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MENDIZÁBAL Y JAÉN: UN SIGLO DE AQUEL 'FLECHAZO'

Por Javier Cano -
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MENDIZÁBAL Y JAÉN: UN SIGLO DE AQUEL 'FLECHAZO'
De frente, junto a su esposa, Leonor Allende, el poeta Federico de Mendizábal, con el alcalde Ramón Calatayud (a su derecha), en 1973. Foto: Archivo de Javier Cano.

En 2026 se cumple el primer centenario de la llegada a la capital jiennense del autor de su himno, madrileño de cuna y procedente de Almería, su primer destino administrativo

Madrid, Almería, Jaén... Como en Fatum (el hermoso poema que Miguel D'Ors dedicó a Machado), todos los destinos conducen a uno, pero al contrario que los versos del poeta compostelano y su fúnebre término en Colliure, para Federico de Mendizábal García-Lavín (Madrid, 1901-1988) el suyo fue luminoso, vital: el Santo Reino.

Un siglo hace, en 2026, de la llegada del autor de Por la Senda de los Huertos (tierra de mis hijos) a la capital de la provincia jiennense: un 'flechazo' histórico que llevaría al autor a firmar alguna de sus mejores creaciones en el mar de olivos y, de paso, a eternizar un vínculo que ni la distancia ni incluso la muerte han logrado evanescer. 

 Portada del libro del poeta Federico de Mendizábal.
Portada del libro del poeta Federico de Mendizábal.

¿Que cómo empezó todo? En las aulas de una academia madrileña para opositores, de nombre Reus, como comentaba el hijo de Federico y su esposa Leonor (fallecida en 1994), Rafael de Mendizábal Allende (Jaén, 1927-Madrid, 2023) a Lacontradejaén, poco antes de su muerte:

"Allí prepararon sus oposiciones para Hacienda, y allí se conocieron". Un romance vertiginoso que aquel mismo año 1926 los llevó a desposarse en la iglesia de San Lorenzo de la villa y corte, desde donde partieron, ya unidos en matrimonio, hacia tierras almerienses, donde el autor del himno de Jaén encontró su primer destino profesional. Como era costumbre en aquella época, la consorte iba donde iba el marido.

Pocos meses en Almería, aunque de grato recuerdo para la pareja, y de ahí a Jaén. ¿Al edificio de la Agencia Tributaria en la por entonces Plaza de las Palmeras? Pues no, ni mucho menos, que por entonces la más temida de las delegaciones se ubicaba en el palacio provincial, o sea, en la Diputación, junto con el Gobierno Civil, el museo y un buen número de instituciones más. 

La pregunta del millón: ¿por qué vinieron a la Ciudad del Lagarto? ¿Tan poco duró el trabajo de Federico de Mendizábal en la menos lluviosa de las capitales andaluzas?

 Federico de Mendizábal y su esposa, Leonor Allende, el día de su boda, en la década de los 20 del pasado siglo. Foto: Archivo de Javier Cano (prohibida su reproducción sin autorización expresa del propietario).
Federico de Mendizábal y su esposa, Leonor Allende, el día de su boda, en la década de los 20 del pasado siglo. Foto: Archivo de Javier Cano (prohibida su reproducción sin autorización expresa del propietario).

La respuesta está... en Leonor. "A mi madre la destinaron a Jaén, a Hacienda, y como en aquellos tiempos se podía disfrutar del llamado 'derecho de consorte', mi padre decidió trasladarse al destino de ella", evocaba Rafael de Mendizábal. Corría el mes de diciembre de hace cien años y Federico asumía el cargo de secretario general de la delegación jaenera. 

No vinieron solos: Álvaro (hermano menor del poeta) y Dionisia (hermana de Leonor) se hicieron, también, jaenitas de paso. ¿Dónde vivieron? Primero, en el número 3 de la popular calle Salido, afluente de los Jardinillos desde la cascada de la actual calle Doctor Eduardo Arroyo (la de Correos de toda la vida, toda vez que la Plazoleta de las Cruces cayó bajo la piqueta en los años 70).

