El asedio de Iliturgi: venganza por traición

Escipión el Africano, un protagonista conocido que lideró el asalto a la ciudad íbera de Iliturgi
Diría que todos los amantes de la cultura y la historia de la provincia de Jaén conocemos el famoso asedio al oppidum íbero de Iliturgi (actual Mengíbar), ya que contamos con los estudios y escritos que grandes personalidades de la arqueología y la historia, como Juan Pedro Bellón Ruiz, Carmen Rueda o incluso el propio Tito Livio —aunque, personalmente, considero que este último fue más un propagandista de Roma que un historiador— han aportado sobre el tema. Sin embargo, también me atrevería a decir que a muchos les rondan ciertas preguntas sobre este episodio bélico ocurrido en una época que hoy nos resulta tan lejana. ¿Cuál fue el principal motivo del ataque romano a este asentamiento? ¿Fue realmente tan devastador como se cree?
No quiero centrarme especialmente en los múltiples hallazgos arqueológicos realizados durante los últimos años. Intentaré responder a estas cuestiones relatando este hecho tan importante para la historia de Jaén utilizando los datos y toda la información que he podido recopilar.
Comencemos esta historia en un año fundamental: el 211 a.C. Cartago dominaba entonces la Segunda Guerra Púnica. Aníbal Barca se encontraba en la península itálica ganando batallas tan importantes como la de Cannas (216 a.C.), en la que causó entre 50.000 y 70.000 bajas en las filas romanas entre muertos y capturados. Mientras tanto, desde Hispania, sus hermanos Asdrúbal y Magón se encargaban de abastecer al gran contingente cartaginés y proteger sus dominios en territorio ibérico.
Por otra parte, el cónsul Publio Cornelio Escipión y su hermano Cneo Cornelio Escipión fueron enviados por Roma para cortar de raíz el suministro que Aníbal recibía desde Hispania. Aquello dio lugar a otro importante episodio bélico para nuestra provincia: la batalla de Cástulo, en la que Publio Cornelio Escipión, padre del futuro Escipión el Africano, cayó derrotado a manos del ejército cartaginés liderado por Asdrúbal y Magón Barca. Más tarde, también sería derrotado Cneo Cornelio Escipión cerca del nacimiento del río Betis, el actual Guadalquivir.
En aquel año 211 a.C., ante la posición ventajosa de los púnicos frente a la República romana, los ciudadanos de Iliturgi, hasta entonces aliados de Roma y colaboradores con hombres y recursos, decidieron cambiar de bando y establecer un tratado de amistad con los hermanos de Aníbal. Sin embargo, pronto, y sin previo aviso, el rumbo de la historia y de la Segunda Guerra Púnica volvería a cambiar. Aunque, tristemente, la ciudad íbera de Iliturgi ya había sellado su destino.
En el año 205 a.C., Escipión el Africano, hijo de Publio Cornelio Escipión, fue nombrado cónsul con el apoyo de numerosos senadores romanos, especialmente de los Emilios Paulos. Bajo su mando, Roma comenzó a revertir la situación de la guerra, logrando importantes victorias como la conquista de Carthago Nova en el 209 a.C., capital y bastión cartaginés en la península ibérica. Fue un golpe sobre la mesa, ya que hasta entonces los púnicos se creían prácticamente intocables.
Pero Escipión tenía algo más entre manos: vengar la muerte de su padre y de su tío. Y su sed de venganza no cesaría hasta lograrlo.
El apelativo “el Africano”, que recibiría años más tarde tras vencer a Aníbal en la batalla de Zama (202 a.C.), supo perfectamente por dónde comenzar esa venganza. El cambio de bando de Iliturgi no solo había supuesto una traición para Roma; Escipión lo interpretó además como una afrenta personal contra su familia.
Publio Cornelio Escipión y Cneo Cornelio Escipión habían acudido en varias ocasiones en ayuda de Iliturgi durante sus enfrentamientos contra otros enclaves dominados por los cartagineses en el Alto Guadalquivir, como Kastilo (Cástulo) o Baikor (Bailén). Por eso, para Escipión el Africano, aquella traición fue también una deshonra hacia las dos personas que más habían influido en su vida.
En el año 209 a.C., tras desfilar previamente frente a Kastilo —dejando clara su amenaza, ya que la ciudad seguía alineada con Cartago—, Escipión se presentó ante las imponentes murallas de Iliturgi con un poderoso ejército compuesto por aliados itálicos, hispanos y la temida infantería romana. Sus máquinas de asedio, probablemente nunca vistas antes por los habitantes del oppidum, mostraban un despliegue de fuerza desproporcionado para una ciudad de aquellas dimensiones y con tan pocos defensores.
El mensaje era claro: no habría prisioneros. Todos los habitantes de Iliturgi serían pasados a cuchillo, incluidos ancianos, mujeres y niños. Y, una vez extinguida toda vida en sus calles, la ciudad sería arrasada por el fuego. Escipión buscaba matar dos pájaros de un tiro: demostrar a Kastilo el inmenso poder militar de Roma y consumar su venganza personal.
Haría que la historia olvidara por completo a la ciudad que, según él, había traicionado a su padre y a su tío.
Y no dudó en hacerlo mediante una auténtica masacre. Las calles del oppidum se convirtieron en ríos de sangre; las viviendas y edificios principales acabaron reducidos a cenizas; y aquellos hombres que un día gobernaron Iliturgi desaparecieron para siempre de la memoria colectiva.
Venganza por traición. Y el poder de Roma sellando, una vez más, el destino de hombres, ciudades e incluso naciones enteras.
Ahora os dejo un par de preguntas: sin aquella traición de Iliturgi, ¿contaríamos hoy esta historia de otra manera? ¿Conoceríamos algo más que los actuales restos de este oppidum si no fuera por lo poco que Tito Livio dejó escrito?
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