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DIEGO JEREZ JUSTICIA, EL MARAÑÓN DEL SANTO REINO

Por Javier Cano - Agosto 30, 2025
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DIEGO JEREZ JUSTICIA, EL MARAÑÓN DEL SANTO REINO
El médico de Cabra del Santo Cristo Diego Jerez Justicia. Foto cedida por Flor Jerez Cardenete.

Este verano de 2025 se cumple el décimo aniversario de la muerte del humanista cabrileño, cuya trayectoria vital y profesional trascendió las consultas y dejó un legado intelectual, gráfico y cultural de primer orden 

"Las manos que pusieron tantas veces / consuelo en otras manos...". Son solo dos versos de la monumental elegía que Luis Rosales (1910-1992) dedicó a su amigo Gregorio Marañón (1887-1960), el médico humanista por antonomasia.

Palabras poéticas que el escritor granadino bien podría haber firmado en honor de Diego Jerez Justicia (Cabra del Santo Cristo, 1930-Torremolinos, Málaga, 2015), cuya trayectoria vital, profesional, intelectual y cultural lo hacen merecedor de ser considerado, con todos los respetos, el Marañón del Santo Reino. 

Diez años se cumplen, este verano de 2025, de la muerte del médico cabrileño, un periodo que concede la perspectiva suficiente como para poner en valor la memoria de quien amó tanto a la provincia que se batió el cobre para defender su patrimonio o mostrar sus encantos (cámara en mano) con la misma pasión con la que ejercía su nobilísimo oficio.

Una labor la suya que, a una década de su partida y a cinco años de su primer centenario, evidencia una falta de reconocimiento cien por cien Jaén, esa triste costumbre de aquí que acumula ya tantos nombres injustamente olvidados como para rotular las calles de tres o cuatro ciudades. 

Otra cosa es el homenaje cotidiano, el recuerdo constante, que no ha perdido ni el más mínimo vigor; de ahí que la figura de Diego Jerez continúe recibiendo, diariamente, el tributo que Gardel estimaba como el más hermoso de los aplausos posibles: el de la gente. "Todavía me viene gente a la farmacia y cuando leen mi nombre, me preguntan si soy familia de don Diego", comenta su hija Flor.

 Destacados en amarillo, Diego Jerez Justicia (segundo por la derecha) junto al insigne Gregorio Marañón, su profesor. Foto cedida por la familia Jerez Cardenete.
Destacados en amarillo, Diego Jerez Justicia (segundo por la derecha) junto al insigne Gregorio Marañón, su profesor. Foto cedida por la familia Jerez Cardenete.

APUNTE BIOGRÁFICO

Apuntadas ya la fecha y el lugar de nacimiento del protagonista de este reportaje, cabe destacar el ambiente sanitario en que se desenvolvió su biografía. Perteneciente a una familia de profesionales farmacéuticos, eso de devolver la salud al personal parecía venir inoculado en la sangre de Jerez Justicia, quien en cuanto llegó el momento de decantarse por una carrera escogió la que tiene en la bata blanca el ornamento principal a la hora de revestirse. 

Especializado en Medicina Interna y Endocrinología, la Universidad madrileña le procuró no solo ese título que además de honrar al hombre (siguiendo el pensamiento de Maquiavelo) fue honrado por él, sino también el contacto directo con aquel científico, historiador, político, escritor y pensador (en definitiva, con aquel gran humanista) que fue Gregorio Marañón.

"Lo de Marañón lo marcó mucho, mucho", sentencia Flor Jerez Cardenete, y recuerda unas palabras de su padre evocando a quien, andando el tiempo, daría nombre al marquesado de Marañón:

"La primera lección que nos dio don Gregorio fue al llegar, cuando nos preguntó al grupillo de estudiantes que cuál era el instrumento más importante del médico. Yo le dije que el fonendo, pero él nos dijo que era la silla, para sentar al enfermo, preguntarle, estar con él...". 

Una vez licenciado, su primer destino como médico fue Lupión: "Iba a ejercer en Cabra, pero mi madre le sugirió que se presentara a unas oposiciones; se puso a estudiar y las sacó. Después se presentó a restringidas y obtuvo muy buen número, pero prefirió quedarse en Jaén, donde tenía a la familia".

Quien lo animó a hincar los codos y apostar por un destino más ambicioso y seguro era María Dolores Cardenete del Moral, paisana y hasta pariente lejana de Diego a la que quiso desde la adolescencia de ambos y que terminó con él en el altar, allá por 1959. Del matrimonio nacerían María Dolores y Flor Jerez Cardenete, también sanitarias (médica y farmacéutica, respectivamente). 

Jefe local de Sanidad, recordado galeno en la Beneficencia..., vivió y tuvo su consulta en la Plaza Deán Mazas, en el edificio donde antaño se erigía la histórica posada del León, que a veces abandonaba con un entrañable y enriquecedor objetivo: 

"Siempre fue un enamorado de Jaén, y eso lo evidenciaba en la casa, por supuesto; de chicos nos llevaba al campo a buscar restos arqueológicos; al formarse con Marañón mamó esa humanidad, esa antropología, y eso lo marcó mucho. Era médico, sí, pero le gustaba mucho la psicología de la gente, nos llevaba de chicos a ver las fiestas de los pueblos, la Semana Santa...", rememora Flor Jerez, y apostilla:  

"Era un médico que hoy en día no encuentras, de los antiguos, que te ven todo. Ahora te tienes que ir a uno u otro, pero estos te lo cogían todo. En Lupión, por ejemplo, era médico de todo, partos, forense... A veces decía que venía de ver a uno que se había ahorcado, no le quedaba más remedio".