Luego, al 9 (hoy 7) de la cuesta de la Alcantarilla, casi frontero con la puerta de Noguera, hogar este donde el escritor se cuajó aquello de "Eres harén / con luz de sol / en que cautivo / se deshoja el corazón..." y donde vivió años de gratísimo recuerdo la familia, compuesta por el matrimonio Mendizábal Allende y sus dos criaturas, el ya citado Rafael y Blanca, cuyos ojos se cerraron para siempre en 2007. 

 En esta casa de la cuesta de la Alcantarilla vivieron los Mendizábal, hasta su marcha a Madrid. Foto: Javier Cano.
En esta casa de la cuesta de la Alcantarilla vivieron los Mendizábal, hasta su marcha a Madrid. Foto: Javier Cano.

A ellos dedicó el poeta el más jaenero de sus libros, el ya mencionado Por la Senda de los Huertos; hijos de Jaén, pues, que en 1935 se despidieron de su patria chica para volver, solo, en algunas ocasiones de sus vidas, siempre hermosas, como aquel viaje de 1973 en el que la ciudad rindió honores al autor de su himno dedicándole la antigua calle Mesones, momento que recoge la fotografía que encabeza este trabajo. 

O ya a finales de los 90, cuando la capital le concedió el título de hijo predilecto en el teatro Darymelia", rememoraba Rafael en conversación con este periódico. 

Y es que, además de escribir los versos de aquel canto que él y Emilio Cebrián hicieron imprescindible para cualquier jiennense, Federico de Mendizábal se integró de tal forma en la vida cultural y social de Jaén que cualquiera diría que no era de aquí.

Escribió poemas de gran calidad para la Semana Santa, con especial interés por la devoción nazarena a El Abuelo, al que convirtió en protagonista de sonetos como Salida de Nuestro Padre Jesús, el antológico "Redoblar de tambor a paso lento...", por más que la IA (¡ay la IA) se lo atribuya, erróneamente, al maestro Alcalá Venceslada. 

Poema, por cierto, que durante mucho tiempo puso el broche de oro, en la histórica voz del Orfeón Santo Reino, al pregón pasionista jaenés. 

 Mendizábal, segundo por la izquierda, y Cebrián (primero por la derecha), junto al busto de Bernardo López, en la calle Ramón y Cajal, en una imagen de los años 30. Foto: Archivo de Javier Cano.
Mendizábal, segundo por la izquierda, y Cebrián (primero por la derecha), junto al busto de Bernardo López, en la calle Ramón y Cajal, en una imagen de los años 30. Foto: Archivo de Javier Cano.

"Mi padre siempre conservó el recuerdo de Jaén", asegura su hijo Rafael de Mendizábal Allende. Dirigió la Agrupación Artístico Literaria de Jaén (dicho quede, por si la cultureta local decide revivir aquella entidad y, como ocurre con los últimos ateneos, se olviden o desconozcan los que hubo de verdad) y participó en recitales y representaciones teatrales a mansalva, por todo el territorio provincial. 

En su bibliografía, aparte de lo ya dicho, títulos tan entrañables como Los romances fronterizos de la provincia de Jaén o Constelación del Sur: Almas y Paisajes de Jaén, que junto con la ingente cantidad de artículos para la prensa, las publicaciones del IEG o revistas como Paisaje (de su gran amigo el cronista Luis González López )firmó durante su estancia en estas tierras, e incluso una vez afincado ya, definitivamente, en Madrid. 

Cien años después, cada vez que Jaén entona su himno rinde tributo (acaso involuntario) al 'no jaenero' más enamorado de 'su' Jaén. 

 Manuscrito del Canto a Jaén, autografiado por Mendizábal para su amigo Ramón Calatayud. Foto cedida por Ramón Calatayud Lerma.
Manuscrito del Canto a Jaén, autografiado por Mendizábal para su amigo Ramón Calatayud. Foto cedida por Ramón Calatayud Lerma.

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