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Ildefonso Mena: cuando la jubilación es un auténtico regalo

Por Javier Cano -
Compartir en X @JavierC91311858
Ildefonso Mena: cuando la jubilación es un auténtico regalo
El recién jubilado trabajador municipal, con la placa recibida. Foto: Ayuntamiento de Fuensanta.

Tras una vida de duro trabajo, desde hace pocos meses dispone del tiempo que sus obligaciones laborales le impedían dedicar a la familia, el campo o la pesca

Recién jubilado, el Nobel Mandela aseguraba que si había algo que podría matarlo, eso sería despertar en la mañana sin saber qué hacer.

En su misma situación se encuentra Ildefonso Mena Ortega (Fuensanta, 1962), recién retirado del servicio y, como el líder sudafricano, de todo menos quieto, encantado de la vida con su nuevo estado (asegura que para él todos los días son domingo y que no le ha costado nada acostumbrarse) pero activo, vivo. 

Y es que para este fuensanteño nacido un mes de febrero de hace sesenta y cuatro años la jubilación le llegó (precisamente en febrero de 2026) como eso, como un auténtico regalo, que le ha permitido no solo disponer de más tiempo para la familia (su principal impulso) sino, también, para recuperar aficiones, gustos.

"Me vino perfecto", asegura a Lacontradejaén, y comenta sobre su nuevo día a día: "Por la mañana me vengo a la parcela y estamos todo el día en la huertecilla con nuetros tomatillos y nuestras cosillas". 

Justo dos años antes de su nacimiento, allá por 1960, Manolo Escobar grababa aquella canción cuyo título le cae que ni pintado a Ildefonso: Yo soy un hombre del campo. Sí, y eso que no se ha jubilado con la azada en la mano, que su último empleo (¡diecisiete años, que se dice pronto!) ha sido el de conductor operador de maquinaria en el Ayuntamiento de su patria chica: "Este último trabajo ha sido el mejor, tenía jornada de ocho a tres, y las tardes libres para irme a la parcela con la familia; ha sido perfecto, con muy buenos compañeros, fenómenos; y los tres alcaldes con los que ha trabajado, muy amables".

No en vano, el Consistorio le ha reconocido sus méritos laborales con la entrega de una placa que su esposa, Gloria, se ha encargado de colocar en un espacio destacado de su casa. Una esposa con la que lleva "prácticamente toda la vida" y por la que, el primer año de noviazgo, se recorría cada noche los cuatro kilómetros que lo separaban de su casa y el cortijo donde ella trabajaba. Con ella formó una familia de dos hijas (una matrona que vive en Suecia y una fisioterapeuta que ejerce en Martos), y la nieta por las que se les cae la baba y son capaces de hacerse los más de 3.500 kilómetros que hay entre Fuensanta y tierras suecas.  

Pero volviendo al campo... Es una pasión, una querencia que tironea de él acaso porque puede permitirse cuidarlo y trabajarlo por devoción, más que por obligación, no como antes, cuando la vida, en plena adolescencia, le impuso el esfuerzo y las fatigas como pan de cada día: "Mi padre fue toda su vida agricultor, y yo empecé con diez años; los once los cumplí en la aceituna, ganaba al día ciento catorce pesetas. He segado, he trillado, he estado en Francia cogiendo cerezas, en la vendimia...".

Lo dicho, una primera juventud sacrificada, pero no quedaba otra. Ahora, la recompensa es la de poder disfrutar de aquello que tanto le hizo sudar.

Luego a la mili, donde puso los cimientos de una trayectoria con más kilómetros que la moto de un hippie: "Me saque el carné de camión, y cuando terminé estuve quince años de conductor de un tráiler".

Harto "de estar por ahí", cambió el asiento del chófer por los sillones, pero no para descansar, sino para tapizarlos en el negocio de un familiar. Y de ahí, al Ayuntamiento de Fuensanta, en 2009.

Se ha ganado el descanso, que aprovecha (además de en su huerta y con los suyos), yendo a pescar y, si llueve, a buscar setas. Y, por supuesto, en su pueblo, del que jamás ha sentido la tentación de alejarse del todo, por más que el camión o las temporadas agrícolas lo llevasen de acá para allá: su casa siempre estuvo (y ahí sigue) en Fuensanta. 

Ese precioso municipio jiennense para el que Ildefonso Mena Ortega no tiene más que palabras de gratitud: "Estoy muy agradecido por los reconocimientos que me han hecho". Y algún buen consejillo: "Que tranquilos, que todo llega, que cuando les llegue la jubilación la sepan aprovechar". 

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