Cerrar Buscador

LA MEMORIA ABRE LA PUERTA GRANDE A CARNICERITO DE ÚBEDA

Por Javier Cano -
Compartir en X @JavierC91311858
LA MEMORIA ABRE LA PUERTA GRANDE A CARNICERITO DE ÚBEDA
El matador, en su época de apogeo. Foto: Archivo de Javier Cano.

En el año del cincuentenario de la muerte del recordado matador de toros, Lacontradejaén repasa una aventura vital y artística marcada por la tragedia 

Cuando Juan Belmonte sentenció aquello de que su íntimo enemigo en las plazas y amigo fuera de ellas, Joselito el Gallo, le ganó la pelea la tarde del 16 de mayo en Talavera de la Reina, dejó claro que para quien viste de luces no existe mejor opción de buena muerte que la de caer en la arena. 

Un destino que ni el mismo Pasmo de Triana cumplió armado como se fue no de estoque, más bien con el frío revólver que desde el trípode de sus propias manos lo desmonteró para los restos. Otros ni siquiera lo decidieron por sí mismos y coincidieron con el vértice afilado de la hoz no en el amarillo albero de las tardes de gloria, sino sobre el asfalto gris. 

Entre estos últimos, un torero de la tierra donde Lagartijo tomó la alternativa hace ya la tira de años: Antonio Millán Díaz, en los carteles Carnicerito de Úbeda.

Fue en 1976, este año hará medio siglo de aquella salida a hombros camino de una memoria que, hoy, Lacontradejaén recupera en recuerdo de quien mantuvo ilusionada a la afición ubetense y del resto de la provincia el poco tiempo que tuvo para comenzar su carrera, triunfar y hasta escribir su leyenda, antes de enlutar la Fiesta.

 Carnicerito de Úbeda. Foto: Úbeda, hombres y nombres.
Carnicerito de Úbeda. Foto: Úbeda, hombres y nombres.

"Fue un estilista del toreo, clásico, en una época en la que predominó la oponente valentía, en la que los recursos naturales hacían aparecer a los ojos de todos como suicida una faena que solo podía calificarse de mediocre. Supo mandar, templar y llevar su arte inspiradísimo a la verdadera afición", escribió de él Ramón Quesada Consuegra (1930-2016) en su magno Úbeda: hombres y nombres.

Una opinión, en lo artístico y en lo fieramente humano (que diría el poeta Blas de Otero) que refrenda el banderillero y cantaor Enrique Soto (Linares, 1950), amigo de Carnicerito: "Lo conocí bastante, era buen hombre y buen torero, yo sentí mucho su muerte, guardo de él un recuerdo buenísimo". Soto apostilla: "Merece mucho más de lo que se le ha dado, si Carnicerito de Úbeda hubiera nacido en Sevilla o en Cádiz, hubiera sido otra cosa".

Carnicero en sus inicios (de ahí su apodo en los carteles), de él dejó negro sobre blanco Quesada Consuegra que nació en septiembre de 1947 (el año de la muerte del estilista por antonomasia y en la Ciudad de las Minas, Manolete); que vistió de luces por vez primera en 1964, debutó con picadores en el 65, en Madrid dos años más tarde y que tuvo su bautismo de sangre ese mismo año en Zaragoza, todo ello antes de doctorarse en su Úbeda en el revolucionario año 68, con un padrino de excepción, el mismísimo Antonio Ordóñez, en tantas cosas reflejo de los mayores anhelos estéticos de Millán. De testigo, otro nombre propio, Ángel Teruel. 

Siguiendo al biógrafo, confirmó alternativa en Las Ventas en 1969 con Paco Camino y Paquirri (otro cartel de lujo), en una trayectoria copada de triunfos (abrió la puerta grande del coso madrileño tres tardes, en el 71). A partir de entonces, una carrera fulgurante a la que, eso sí, le estorbaron las cornadas que poblaron el cuerpo del diestro ubetense y (cuentan las crónicas) los despachos taurinos, donde los apoderados buenos hacen que sus pupilos vayan en volandas y los malos, que no levanten el vuelo.

 Carnicerito recibe la alternativa de manos de Antonio Ordóñez. Foto cedida por Diego Godoy.
Carnicerito recibe la alternativa de manos de Antonio Ordóñez. Foto cedida por Diego Godoy.

No le guardaba la historia una muerte épica, de esas que generan versos y coplas, como cuando Perdigón sobrecogió a España llevándose por delante al Espartero o Granadino hizo lo propio un verano del 34 con Sánchez Mejías, el dios de García Lorca. 

"Yo estuve en una discoteca con él, la noche antes de su muerte", evoca Enrique Soto, quien afirma que el matador murió "en el coche de su novia": "No bebía ni nada, vivía para el toro y para la carnicería, con su hermano. Son cosas que pasan", como diría el milonguero Larralde.

Una calle de Úbeda lo recuerda en su rótulo cotidianamente, como esa estatua que firmó Palma Burgos y en la que dicen que participó también su hermano, el gran Francisco. Y un sobrino suyo, torero también, heredó el nombre artístico paseándolo otra vez por carteles de postín. 

¿Su tumba? En el cementerio de San Ginés, donde yacen el propio Francisco Palma Burgos o el cronista Alfredo Cazabán, a quien ya le hubiera gustado escribir una crónica de las suyas con Carnicerito de Úbeda como protagonista. 

 Monumento en honor del torero ubetense. Foto cedida por Diego Godoy.
Monumento en honor del torero ubetense. Foto cedida por Diego Godoy.
 

He visto un error

Únete a nuestro boletín

COMENTARIOS


COMENTA CON FACEBOOK