
LUIS SAGAZ ZUBELZU, UNA EMINENCIA MÉDICA EN JAÉN
Madrileño de cuna pero jiennense adoptivo, en 2026 se cumplen cien años del doctorado de este discípulo de Ramón y Cajal, alabado por grandes de la medicina
"Internista de tradición y cirujano de vocación", dijo de Luis Sagaz Zubelzu (Madrid, 1905-Jaén, 1983) su paisano de la villa y corte Gregorio Marañón, aquel eminente médico del que, en una maravillosa elegía, el poeta Luis Rosales destacó "la piedad general de su palabra", pero de cuya boca (así lo dejaron negro sobre blanco muchos de quienes lo trataron) no solían salir paños calientes, juicios blandos ni lugares comunes.
Otro eminente doctor, el jiennense Fermín Palma Rodríguez, se refirió a quien da nombre a la luminosa y jaenera calle Tablerón como "una ejemplaridad": "Por encima de la figura de D. Luis Sagaz va a estar su obra y su ejemplo", en las páginas del Seminario Médico del IEG, allá por 1984, un año después de la muerte del galeno protagonista de este reportaje.
Palabras que resumen la ingente bibliografía en la que se hace presente este discípulo predilecto del Nobel Ramón y Cajal, cuya brillante trayectoria lo trajo a un mar de olivos del que ya no se iría nunca, como queda patente en el tributo cotidiano que el Santo Reino le rinde en los callejeros de la capital y de Villargordo, en la memoria del 'temido' y entrañable hospital del Neveral y, de manera rotunda, en el cementerio de San Fernando, donde una lápida certifica la unión definitiva de la tierra de Jaén y el barro humanísimo de don Luis Sagaz.
Ya en agosto, el mes en que abrió sus ojos a la vida por vez primera, y en este 2026 del centenario de su doctorado en la Universidad madrileña, Lacontradejaén evoca su figura y su legado.

APROXIMACIÓN BIOGRÁFICA
Antes de abordar su trascendencia en la historia provincial, cabe aproximarse mínimamente a la aventura vital, la formación académica y humanísitica, la experiencia profesional acumulada a través de las décadas o los aspectos más íntimos, familiares, de quien, siguiendo la sentencia de Séneca, amó "el arte de la medicina" tanto como a la humanidad.
Así, escrito está que, en sus setenta y siete años en el mundo, este médico, psiquiatra y científico terminó la carrera de Medicina hace ahora un siglo con la vitola de ser uno de los discípulos predilectos de don Santiago Ramón y Cajal, a quien seis años antes de la llegada de don Luis a Jaén, su capital ya le había dedicado una de sus calles más transitadas y hermosas a la vera de la Catedral, del palacio de los Cobaleda-Nicuesa o de la casa del cronista Cazabán, vía urbana en cuyo ensolerado estanco estrecharon sus manos, por vez primera, el maestro Cebrián y el poeta Mendizábal.
Preferido, asimismo, del ya citado el ínclito Gregorio Marañón (que tuvo por estos lares a otro de sus más preciados alumnos y amigos, el cabrileño Diego Jerez Justicia), poco puede aportar este periódico al periodo previo a su venida a la provincia, prácticamente inédito (más allá de su conocida vinculación con la tarea de doctores como Úbeda Sarachaga, López Durán, Rozábal Farnes o Codina Castelví en sus laboratorios madrileños).
Una suerte de evangélica vida oculta de su protagonista que concluyó en 1928, cuando sus pies pisaron el suelo de aquí; año de nacimiento de la icónica Cerveza Alcázar y del recordado médico granadino-jaenés José María Sillero, que diría de Sagaz: "Como hombre, puedo decir y certificar, como todos los que le conocimos y tratamos, que fue una persona con una preocupación intensa y permanente por sus enfermos. Eso hacía que se ganara, por méritos propios, la reverencia de todo el personal del Sanatorio que
rendía culto verdadero, de afecto y de admiración, hacia su figura realmente honorable".
¿Su primer destino en el Santo Reino? Villargordo, a la sazón municipio independiente, hoy capital y uno de los tres núcleos de población que conforman Villatorres. Allí trabajó como inspector municipal de Sanidad, plaza que obtuvo por concurso y labor que todavía es recordada con admiración y respeto por el paisanaje de la cuna del pintor Cerezo.
La popular 'carretera', una de las principales arterias villargordeñas, lleva el nombre del médico desde 1981, cuando el feudo indiscutible del Cristo de la Salud le ofreció, asimismo, el título de hijo adoptivo.

