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UN HITO ARTÍSTICO EN EL SANTO REINO: EL GRUPO JAÉN

UN HITO ARTÍSTICO EN EL SANTO REINO: EL GRUPO JAÉN

Por Javier Cano - | Actualizado:
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Once nombres propios de la pintura jiennense conformaron el que puede ser considerado, por antonomasia, el colectivo provincial de creadores plásticos más sólido, ambicioso y memorable del siglo XX, de cuya fundación se cumplen seis décadas en 2026

"Marcar diferencias con cierta poética 'jaenita' y altanera que hoy (...) sigue disfrutando de muy marcado apoyo por parte de quienes desde otra trinchera amistosa o familiar, desean obtener legitimidad de clase". O "tratar de despertar el interés por el arte en su provincia y fuera de ella".

Dos resumidísimas definiciones del Grupo Jaén de pintura, la primera a cargo del pintor, profesor, crítico de arte y académico de la Real de Bellas Artes de Granada Miguel Viribay (Úbeda, 1939) su principal impulsor y fundador junto con el linarense Francisco Baños (1928-2006)), en las páginas de 50 años de artes plásticas en Jaén; la segunda, con la firma de la catedrática de Historia del Arte Julia Barroso Villar, en su libro Grupos de pintura y grabado en España 1939-1969 (Universidad de Oviedo, 1973).

Conclusiones ampliables que, en definitiva, no hacen sino ponderar uno de los más ambiciosos y esforzados anhelos de tantos y tantos colectivos (e individualidades) como, entre la posguerra y el periodo inmediatamente predemocrático, constelaron el mapa de España.

Entidades que brillaron con luz propia como Equipo 57, El Paso y Hondo (en Madrid), los logroñeses de Revellín, SAAS de Soria, Grupo Zaragoza, Síntesis, Grupo 4 y Equipo Forma en tierras catalanas, los valencianos de Parpallo, Equipo Córdoba...

Solo una breve nómina de la profusa lista que la profesora Barroso estima en las páginas de su referencial trabajo de 1979, que si incluye trascendentales ejemplos con presencia ganada a pulso en los manuales contemporáneos, aprecia también el papel jugado por otros cuya aportación al panorama de las colectividades creativas del momento se ha hecho acreedor a un espacio en la historia del arte. 

Entre ellos uno con acento del mar de olivos, que ya desde su propio nombre sugiere la reivindicación artística del territorio al que se adscribe la aventura vital y artística de cada uno (y una) de sus componentes: el Grupo Jaén.

Aquel conjunto de nombres propios de aquí que aglutinó valiosísimas disparidades y que, en 2026, conmemora silenciosamente su sexagésimo aniversario. 

De la mano maestra del único superviviente de este casi apostólico (por el número) colegio artístico, Lacontradejaén evoca hoy la efímera y fructífera trayectoria común de tan ilustre y, por otra parte, variada agrupación de creadores. 

 Miguel Viribay, en su estudio jiennense del Gran Eje. Foto: Esperanza Calzado.
Miguel Viribay, en su estudio jiennense del Gran Eje. Foto: Esperanza Calzado.

A MODO DE MANIFIESTO

Grupos anteriores de artistas plásticos, en Jaén, los hubo, pero sin el sustento imprescindible de una intencionalidad claramente definida y asumida por sus componentes como para sostenerse en el espacio y en el tiempo. 

De ahí (y de su aliento inclusivo en cuanto a disciplinas, tendencias y hasta sexos) que el caso del Grupo Jaén suponga un auténtico hito en el panorama de la primera década de la segunda mitad del XX, cuando echó a andar tras su concepción original por el propio Viribay y el gran muralista linarensa que fue Baños: "Nosotros mirábamos solo la calidad", sentencia el autor de Dijese yo (Diputación de Jaén, 2023).

Una calidad que ungía no solo la mirada crítica del grupo, sino también su manera de estar en el mundo al que nacían en una época en la que, por ejemplo, hacerle sitio a un fotógrafo en las filas del 'Jaén' no era eso que se dice políticamente correcto, y mucho menos contar con una fémina.

"Posiblemente estuviese en el subsconsciente de Miguel imprimir ese aire renovador y fresco en las tierras cerradas del norte de Andalucía, queriendo reivindicar ya desde entonces el derecho de la mujer y su igualdad con el hombre", evoca en sus Palabras para amigos la recordada pintora Dolores Montijano (1934-2024).

Y apostilla: "Esa mujer fui yo, y puedo asegurarles que consistió en una de las épocas más fructíferas y sentidas a lo largo de mi carrera artística. La convivencia con estas diez magníficas personas, los avatares sufridos, los logros, las buenas críticas, la plena aceptación del grupo en nuestras salidas. Todo, todo, fue inolvidable".

 Paisaje serrano de Francisco Cerezo Moreno, pintado en su etapa como componente del Grupo Jaén. Foto: Museo Cerezo Moreno de Villatorres.
Paisaje serrano de Francisco Cerezo Moreno, pintado en su etapa como componente del Grupo Jaén. Foto: Museo Cerezo Moreno de Villatorres.

