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LA MEMORIA NEGRA DEL FERROCARRIL

LA MEMORIA NEGRA DEL FERROCARRIL

Por Esperanza Calzado -
Compartir en X @Esperanza44

Desde los primeros descarrilamientos del siglo XIX hasta los grandes choques de Jabalquinto, Villanueva de la Reina y Marmolejo, los archivos históricos conservan la memoria de decenas de accidentes ferroviarios en Jaén

Aquel tren debía devolver a Sevilla a centenares de aficionados que habían viajado a Madrid para acompañar a su equipo. Era febrero de 1934 y el fútbol había llevado a unos 900 seguidores sevillistas hasta la capital española. El regreso discurría de madrugada por tierras jiennenses cuando, entre Villanueva de la Reina y Andújar, el convoy se encontró de frente con otro expreso. Once personas perdieron la vida. Otras cincuenta resultaron heridas. Lo que había comenzado como una excursión deportiva terminó ocupando durante días las páginas de los periódicos, que dieron cuenta de una tragedia cuyo recuerdo quedó unido para siempre a aquel tramo de ferrocarril.

El accidente ocurrió el 20 de febrero, a las dos y media de la madrugada, en el kilómetro 351 de la línea de Manzanares a Córdoba. El tren especial regresaba de un encuentro entre el Atlético de Madrid y el Sevilla FC cuando chocó con el expreso Sevilla-Madrid. ABC dedicó una amplia cobertura al siniestro en sus ediciones madrileña y sevillana del día siguiente. También La Vanguardia y El Liberal recogieron las consecuencias de la colisión, una de las más graves registradas en la provincia durante el siglo XX.

 Accidente ferroviario que se produjo entre Villanueva de la Reina y Andújar en 1934. Foto: Archivo de Manuel Cristofani Alcalde.
 Accidente ferroviario que se produjo entre Villanueva de la Reina y Andújar en 1934. Foto: Archivo de Manuel Cristofani Alcalde.

La historia del ferrocarril en Jaén conserva numerosos episodios semejantes, aunque muchos hayan desaparecido de la memoria colectiva. El tren, que durante generaciones sostuvo buena parte de las comunicaciones y de la actividad económica provincial, dejó también un historial de accidentes. Algunos conmocionaron al país por la magnitud de sus consecuencias. Otros apenas ocuparon unas líneas en los periódicos y hoy solo pueden rastrearse en las hemerotecas.

Buena parte de esa documentación ha sido reunida por la Federación Castellano Manchega de Amigos del Ferrocarril en su investigación Accidentes ferroviarios en España. La novena edición, publicada en abril de 2026 y consultada por Lacontradejaén, recoge el trabajo de Manuel José Marcos Montero, revisado y actualizado por Carlos Enrique Torres Mendoza y Juan Carlos López Peco. El estudio permite identificar fechas, lugares, líneas ferroviarias, víctimas y circunstancias de numerosos siniestros, además de localizar las publicaciones que informaron de ellos.

En total, en la provincia de Jaén se contabilizan 79 fallecidos y 560 heridos en 66 accidentes ferroviarios desde 1874. Dos fechas son claves: 1928 y 1934, los años más negros.

La recopilación ofrece una panorámica de más de siglo y medio de accidentes en las vías jiennenses. Una historia que comienza antes de 1874, con los primeros sucesos documentados en Vilches y Santa Elena, y que atraviesa los años de mayor actividad minera e industrial de Linares, la expansión de los servicios de viajeros y las sucesivas transformaciones de la red ferroviaria.

LOS PELIGROS DEL PROGRESO

La llegada del ferrocarril cambió las comunicaciones de Jaén con el resto de España. Las líneas que atravesaban Despeñaperros abrieron una vía fundamental hacia la Meseta, mientras que los enlaces de Linares, Espeluy y otras estaciones facilitaron el transporte de mercancías, minerales y viajeros. Pero los primeros tiempos de explotación estuvieron acompañados de accidentes que revelaban las dificultades de un sistema todavía en desarrollo.

El 12 de abril de 1871, un siniestro en Vilches causó tres fallecidos y dos heridos. Apenas cinco meses después, el 26 de septiembre, otro accidente entre Vilches y Santa Elena dejó tres muertos y cinco heridos. Ambos aparecen en la recopilación histórica de la Federación, que sitúa en este tramo algunos de los primeros sucesos documentados de la provincia.