Una proximidad (la del pueblo) con Jaén capital que terminaría tirando de su talento de la mano de otro ilustre colega, Fermín Palma Rodríguez.
Era 1932 y el madrileño asumía el cargo de director del dispensario antituberculoso jiennense para, un año más tarde, ingresar como médico en la Beneficencia Provincial, ya por oposición. Una lucha, la suya, contra la tubercolosis que elevaría su prestigio hasta cotas tan elevadas como las propias alturas del Neveral, hospital de enfermedades respiratorias que dirigiría durante cuatro largas décadas y que, allá por los años 80 del pasado siglo XX, acabaría bautizado con su propio nombre. Allí se jubiló.
Fue, además, jefe del servicio de Tisiología del Hospital Provincial, miembro de la Asociación Nacional Española de Cirujanos, académico correspondiente de la Real Academia Medicina de Granada, miembro-fellow (algo así como componente honorario) del American College, fundador de la Asociación Internacional para el Estudio de los bronquios y del grupo Separ de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica; vicepresidente y presidente de la Sección de Cirugía Torácica, perteneció a la American Trudeau Society...
Firmó numerosas obras médicas, entre las que destacan Influencia de la alergia tuberculosa en la patogenia de las neumopatías agudas, Memoria sobre la organización de la función sanatorial antituberculosa, Lecciones sobre exploración clínica respiratoria, Centros
rurales de Sanidad en la lucha antituberculosa, Resultados de una encuesta epidemiológica, Paralización temporal del diafragma como primer tiempo de algunos neumotórax, Carcinoma bronco-pulmonar primitivo (uno de los primerso textos dedicados a este cáncer),su referencial Normas de lucha antituberculosa en el medio rural, Ventajas de la toracoplastia iniciada por el tiempo superior, Neumotórax extrapleural con relleno de esferas de resina acrílicas, Estado de la cirugía cardio-pulmonar en Suecia, Exéresis pleuro-pulmonar total como tratamiento de los empiemas mixtos fistulizados en bronquios, o su conocido El absceso de pulmón idiopático, con prólogo del doctor Marañón. Y solo por citar algunas de sus obras, más de un centenar.
EXPERIENCIA EN EL EXTRANJERO
Como todo inteligente que se precie (o así pensaba el gran Jardiel Poncela), la sed de viaje fue síntoma constante en la trayectoria de Sagaz Zubelzu, que no dudó en hacer la maleta cada vez que la ocasión le prometía amplitud de conocimientos, opción de mejora en su tarea sanitaria.
De ahí que a mediados del XX se le pudiera encontrar en la capital sueca, junto al reputado profesor Craford, de la que (en palabras de Palma) "trajo las técnicas de intubación endotraqueal y el Spiro-pulsator. Incorporó además las técnicas de resección pulmonar y del cateterismo cardiaco; con el profesor Carlens aprendió el manejo de los espirómetros y el de las sondas para bloquear aisladamente un pulmón y realizar broncoespirometría, y operar un pulmón aislado y en reposo ventilatorio".
Por esa época se desplazó, también, a Lyon, donde con sus colegas Paul Santy y Marcel Berard "aprende e incorpora a su ambiente, la técnica de la costo-pleuro-neumenectomía".
Palma Rodríguez añade, en las páginas del Seminario Médico ochentero: "En 1955 y 1956 trabaja en Utrech con Klinkemberg, especializado en las resecciones pulmonares y que por los años indicados llevaba más de 1.500 practicadas con sólo 2/1000
de mortalidad. Posteriormente con Di Paola (Roma) recoge su experiencia y la aplica en su medio respecto a la decorticación pleural y con los prestigiosos Pietro Valdoni y Doglioti, Roma y Turín, respectivamente, aprende la técnica del abordaje medio-esternal para el tratamiento de la fístula bronquial infectada post-neumectomía. De esta forma la actividad quirúrgica del Sanatorio El Neveral, exclusivamente dedicado en los años cincuenta a la terapéutica quirúrgica de la tuberculosis se vió ampliada en su capacidad de tratar toda clase de afeeciones respiratorias, como decorticaciones pleurales, toracoplastias pleurales, quistes hidatídicos, bronquiectasias, quistes pulmonares, enfisema vesicular y tumores". Dicho queda.