 El recordado médico, rodeado de parte de su familia. Foto cedida por Flor Jerez Cardenete.
El recordado médico, rodeado de parte de su familia. Foto cedida por Flor Jerez Cardenete.

COMPROMETIDO CON JAÉN

Ese enamoramiento que Diego Jerez Justicia profesó siempre a su provincia se encarnó no solamente en la impronta que puso en bandeja a los suyos, sino también en un compromiso activo que abarcó diferentes campos, como buen humanista: desde la fotografía hasta la defensa del patrimonio, pasando por su servicio cultural al Santo Reino al frente de ensoleradas instituciones.

Entre ellas la Real Sociedad Económica de Amigos del País, dieciochesca entidad que a la par que aglutinó siempre a la flor y nata de la sociedad jiennense, nunca dejó de lado su vocación formativa y puso a disposición de muchos jóvenes educación (artística y de la otra). En ella llegó a ejercer como director en funciones quien también llevó las riendas del septuagenario Instituto de Estudios Giennenses, entre 1985 y 1992.

Un fructífero periodo en el que, tras suceder al histórico José Antonio de Bonilla y Mir, Jerez dio muestra de su amor a esta tierra a través de iniciativas como su apuesta por el Premio Jaén de Piano, cuando las horas bajas rozaron tan prestigioso certamen musical; sin olvidar el buen número de publicaciones que alentó o la convocatoria de galardones como el Cronista Cazabán de investigación histórica. 

En esta línea, que el Camarín de Jesús y más edificios de alto valor histórico artístico para la Ciudad del Lagarto estén actualmente en pie y abiertos le debe mucho (entre otros) al protagonista de La Contra de hoy. Miembro de los "Amigos de San Antón", se preocupó igualmente de interrumpir instantes en publicaciones como su Jaén en cien fotos, editado en 1986 y que tendría posterior correspondencia (solo un año después) allende el mar de olivos en Málaga en 100 fotos, cuando compartía ya su amor al terruño con la costa malacitana:

"Mi madre se empeñó en venirse a Torremolinos, se empeñó en tener un apartamento en el mar y se lo compró con una herencia; mi padre le decía que estaba loca, que eso en los años 80 era un nido de perversión. Le daba miedo que las niñas nos perdiéramos aquí", evoca Flor Jerez, quien en cuanto acabó la carrera recibió de su progenitor el sabio consejo de abrir botica en el municipio costasoleño. 

Una tarea esta, la fotográfica, que encuentra su ascendiente principal en su casi paisano (y también médico) Arturo Cerdá y Rico, cuyo ejemplo siguió al captar en sus imágenes figuras plenas de tipismo, antropológicos ejemplos.

Antes de eso, mucho antes, el médico cabrileño había evidenciado asimismo su compromiso jaenero involucrándose activamente en la conformación de la sección de Arqueología del Museo Provincial: 

"Empezó con la arqueología gracias a Juan González Navarrete [primer director del espacio expositivo del Paseo de la Estación], que era de Cazorla. Me acuerdo de chica que venía mucho a casa, cuando era soltero; lo adoptamos un poco, se venía los domingos y formaron una cuadrilla mi padre, Navarrete, Cerezo y Unghetti", explica, y anuncia: "Tenemos un cajón lleno de diapositivas de Jaén". ¡Lo que habrá ahí!

Pese a tanto como entregó, ni su pueblo natal ni la capital de la provincia (en la que vivió y ejerció en el más amplio sentido de la palabra) reconocen, por ahora, los méritos del humanista en forma alguna. 

 Amante de las tradiciones de Jaén, Jerez besa el Santo Rostro. Foto cedida por Flor Jerez Cardenete.
Amante de las tradiciones de Jaén, Jerez besa el Santo Rostro. Foto cedida por Flor Jerez Cardenete.

EN LAS DISTANCIAS CORTAS

El eslogan publicitario ochentero de una conocida colonia masculina lo dejó claro: "En las distancias cortas es donde un hombre se la juega". De ser así, y por lo que narra su benjamina, Diego Jerez Justicia sale más que airoso del trance. 

"Era serio en casa, el rol de rectitud lo llevaba mi padre, pero luego era cachondo; mi madre compensaba y mi padre era más estricto. Era un cielo, un abuelazo, pensando siempre en todo para los hijos; los dos han sido unos padres magníficos, pensando siempre en dejarnos arreglados, muy familiares".

Si el recuerdo es el perfume del alma, como creía George Sand, la estela de Jerez huele a gloria si se atiende a las palabras de Flor Jerez: "Lo recuerdo como una persona llena de energía, con una vitalidad tremenda, pensando en el futuro de los que lo rodeaban, aunque él no estuviera; siempre hablaba de plantar un árbol para que lo disfrutara el que viniera".

Y concluye: "Ese carácter que te ayuda a superar lo malo lo tengo gracias a la educación y los principios recibidos; era muy religioso, eso nos lo ha dejado: educación, sobriedad, decencia...". Eso que hace tanta falta a estas alturas de la película. 

En el columbario de la iglesia de Santa María del Mar de Torremolinos, junto a los de su querida esposa, reposan los restos mortales del inolvidable Diego Jerez Justicia.

 El médico cabrileño Diego Jerez Justicia. Foto cedida por Flor Jerez Cardenete.
El médico cabrileño Diego Jerez Justicia. Foto cedida por Flor Jerez Cardenete.

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