Lorenzo Leiva: 102 años de edad y todas las ganas de vivir

El larveño, afincado en Sevilla desde hace décadas, celebra un nuevo cumpleaños con lucidez, junto a los suyos y al ritmo de un mariachi
El mismo año que Gaudí cerró sus ojos para siempre en Barcelona, abrió los suyos por primera vez, en Larva, Lorenzo Leiva Díaz: de eso hace ciento dos años, los que acaba de cumplir este ferroviario enamorado de su pueblo pero afincado en Sevilla desde hace décadas.
Viudo de Manuela Ibáñez Ramírez desde hace veinte años ("estuvieron cincuenta y nueve años casados y muy enamorados", confirma su hija Lorena), padre de cinco criaturas, abuelo de diez nietos y bisabuelo de ocho bisnietos, lo de la longevidad no es una rara avis en la familia, ni muchísimo menos: "Eran siete hermanos, y todos superaron los noventa años".
Lúcido como el que más, ahí estuvo Lorenzo, ante su tarta, para soplar las cifras de sus velas, porque a ver qué obrador se cuaja un pastel capaz de contener ciento dos. Pues eso, que no hay forma.
Ferroviario durante toda su trayectoria laboral, presume de no haber faltado ni un solo día a su trabajo en los cuarenta y cuatro años que ejerció, desde sus primeros tiempos como guardafrenos hasta su jubilación como jefe de tren.
Y ahí está, toda una leyenda viva y una institución en la capital andaluza, donde tiene tantos premios y distinciones que lo único que le queda es que le pongan su nombre a una calle hispalense.
Eso sí, no hay un día que no se acuerde de su Larva, que visitó por última vez hará seis o siete años pero de la que presume constantemente. ¡Con esa memoria suya, cualquiera se olvida de su patria chica!: "Está estupendo de cabeza, lleva el listado de todas las personas que lo han llamado por teléfono", comenta su hija, y apostilla: "Dice que no se muere, que se momifica, no se le puede hablar de la muerte, le gusta la vida".
Y es que está lleno de planes, sencillos pero proyectos al fin y al cabo, y pese a sus limitaciones físicas "baja a tomar su chocolate con churros por la mañana, toma el sol, luego vuelve a casa, su novela, escribe cartas, lleva el control de santos y cumpleaños de sus amigos...".
La vejez comienza cuando el recuerdo es más fuerte que la esperanza, sentencia un proverbio hindú. Y en eso, en proyectos de futuro y con toda una vida detrás, nadie le gana a Lorenzo Leiva Díaz.
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