La zona de Despeñaperros fue escenario de nuevos accidentes durante los años siguientes. El 20 de octubre de 1874 descarriló un tren correo entre Vilches y Santa Elena, con el fallecimiento del maquinista. El 29 de noviembre, otro siniestro en el mismo recorrido provocó dos muertos y dos heridos. En agosto de 1880, un accidente en Santa Elena dejó trece personas lesionadas.

Las crónicas de aquella época describen un ferrocarril sometido a las dificultades del terreno, a las limitaciones de las comunicaciones entre estaciones y a los riesgos propios de las maniobras. Los trenes de mercancías, con composiciones que podían alcanzar una longitud considerable, compartían trazados con los servicios de viajeros. Las locomotoras de vapor exigían, además, el trabajo de numerosos empleados, desde maquinistas y fogoneros hasta guardafrenos y personal de estaciones.

El 12 de diciembre de 1903, el correo Madrid-Málaga descarriló en Salobral, en el límite entre las provincias de Jaén y Córdoba. El convoy, formado por diecisiete unidades, cayó por un barranco de unos quince metros en las inmediaciones del paso a nivel de la carretera de Cabra a Jaén. Seis personas murieron y diecinueve resultaron heridas. 

Los primeros años del siglo XX estuvieron salpicados de nuevos sucesos. Sin embargo, ninguno de aquellos episodios anticipaba por sí solo la magnitud del desastre que se produciría en Jabalquinto.

DOS EXPRESOS ENCONTRADOS

En la madrugada del 29 de septiembre de 1928, el expreso que había salido de Madrid con destino a Algeciras continuó su recorrido sin efectuar en Linares-Baeza la parada prevista para cruzarse con otro convoy. En sentido contrario avanzaba el expreso Málaga-Madrid. Ambos terminaron encontrándose cerca de la estación de Las Madrigueras, en el término de Jabalquinto.

Eran aproximadamente las cuatro y media de la mañana. El choque frontal se produjo a un kilómetro de la estación, en un tramo de la línea de Alcázar de San Juan a Córdoba. Las dos locomotoras quedaron enfrentadas después de un impacto que causó doce muertos y veinte heridos, según el balance recogido por la Federación Castellano Manchega de Amigos del Ferrocarril.

La reconstrucción histórica señala que el expreso procedente de Madrid no respetó el cruce establecido en Linares-Baeza. Aquella circunstancia resulta esencial para comprender lo sucedido: en los tramos de vía única, la circulación de trenes en sentidos opuestos exigía organizar sus encuentros en estaciones y apartaderos. La salida de un convoy sin que se hubiera completado el cruce previsto podía dejar a dos trenes avanzando uno hacia el otro.

El accidente de Las Madrigueras quedó entre los más graves de la historia ferroviaria jiennense. Su proximidad temporal con la tragedia de Villanueva de la Reina, ocurrida menos de seis años después y relatada al comienzo de este reportaje, resulta especialmente significativa. En ambos casos, dos trenes de viajeros que circulaban en sentidos contrarios terminaron chocando frontalmente en la misma gran ruta ferroviaria hacia Andalucía.

Aquellos siniestros tuvieron lugar en una época en la que el tren era el principal medio de transporte de larga distancia para buena parte de la población. Un accidente de esas dimensiones afectaba a viajeros de distintas procedencias y llevaba sus consecuencias mucho más allá de la localidad donde se había producido.

El 13 de octubre de 1941, un tren corto había salido del Paseo de Linarejos con viajeros que debían enlazar en Vadollano con el rápido Madrid-Sevilla. El servicio formaba parte de una red de comunicaciones imprescindible para una ciudad cuya actividad minera e industrial dependía en buena medida del transporte ferroviario.

Al llegar a la estación, el tren chocó con un mercancías estacionado que, según la documentación histórica, rebasaba el límite permitido para ocupar aquella vía. La disposición del convoy de viajeros agravó las consecuencias. Circulaba invertido para facilitar el acoplamiento de los dos coches que debía incorporar el rápido, de manera que los vehículos de tercera clase quedaron expuestos al impacto.

Los dos primeros coches se empotraron contra el último vagón del mercancías. Dos pasajeros murieron y cuarenta resultaron heridos. Todas las víctimas viajaban en el tren procedente de Linares.

Vadollano era entonces mucho más que un nombre en los horarios ferroviarios. Formaba parte de las conexiones que permitían a los habitantes de Linares acceder a los trenes de largo recorrido. La colisión afectó precisamente a quienes utilizaban ese servicio cotidiano, lejos de los grandes expresos que habían protagonizado los accidentes de Jabalquinto y Villanueva de la Reina.

