
"He disfrutado con el hockey, pero hay mucha precariedad laboral"
María Ángeles Ruiz (Alcalá la Real, 1990) dejó el hockey hierba profesional en octubre del año pasado después de defender a España desde el año 2008 y militar trece temporadas consecutivas en el Club de Campo Villa de Madrid. Acunada en el Club de Hockey Alcalá, entre sus hitos destaca ser una de las mejoras porteras del planeta y representar a la selección en mundiales y en dos Juegos Olímpicos, Río de Janeiro 2016 y Tokio 2021. No llegó —y da la sensación de que aún le duele— a entrar en la convocatoria de París, pero sus números concluyen que es una de las mejores deportistas de la historia de Alcalá la Real y de Jaén.
Ruiz recibe a este periódico en Frailes, el pueblo de su pareja, justo en un fin de semana de celebración familiar. La exportera aborda lo complicado que fue volver a competir tras ser madre, un punto de inflexión que le hizo preparar el desenlace. Graduada en Fisioterapia, Ruiz tiene literalmente vida por delante, un hijo pequeño y un bebé creciendo en el vientre, ha regresado a Andalucía y mirar atrás, con todo tan reciente y a la vez tan lejano, propicia un relato honesto.
—¿Cómo lleva su nueva vida?
—La verdad es que muy bien, mucho mejor de lo que esperaba.
—¿Echa mucho menos el hockey hierba?
—Echo de menos al grupo de amigos, pero no la rutina 'matadora', que exige tanto físicamente. Me refiero al hecho de ir cada día a entrenar a las ocho de la mañana y todo lo que implica: viajes y concentraciones.
—Aquella vida era 'siete-siete', de lunes a lunes.
—Claro. Exacto.
—¿Qué relación tiene ahora con el deporte?
—Desde que me retiré sigo con el gimnasio. En verano hice carreras populares, que, aunque no es lo que más me gusta, era un estímulo correr junto con mi hermano o con más gente. Sí que sigo manteniendo el deporte como rutina en mi vida. Tengo lesiones derivadas del alto rendimiento que si no hago deporte, me duelen y van a peor.
—¿Le gusta seguir el hockey? ¿Lo hace por la tele o por las plataformas?
—He estado siguiendo los Juegos Olímpicos y en general los grandes eventos. A las compañeras que son mis amigas les pregunto por los resultados del fin de semana y demás. Eso sí, lo veo si me apetece, tampoco estoy superpuesta.
—Siempre he tenido la sensación de que el hockey pierde en las retransmisiones por la tele.
—Yo creo que es un deporte que hace falta explicarlo mucho cada vez que se retransmite para que la gente se enganche o lo entienda. Eso también le hace perder. Pero por otro lado cada vez es más dinámico; no hay parones como en el fútbol. Quizá igual es demasiado dinámico para quien lo sigue desde casa.
—Vayamos a la decisión de la retirada. Supongo que no es sencillo elegir el momento.
—A ver, yo realmente sabía que tanto la parte deportiva como de estudios estaban condicionadas al fin de mi carrera deportiva. Sabía que ese fin existía, y sí que quise preparar cómo quería irme. Quería jugar un año más en el club y competir en las Olimpiadas de Paris, que al final no pudo ser. Me quedé fuera de la última convocatoria.
—¿Por decisión técnica?
—Sí. Ya no podía estirar más el chicle. Quedarme otro año en el club no tenía sentido. Sentí que era el momento y planificamos que en octubre oficializaría mi retirada.
—Su pareja me contó que lógicamente la idea de ser madre influyó en esa decisión.
—Sí, claro. Y ya no tanto en la retirada, sino que me influyó cuando volví a competir después de ser madre. El propio club no me dio el mismo protagonismo que antes, aunque yo no había cambiado. En España entró un nuevo seleccionador y cambiaron las decisiones técnicas. Se dieron un cúmulo de cosas que sumadas a la maternidad parecía que "me echaban" fuera del tablero de juego.
—Cuando dice "pérdida de protagonismo" habla de jugar menos, ¿no?
—Sí, sí. Igual estaba en un momento físico muy bueno por mi madurez de carrera deportiva y que, por saber [el entrenador] que no estaría al año siguiente, juegas medio partido. Y te pasas así dos años, jugando medio partido. Todo eso te quita protagonismo.
"MI MEJOR MOMENTO FUE ANTES DE LA PANDEMIA"
—¿Siempre fue portera?
—Siempre. Suelo contar la anécdota del entrenamiento que hice como jugadora un viernes en Alcalá la Real. "Venga, jugamos una pachanga", dije. Y me rompí los dientes. Siempre, portera.
—¿Cuáles son las virtudes que necesita una portera de hockey? ¿Qué le diría a una canterana que le consulte sobre la demarcación?
