", que estaba controlado y en fase de limpieza. Las autoridades ambientales investigaban entonces el alcance del episodio.

Paralelamente, la empresa continuaba tramitando mejoras. El BOP publicado el 7 de mayo de 2026 recoge que el Ayuntamiento había calificado favorablemente, mediante decreto de 20 de mayo de 2025, el "Proyecto de Mejora de Eficiencia de Planta de Extracción de Orujo por Procedimientos Físicos y Construcción de Balsa de Almacenamiento" en la carretera de Vilches.

Pocos días después de aquella publicación se conoció otro episodio. La Policía Nacional Adscrita a Andalucía detectó un vertido procedente de una orujera de La Carolina que discurría durante más de 400 metros. Los agentes tomaron muestras ante el posible riesgo para aguas subterráneas. Bioland respondió que el asunto se encontraba dentro de un procedimiento administrativo y subrayó que no existía una resolución firme que determinara responsabilidades ni daños medioambientales acreditados.

TRECE AÑOS DESPUÉS, OTRO FILTRO

 Anuncio del nuevo electrofiltro de Bioland Energy.
Anuncio del nuevo electrofiltro de Bioland Energy.

El último capítulo comenzó en septiembre de 2026. Con las molestias de nuevo en el centro del debate local, Bioland Energy presentó el día 23 en el Ayuntamiento de La Carolina una nueva actuación: un electrofiltro de alta eficiencia que prevé tener instalado a principios de diciembre.

Según la información facilitada, el sistema actuará sobre las partículas generadas durante el secado del alpeorujo y permitirá reducir tanto su concentración como el penacho visible. La instalación será financiada íntegramente con recursos propios.

Hay, sin embargo, una palabra que no ocupa el mismo lugar en la explicación técnica del nuevo sistema y que es precisamente la que más repiten los vecinos: olor.

El anuncio no detuvo una movilización que ya estaba en marcha. Al día siguiente, 24 de septiembre, alrededor de un centenar de personas se reunió en el recinto ferial bajo el lema "Orujera sin emisiones. Por nuestra salud y nuestro entorno". De aquel movimiento ha surgido la Plataforma La Carolina Libre de Malos Humos, que ha abierto un grupo público en redes sociales y extiende su ámbito a La Carolina, La Fernandina, La Isabela, Navas de Tolosa y Vilches.

En la reunión se dejó claro que no se puede reducir el conflicto a un enfrentamiento entre industria y población: no reclaman el cierre de Bioland ni quieren que desaparezcan puestos de trabajo. Pretenden que se adopten medidas capaces de hacer compatible la actividad industrial con la vida cotidiana de quienes residen en el municipio y su entorno.

"Hay días malos, pero por mi experiencia muchas veces el olor es todavía más intenso por la noche. Entra en casa y, si tienes ropa tendida, se queda impregnado. No es simplemente que huela mal. Hay momentos en los que llega a ser insoportable", explican los vecinos.

 Reunión de vecinos para analizar los malos olores en La Carolina.
Reunión de vecinos para analizar los malos olores en La Carolina.

"A mí me pican los ojos y noto carraspera. Al final estás haciendo deporte al aire libre y precisamente lo que necesitas es poder respirar", relata otro afectado.

Sus sensaciones no constituyen un diagnóstico médico ni demuestran por sí solos una relación causal con las emisiones de la planta. Pero su última reflexión resume el terreno común que la plataforma dice buscar: "No quiero que cierre la orujera. No quiero que nadie pierda su trabajo. Lo que queremos es una solución de verdad. Industria y empleo sí, por supuesto, pero los vecinos también tenemos derecho a abrir las ventanas, tender la ropa o salir a correr sin ese olor".

Ahora, la empresa anuncia otro filtro, aunque no hay base para afirmar que la tecnología sea equivalente a la presentada en Baeza trece años atrás ni para anticipar cuál será su resultado. La empresa sostiene que cumple la normativa y recuerda el papel que desempeña en el aprovechamiento de cientos de miles de toneladas de subproductos del olivar. Los vecinos organizados no piden que cierre. Reclaman que la industria, el empleo y esa función ambiental sean compatibles con algo mucho más elemental: abrir una ventana, tender la ropa, pasear o practicar deporte sin que la dirección del viento determine cuándo hacerlo.

Casi un siglo después de aquella primera fábrica de aceite de orujo documentada en La Carolina, la historia vuelve a quedar pendiente de una solución tecnológica. Esta vez habrá que esperar a diciembre, cuando el nuevo electrofiltro entre en funcionamiento, para empezar a comprobar sus efectos.

Porque la empresa ha anunciado una reducción de partículas y del penacho visible. La pregunta que queda por responder es precisamente la que no puede resolverse mirando una chimenea desde lejos: si desaparecerá también el olor y el humo.

 Efectos de los malos olores y humo en La Carolina,
Efectos de los malos olores y humo en La Carolina,

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