Cerrar Buscador

"Creí que mi exposición no le iba a interesar a nadie, pero no es así"

Por Javier Cano - Enero 25, 2025
Compartir en X @JavierC91311858
"Creí que mi exposición no le iba a interesar a nadie, pero no es así"
José María Fuentes ante algunas de las piezas de producción propia que expone en el Museo Cerezo Moreno de Villatorres. Foto: Javier Cano.

José María Fuentes Jiménez (Villargordo, 1944) ha sacado de casa su mundo particular para trasladarlo hasta el Museo Cerezo Moreno de Villatorres, donde expone el fruto de toda una vida entregado a la artesanía, el dibujo, la poesía, la recuperación de la memoria rural, la fotografía y el coleccionismo

Una muestra que es, también, el homenaje con el que su pueblo reconoce los méritos de este hombre sobrio y sencillo cuya curiosidad no cumple años. 

—¿Qué le empujó a desempolvar cántaras, aperos de labranza, radios antiguas, piezas artesanas de esparto y hasta esa motocicleta de mediados del XX que, entre otros muchos objetos, conforman El mundo de José María Fuentes?

—Un día me lo propusieron, y lo hemos hecho. 

—¿Cómo lleva eso de que lo que hasta ahora solo podían disfrutar sus más íntimos, esté a la vista de todos en un museo, lo mismo que los bodegones y retratos de Cerezo o sus piezas de cristal de La Granja?

—Es una satisfacción para mí, claro que sí. 

—El pasado domingo se inauguró la muestra y, por lo publicado, parece que estuvo usted muy arropado por los vecinos de su pueblo y hasta por quienes se desplazaron desde otros puntos de la provincia para acompañarle y disfrutar de su universo particular. ¿Esperaba esa respuesta de la gente?

—Pensé que a lo mejor no le iba a interesar a nadie, pero la verdad es que hubo muchísima gente, sí. 

—Así por encima, señor Fuentes: en la exposición se exhiben objetos creados a través de distintas disciplinas. Por ejemplo, piezas de esparto. ¿Se ha dedicado usted a esta labor artesanal profesionalmente?

—No, no: en los años 80 del siglo pasado caí enfermo, mi padre estaba todo el día haciendo esparto y como vivíamos ya en unas casas juntas, me juntaba con él, me dio esparto y empecé a hacerlo. Y así sigo; el otro día mismo, un señor que tiene aperos de labranza me pidió que le hiciera unos ceberos para recoger los huevos de las gallinas que tiene.  

—Llaman la atención de los visitantes los dibujos en los que recrea antiguos aperos de labranza...

—Son piezas que tengo en algunos casos, y las que no tengo recuerdo cómo eran, cómo funcionaban y cómo estaban hechas, y las dibujo. 

—Pero esa capacidad para el dibujo, José María, ¿es un talento que ha descubierto recientemente, o ya había practicado con el lápiz a lo largo de su vida?

—Hace muchísimos años compré en Jaén un curso de carboncillo e hice lo que pude; y ahora, hace unos pocos años, me dio por dibujar un apero de labranza, vi que me salía bien y me puse a hacer otro y otro y otro..., así hasta unos cien dibujos. 

 Una vieja motocicleta de mediados del XX o una selección de los dibujos con los que Fuentes evoca los antiguos aperos de labranza, en un rincón de la muestra. Foto: Javier Cano.
Una vieja motocicleta de mediados del XX o una selección de los dibujos con los que Fuentes evoca los antiguos aperos de labranza, en un rincón de la muestra. Foto: Javier Cano.

—Cántaros, fuentes de Graná, decantadores... El atrezzo de la exposición resume una colección que parece impresionante. ¿Por qué ha apostado por conservar esos elementos, en muchos casos ya en desuso?

—Cada uno nacemos con una inclinación, y yo desde pequeño (me remonto a los años 5, cuando ya tenía uso de razón) veía los camiones de las fábricas de óxido y pintura, que entraban en Villargordo y los zagales nos enganchábamos a ellos: de hecho tengo algunos dibujos también de aquellos camiones, con las cabinas cuadradas y la 'trompeta' colgada en la puerta, que accionaban con una manivela. Siempre he sido muy observador, esa ha sido mi afición. 

—Y observando, observando...

—Me junté con mi amigo Tomás [Lendínez García, cronista oficial de Villargordo], que es un 'Supermán' y tiene muchas cosas, y empezamos a ir a los mercadillos. Así he juntado todo.  

—Entre esas virguerías que expone usted, una moto Guzzi de 1948, cocinas de petróleo, radios históricas, un televisor y un tocadiscos de los 60, un lucernario de aceite de finales del XIX, cámaras fotográficas que en algunos casos arrastran ya un siglo de existencia... ¡Hasta una extraña piedra que asegura que es un meteorito!

—¡Y lo que no está en la exposición!, varios coches clásicos y los tractores que compré cuando dejé de trabajar (me han entusiasmado siempre): ocho tractores junté en una nave, un 600, un 'Escarabajo', motos... Ya estoy mayor y me he deshecho de bastantes cosas. 

—La fotografía, otra de las protagonistas de El mundo de José María Fuentes

—En los años 80 fue cuando vinieron los primeros líquidos de matar la hierba y vi que se perdía lo que era el campo conforme estaba; entonces cogía mi cámara y en las primaveras, cuando veía una parcela verde llena de flores, la fotografía, antes de que desapareciera. O las nevadas, o las tormentas de polvo del Sáhara, o las calles decoradas para el Corpus...

—¿Y la poesía?

—Nunca me había dado por eso, pero conocí a Francisco Tirado, que vino a Villargordo a ver si encontraba a alguien que le informara del pueblo, y una noche me llamó para ver si podía ayudarle. Empezamos a hacer cosas y una noche cogí y empecé a escribir, así he hecho lo poquillo que he hecho. 

—El catálogo de exposiciones abiertas ahora mismo en la provincia es amplio, hay para todos los gustos. ¿Por qué debe visitar el público la suya, José María?

—Lo primero y principal es porque hay que tenerle cariño al pasado; yo, por ejemplo, veo unas radios antiguas o unas piezas hechas de esparto, y para mí es una ilusión muy grande. Además son cosas que la gente desconoce, hay quien no sabe ni lo que es el esparto ni cómo se hace. 

 Cartel de la exposición.
Cartel de la exposición.

He visto un error

Únete a nuestro boletín

COMENTARIOS


COMENTA CON FACEBOOK