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EL PASTOR DE JAÉN QUE CONVIERTE LA TRASHUMANCIA EN UN PROYECTO DE FUTURO

EL PASTOR DE JAÉN QUE CONVIERTE LA TRASHUMANCIA EN UN PROYECTO DE FUTURO

Por Fran Cano -
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Javier Guerrero impulsa Vida Trashumante, un proyecto que acumula premios en todo el mundo gracias y revaloriza la figura del ganadero como gestor ambiental

Javier Guerrero Vilches (Santiago-Pontones, 1997) tomó su decisión en la adolescencia, aceptó los temblores familiares y desde entonces no ha parado de apostar por la ganadería. El chico de 17 años que dejó los estudios para seguir con el trabajo de su padre, Fortunato Guerrero, ha impulsado Vida Trashumante, un proyecto que colecciona casi una veintena de premios en nueve países diferentes. La ganadería y la venta de aceite se fusionan en una idea que apenas lleva año y medio, vertebrada por el cariz medioambiental del proyecto y por la economía circular, ambos innegociables para el ganadero.

"Soy un pastor convencido. Y aunque no cursar una carrera generó problemas en casa, el tiempo me ha dado la razón", afirma, rotundo, Javier Guerrero, quien empezó su andadura como autónomo del sector primario en 2018, aunque en el campo lleva toda la vida. Atiende a Lacontradejaén después de una jornada —otra más— maratoniana, que comienza a las cinco de la madrugada y concluye a las tres de la tarde; en verano existe la "obligación" de acabar al mediodía.

Guerrero tiene cerca de 1.300 ovejas que rotan cada seis meses entre Santiago-Pontones y el Parque Natural Sierra de Cardeña y Montoro (Córdoba). La empresa incluye la gestión del olivar, y ahí integra ambas actividades. "Los animales se comen la hierba y se da una simbiosis perfecta entre agricultura y ganadería", describe. Siembran alfalfa, paja y grano para alimentar al rebaño.

Vida Trashumante incluye la comercialización de productos. El principal ahora es el aceite, presentado con ingenio. La botella emula una oveja —en alusión a la economía circular— y está envuelta en lana de verdad y apoyada sobre un taco de madera, realizado por un carpintero de Marmolejo. "Como nos movemos entre Santiago-Pontones y Marmolejo, queremos poner en valor la profesión de los artesanos", reivindica.

 Javier Guerrero, con sus ovejas. Foto: Delma Álvarez.
Javier Guerrero, con sus ovejas. Foto: Delma Álvarez.

UN EVENTO PARA PROMOCIONAR LA GANADERÍA EXTENSIVA

El año pasado, Javier Guerrero congregó a 200 personas en Marmolejo durante dos días con la primera edición de 'Vive y conoce la trashumancia', un evento que encaja con la filosofía que practica: acercar el oficio para que, más que una postal romántica, permita un diálogo entre el pasado y el presente de la profesión. Habrá segunda edición, adelanta el organizador.

"El objetivo es vivir de nuestro trabajo e intentar que sea lo más rentable y eficiente posible. Es lo que todo el mundo quiere", razona el empresario, quien entiende que hay espacio para mantener los valores sin renunciar a asumir los retos del mundo moderno. "Si seguimos la logística de nuestros abuelos, hace 60 años, nos damos cuenta de que unas cosas funcionan y otras ya no", indica.

Guerrero repite con insistencia un concepto: defender la ganadería extensiva más desde su valor medioambiental que únicamente como proveedora de alimentos. La idea, que ya está en práctica y sigue potenciándose, pasa por respetar los ciclos naturales del mundo rural y mantener la coherencia entre el trabajo de campo y la comercialización de los productos.

 El evento 'Vive y conoce la trashumancia', en su primera edición.
El evento 'Vive y conoce la trashumancia', en su primera edición.

"¿RELEVO GENERACIONAL? NECESITAMOS RENTABILIDAD"

Javier Guerrero sabe que aquella decisión de dejar los libros y aprender el oficio al lado de su padre permitió que el relevo generacional se produjera de forma natural. Más allá de su caso, sigue siendo uno de los grandes retos del sector primario. Pero ¿por qué son minoría los ganaderos jóvenes y por qué habrá explotaciones que cerrarán sin que nadie las asuma?

"Porque nuestro sector es ruinoso. Porque ha dejado de ser rentable. Por eso la gente se va a otros trabajos", interpreta el empresario, quien extiende su diagnóstico al olivar tradicional español. "Cuando se habla de relevo generacional, desde el prisma político se le da muchas vueltas, pero no podemos olvidar que el primer objetivo es la rentabilidad", apostilla.

En este sentido, Javier Guerrero recela de determinadas innovaciones tecnológicas que, más que agilizar el trabajo, dificultan la labor de los ganaderos, sobre todo de aquellos que todavía tienen pendiente la alfabetización digital.

"Cada vez que movemos a los animales desde Santiago-Pontones hasta Marmolejo tenemos que notificarlo telemáticamente. Si no lo haces, hay penalizaciones en las ayudas. Yo lo hago, pero la edad media del sector supera los 50 años y muchos no saben hacerlo; hay que simplificar y falta voluntad política", resume.

LA FAMILIA PROPIA Y LAS OPORTUNIDADES DEL PUEBLO

Guerrero se quedó dormido en la prórroga de la final del Mundial entre España y Argentina, el pasado domingo. Cuando despertó supo que el equipo de Luis de la Fuente había conquistado la segunda estrella. El sacrificio tiene consecuencias. Incluso así, el marmolejeño es un privilegiado: puede irse de vacaciones organizándose con su padre y con el equipo de trabajo que asume las tareas del olivar.

No le asusta el futuro, por más que la carga de trabajo sea ingente y los obstáculos se acumulen. Quiere formar una familia con su pareja; el matrimonio llegará y, después, los hijos. "Yo quiero mantener lo que estamos haciendo, dando pasos firmes y pequeños para revalorizar la figura del pastor como gestor ambiental", remarca.

En lo que está por venir, Javier Guerrero confía en sus pueblos, Santiago-Pontones y Marmolejo, cuyo Ayuntamiento respalda el proyecto. El ganadero ve oportunidades en lugares donde el vínculo emocional también da musculatura a la iniciativa. "Creemos que las posibilidades de crecer solo pasan por Sevilla, Barcelona o Madrid, pero quien tiene pueblo, también tiene un tesoro", añade.

Precisamente fue en Los Rosales, aldea de Frailes, donde el trashumante recibió uno de los Premios Mundo Rural 2026, impulsados por El Dornillo, la Fundación Savia y el Hogar El Paraíso, con el apoyo de la Diputación de Jaén y de los ayuntamientos de Frailes y Valdepeñas de Jaén. Cuando Guerrero tomó el micrófono, la gente escuchó primero y aplaudió después. Él dijo:

"Cuando con 17 años le dije a mi madre que quería ser pastor, ella se puso a llorar. Ahora ya no lo hace. Y qué mal lo hemos hecho política y socialmente para que alguien interprete que heredar el oficio de sus padres es fracasar en la vida".

Rindió homenaje a su madre, Isabel Vilches, ama de casa y sostén del hogar. También se acordó de sus hermanas, Isabel María y Laura Guerrero, ingeniera de caminos y trabajadora social, respectivamente. Y le dio la vuelta a los conceptos de éxito y fracaso, tan manipulados, también en el mundo rural.

 Javier Guerrero, a la derecha, en los Premios Mundo Rural 2026. Foto: Fran Cano.
Javier Guerrero, a la derecha, en los Premios Mundo Rural 2026. Foto: Fran Cano.

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