UN 'SCHINDLER' EN LA FAMILIA
Casado con Constantina Temprano García, con ella fundó un hogar al que, poco a poco, llegaría una nutrida prole de ocho criaturas: "Tres abogados, un ingeniero industrial, un arquitecto, una licenciada en Filosofía y Letras y un técnico de gestión en
el Consejo Superior de Investigaciones Científicas", detalla el desaparecido cronista provincial Vicente Oya en el Seminario Médico, en el año 2000.
Uno de sus hijos, Ignacio Sagaz Temprano, ha desarrollado una rica carrera diplomática internacional, acaso siguiendo la estela de su tío Ángel Sagaz Zubelzu (1913-1974), a quien bien se le podría considerar el 'Schindler' de los Sagaz.
Un 'ángel' (así se le cita en diferentes medios de comunicación empeñados en rescatar su figura) que tras su paso por delegaciones en diferentes países recaló como embajador en Egipto en la década de los años 60 y protagonizó una auténtica gesta humanitaria, conocida (en clave) Pasaporte 128.
Una operación que permitió liberar a más de mil quinientos judíos encarcelados por el Gobierno egipcio en el contexto de la Guerra de los Seis Días (entre Israel y el país de las pirámides) y posibilitó su evacuación pese a las dificultades, extremas, que dicha operación entrañó. Por este y otros méritos, Ángel Sagaz Zubelzu (que falleció en Jaén en 1974) fue condecorado con la gran cruz de la Orden del Mérito Civil.

MUCHO MÁS QUE UN MÉDICO
Fuera del ámbito puramente sanitario, el doctor Sagaz (a quien está dedicada la jaenerísima calle Tablerón desde comienzos de los años 80) y su idilio con la capital del mar de olivos se vieron reflejados en el compromiso personal que el reconocido médico mantuvo siempre con esta tierra.
Una querencia que lo llevó a ocupar, por ejemplo, la presidencia de la Diputación Provincial en el periodo comprendido entre abril de 1939 y marzo de 1940, prácticamente todo un ejercicio en tiempos revueltos, que dan noticia clara de su nivel de implicación con la provincia que acabaría abrazándolo como hijo propio.
En esta línea, a Luis Sagaz le cupo el honor de convertirse en el primer consejero director del Instituto de Estudios Giennenses, institución que en 2026 conmemora su septuagésimo quinto aniversario y de cuyo Seminario Médico (recurrentemente citado en este reportaje) fue activísima firma.
Lo de "hijo propio" no es un recurso literario, ni mucho menos: que se lo digan a quienes, en 1981, vieron a su querido doctor con la solapa poblada por la honrosísima medalla de la ciudad de Jaén, con la que la ciudad dispensaba honores a don Luis, aquel de quien Fermín Palma, incansable hagiógrafo del amigo y compañero, dejó para la posteridad:
"El quehacer de Luis Sagaz estuvo poseído de esas tres cualidades que Marañón refería al ejercicio de la Medicina: el arte del desinterés, la virtud del método y la cualidad de lo concienzudamente acabado. Hemos de tratar de agrupar la profunda lección que supone la ejemplaridad de la vida y obra del doctor Luis Sagaz".
Continuaba Palma: "Va a ser como una antorcha que ilumine a su vez el camino de cada uno de nosotros; porque no es cuestión de que resolvamos egoísta o frívolamente la vida bajo el prisma más ventajoso o rentable, sino que con nuestro quehacer humano y profesional, no renunciar nunca (como lo ha hecho nuestro querido D. Luis) al ideal de aportar en la medida de nuestras fuerzas una labor creadora".
El conocido galeno concluía: "En medicina, como en poesía, sólo queda al final el amor, el servir a los demás. Las acciones de D. Luis, han sido la alegría y el júbilo de muchas e innumerables familias; por la obra de sus manos; su vida como la del salmista fué rectamente conducida". Todo un poético (y científico) halago.

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