Volver a casa para celebrar toda una vida de profesión

El Colegio de Aparejadores y Arquitectos Técnicos reúne al pasado, presente y futuro de la profesión en un entrañable acto de entrega de insignias
Los edificios se sostienen sobre pilares. Pero hay construcciones que se levantan sobre algo todavía más importante; el tiempo, la memoria y las personas que les dan sentido. Anoche, en la sede del Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Jaén esos tres elementos volvieron a encontrarse bajo un mismo techo.
La tradicional entrega de insignias se celebraba este año a la sede colegial. No pudo ser más simbólico. Compañeros reencontrándose después de años, saludos en los pasillos, abrazos largos, familias compartiendo el momento. Había una sensación común entre todos los asistentes; la sensación de estar viviendo algo especial. La sede se quedó pequeña. Y pocas veces eso había sido una noticia tan buena.
Lo que se celebraba era una entrega de insignias. Pero lo que realmente se vivió fue una exaltación colectiva de la profesión.
Sobre el escenario fueron pasando quienes empiezan ahora su camino colegial, quienes cumplen 25 años de colegiación, los que alcanzan el medio siglo de ejercicio y aquellos que cierran su etapa laboral con la jubilación. Varias generaciones compartiendo el mismo espacio, el mismo aplauso y el mismo sentimiento de pertenencia.
Uno de los momentos más significativos de la noche fue la entrega de la Medalla del Colegio, máxima distinción de la corporación, a la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Edificación de Granada. El reconocimiento fue entregado por el presidente Manuel Garrido y recogido por la directora de la Escuela, Ana María Cruz Valdivieso, como símbolo del vínculo histórico entre la institución académica y generaciones de arquitectos técnicos formados en sus aulas. Muchos de ellos, presentes en el acto.

La tarde tuvo también un reconocimiento especialmente emotivo a Manuel Martínez Carrillo, que forma parte de la historia viva de la institución. Secretario y presidente del Colegio entre 1997 y 2001, recibió un homenaje especial en uno de los momentos más sentidos de la velada.
Durante su intervención de clausura, Manuel Garrido reivindicó el orgullo de pertenencia a una profesión que ha sabido evolucionar con el tiempo sin perder su esencia, y defendió un Colegio más abierto, cercano y conectado con los retos del presente y del futuro.
Pero quizá el mejor resumen de la noche llegó cuando terminó el acto.
En las fotografías improvisadas entre compañeros. En quienes buscaban a antiguos colegas entre el público. En las conversaciones que se alargaron alrededor de una cerveza. En los recuerdos compartidos. En quienes acababan de recoger una insignia y en quienes miraban ese momento sabiendo que también forma parte de su propia historia.
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