Durante las décadas siguientes, el ferrocarril experimentó transformaciones importantes. Las locomotoras de vapor fueron dejando paso a otros sistemas de tracción, cambiaron los procedimientos de circulación y se incorporaron nuevos dispositivos de seguridad. Sin embargo, los avances técnicos no impidieron que Jaén volviera a sufrir una tragedia ferroviaria de grandes proporciones.

 Descarrilamiento del tren en Marmolejo en 1971. Foto: Cedida por Alma de Pueblos
Descarrilamiento del tren en Marmolejo en 1971. Foto: Cedida por Alma de Pueblos

EL TALGO DE MARMOLEJO

La tarde del 11 de septiembre de 1971, un Talgo procedente de Málaga y con destino a Madrid circulaba por el tramo comprendido entre Marmolejo y Arjonilla. A bordo viajaban cientos de pasajeros. Eran 288 personas las que realizaban aquel trayecto. Montserrat Rayo rememora aquel accidente, en primera persona, para Alma de Pueblos.

A las 16:35 horas, el tren alcanzó por detrás a un convoy de mercancías. El choque afectó de lleno a la parte delantera del Talgo. La locomotora y los primeros vehículos quedaron atrapados bajo los vagones cisterna del mercancías, en una colisión que provocó seis fallecidos y veintidós heridos. El accidente volvió a situar a la provincia en la actualidad nacional. A diferencia de las grandes colisiones de 1928 y 1934, en las que dos expresos se encontraron de frente, en Marmolejo el Talgo alcanzó a un mercancías que circulaba por delante.

La violencia del impacto y la disposición en que quedaron los vehículos complicaron las tareas de auxilio. Los primeros momentos posteriores a la colisión exigieron atender a los pasajeros afectados y trabajar entre los restos de los trenes. Marmolejo mantenía por entonces una larga relación con el ferrocarril. Su estación, construida en el siglo XIX, había sido una puerta de entrada para quienes acudían al balneario y un punto de comunicación con otras ciudades. La web histórica Villa de Marmolejo recuerda que numerosos establecimientos hoteleros disponían de servicios para trasladar a los viajeros desde la estación hasta el municipio.

La localidad perdería años después aquella infraestructura. Renfe cerró la estación en 1979 y el edificio fue derribado en 2018. La desaparición de las instalaciones puso fin a una parte visible de la historia ferroviaria local, aunque el accidente de 1971 permanece entre los episodios documentados de aquel pasado.

 La demolición ha pillado por sorpresa al Ayuntamiento de Marmolejo. Foto: Ayuntamiento.
La demolición ha pillado por sorpresa al Ayuntamiento de Marmolejo. Foto: Ayuntamiento.

El siniestro de Marmolejo no fue el último accidente mortal ocurrido en las líneas jiennenses. El 20 de marzo de 1983, el expreso Almería-Madrid descarriló de madrugada entre Huesa y Cabra del Santo Cristo-Alicún. Murieron los dos integrantes del equipo de conducción y otras seis personas resultaron heridas.

En aquel caso, las víctimas mortales fueron los propios ferroviarios. Su muerte recuerda una realidad presente desde los primeros tiempos del tren: los trabajadores de la circulación figuraron con frecuencia entre quienes perdieron la vida en descarrilamientos, colisiones y accidentes durante las maniobras.

Los archivos conservan también noticias sobre siniestros en pasos a nivel, como el ocurrido en Grañena en octubre de 1988, cuando tres personas murieron al ser arrollada una furgoneta por un tren. Son accidentes de características distintas a los grandes choques entre convoyes, pero igualmente vinculados a los riesgos de la circulación ferroviaria.

El tren de aficionados que regresaba a Sevilla, los expresos que chocaron en Jabalquinto, los viajeros del enlace de Vadollano o quienes ocupaban el Talgo de Marmolejo tenían destinos y circunstancias diferentes. Sus historias han llegado hasta hoy a través de las noticias publicadas entonces y de los investigadores que han dedicado años a reunirlas.

En muchos casos, los periódicos son ya el principal testimonio de lo ocurrido. Conservan fechas, nombres de estaciones, balances de víctimas y detalles de accidentes que apenas permanecen en el recuerdo de las localidades. Recuperar esas crónicas permite conocer también esa parte de la historia del ferrocarril en Jaén: la de quienes emprendieron un viaje que no pudieron terminar.

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