LOS ONCE DEL 'JAÉN'

Gran alineación de imprescindibles, ¡menudo once no rojo sino de todos los colores que les caben a sendas paletas! El único que todavía abre sus ojos, cada mañana, a la vida es el propio Miguel Viribay, a quien prácticamente ningún medio de comunicación jaenés le ha preguntado en estos años (y son muchos) por el Grupo Jaén.

Pero en el otro lado de la espera, en el vestuario de los expulsados o en el área de quienes aguardan pisar el césped (cualquiera sabe), el resto del equipo alimenta su leyenda: el ya mencionado Francisco Baños, Carlos Barrera Wolf, Francisco Cerezo Moreno, José Cortés, José Horna, el bohemio y torreño Juan Hidalgo, la propia Dolores Montijano, Domingo Molina, Fausto Olivares y el, además, fotógrafo y galerista gaditano de cuna pero jaenero de adopción Martín Ripoll, con el afamado crítico Manuel Capel Margarito como singular 'míster'.

¿Qué buscaban, qué perseguían en una época caracterizada "por la búsqueda incansable de aportaciones personales" (Viribay dixit)? Cabe ahora detenerse en esa suerte de manifiesto que es la justificación del grupo firmada por el propio fundador en las primeras páginas del opúsculo de la primera exposición del colectivo, celebrada en la sala Gran Casino de Ciudad Real en el 66 tras un acto inicial de presentación en la capital jaenera. 

"De ahí el contrasentido de que puedan existir unos grupos en los que es casi imposible distinguir a un pintor de otro. En contrapunto con lo anterior surge el Grupo Jaén, que si bien tiene la homogeneidad idelógica de lugar y tiempo, no es menos cierto que cada uno de sus fundadores está totalmente libre de una condicionalidad, en cuanto a forma de decir".

Viribay añade: "A partir del año 1950, en Jaén (...) solamente se comprendía y aceptaba una pintura caduca que nada tenía que ver con el progreso de la denominada pintura española de la postguerra. En este clima tuvieron su desarrollo (algunos con anterioridad) estos pintores, que se vieron obligados a reaccionar contra aquel academicismo decadente que por aquellos años reinaba en la ciudad, muy atrasada en pintura con el resto de España".

Y concluye: "Por esto no fue posible en aquel momento la formación oficial del Grupo Jaén, aunque en realidad este existiera en potencia. (...) Para esto fue prevista una total libertad de expresión, que diera como resultado un grupo diverso, al margen de los ya formados en los que sólo tienen cabida esta o aquella tendencia. Es necesario, tras estos 60 años de pintura experimental [los transcurridos desde comienzos de la centuria del XX] llegar a la conclusión de que no existe pintura antigua ni moderna, sino pintura mala o pintura buena, sea cual fuese la fecha de su nacimiento y su tendencia". 

En un posterior análisis de la catedrática Julia Barroso, "en el Grupo Jaén concurrieron, a nivel de intenciones, facetas como el intento de descentralización geográfica y cultural, por un lado; y por otro, como cosa destacada, no solo el no hacer obra en equipo, común, sino incluso ver este comportamiento como algo sin sentido". Lo dicho, la potencia de la individualidad, tan romántica por otra parte. 

 La pintora alcalaína Dolores Montijano. Foto: Andalucía Información.
La pintora alcalaína Dolores Montijano. Foto: Andalucía Información.

LA ACTIVIDAD DEL GRUPO Y SU FINAL

En los pocos años que (como la generalidad de estos colectivos) mantuvo actividad el Grupo Jaén de pintores, los amantes del arte pudieron disfrutar de las obras que, trascendiendo fronteras, estos llevaron a diferentes lugares de la geografía española.

Tras la primera propuesta, ya ubicada en tierras ciudadrealeñas el mismo año de la fundación, la propia capital del Santo Reino, Granada y Córdoba fueron los destinos escogidos para mostrar la producción de la entidad.

Una auténtica institución que, sin embargo, sucumbió a las más cotidianas circunstancias a la hora de justificar su desaparición: "Paco Baños se tuvo que ir a Valencia y me hice cargo yo, pero llegó la mili y tuve que dejarlo también", comenta Viribay a este periódico. Corría el año 1968. 

¿Los demás? Cada uno cimentando sus respectivas carreras, o lo que es lo mismo: la disolución natural del grupo. Un antes y un después en la vida artística jiennense que, hasta la aparición del Taller de grabado de San Andrés a mediados de los 70 (guardando todas las distancias en cuanto a técnica y objetivos, reconociendo asimismo su indudable trascendencia en el universo gráfico e impulsado entre otros por Manuel kayser), no encontró paralelismo en cuanto a importancia. 

Sesenta años han pasado desde su alumbramiento y lustros y lustros de silencio y desmemoria, honrosamente salvados por las publicaciones especializadas que no concibieron su totalidad sin el estudio más o menos profundo del Grupo Jaén. Un auténtico embajador artístico de estas tierras.  

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