—Está muy visto el tema de la soledad del portero, pero creo que la personalidad es diferente. A menudo escuchas: "Los porteros están locos". No, en realidad son capaces de relativizar muchas cosas dentro del juego y tienen esas personalidades, que también las marca la portería. A la misma vez que son capaces de relativizar, también tienen un compromiso muy alto con el equipo y el gol lo sentimos muy nuestro. Siempre tenemos mucha responsabilidad ante el resultado. Si tuviera que dar un consejo a alguien, le diría que trabaje mucho el asunto de las responsabilidades compartidas con el equipo. Los goles se marcan en la portería, pero antes pasan más cosas.
—De todas las actuaciones que ha hecho en Olimpiadas y en otros torneos, ¿cuál recuerda con más orgullo?
—El año 2018, cuando conseguimos el bronce en el Mundial, y el año 2019 suponen un ciclo olímpico que para mí fue top. Estaba en mi madurez deportiva y también en el mejor momento físico. Tenía mucha energía. Como le digo, el Mundial de 2018 lo recuerdo con cariño e incluso el Europeo de 2019, que logramos también el bronce. Luego vino la pandemia y pasó factura. Llegamos a los Juegos Olímpicos en buen nivel físico, pero quizá faltó esa confianza que da la competición.
—¿Qué ha supuesto para usted representar a España?
—Más que representar a España, la ilusión era estar en unos Juegos Olímpicos. Mónica Rueda —también jugadora nacional de Alcalá la Real— ha sido una inspiración desde que empecé a jugar. Conocer su trayectoria me invitaba a soñar con salir del pueblo y alcanzar los Juegos. Era lo que movía, más que el aspecto patriótico. También la idea de la superación, el ver hasta dónde podía llegar con el deporte. Siempre ha sido así, sentir que superaba cada escalón. Yo no venía de una tradición de hockey en casa.
—Su hermano Alberto Ruiz se sumó con usted.
—Alberto jugaba, pero me refiero a que, por ejemplo, en generaciones de hockey de Cataluña o Madrid hay jugadores con padres o abuelos 'olímpicos'. Nunca mamé eso en casa. No tenía ni idea de lo que era un EuroHockey; desconocía que si quedabas primero en Liga con el sénior al año siguiente representabas a España en Europa. Me creaba pequeñas metas hasta llegar a los Juegos.
"ME PUSE LAS GUARDAS Y FUE REVELADOR"
—Estamos muy cerca de donde empezó todo. ¿Cómo llegó al Club Hockey Alcalá?
—Yo tocaba la guitarra en el Conservatorio. Un grupo de amigas del colegio jugaba a hockey, igual que mi hermano. Me dijeron de probarlo, empecé como jugadora y me quedé sola en una esquina. No me gustó. Vi la portería vacía y yo ya había jugado con chicos a fútbol. Al final, me puse las guardas y fue revelador: de pronto hacía algo que no me costaba trabajo. Tenía que mejorar asuntos técnicos que depuré con el tiempo, pero no había nada forzado. Ahí me quedé.
—Precisamente ahora [por el fin de semana pasado] se está celebrando un torneo de canteranos de sala. ¿Por qué le ha ido tan bien a Alcalá la Real con este deporte?
—El hockey es un deporte de equipo que no se casa con ningún género y que practican por igual niños y niñas. No he escuchado nunca los prejuicios que había años atrás con el fútbol, por ejemplo. Al final, tanto chicos como chicas tiene valor en el deporte. En cuanto al vínculo con Alcalá, hay familias que se han afincado aquí y han ido creando club. De ahí el éxito.
—¿Se ve entrenando en la Sierra Sur?
—Ahora mismo no. En un futuro no lo sé. He sido profesional en el hockey y sé que hay mucha precariedad laboral. Cobrar 1.200 euros era una maravilla.
—En el caso de los mejores.
—Claro, ese sueldo era para los 'top'. Entonces no quiero ser parte de esa rueda de trabajar mucho y cobrar poco. Yo ya he sacrificado mucho de mi vida. Si aparecen oportunidades, guay. Por ejemplo, hace tres semanas estuve como fisioterapeuta en los torneos autonómicos disputados en Alcalá la Real. Me gustó estar con los chicos durante tres días, y está bien remunerado. Pero el altruismo con el deporte a veces se confunde con la precariedad laboral.
—Si tiene que concretar, ¿quiénes le han marcado en su carrera?
—Uy, es muy difícil. Hay muchas referencias. Depende de la etapa. Mónica Rueda fue muy importante por descubrirme el camino. Después, Chus Rosa, una portera del Club de Campo que se fue cuando yo entré y más tarde tuvimos la ocasión de compartir cosas. Mariví González, que consiguió el oro en las Olimpiadas de Barcelona de 1992 y ha sido entrenadora mía en el Centro de Alto Rendimiento durante mucho tiempo. Y también mi hermano Alberto, que ha estado conmigo durante mi mejor etapa deportiva. Como referentes, me quedo con ellos.
—Ahora vive en Granada. ¿Era importante para volver a Andalucía tras más de diez años en Madrid?
—Nos mudamos en agosto del año pasado a Granada por el trabajo de mi pareja. Pero sí que sabía que no iba a quedarme en Madrid. Es una ciudad que me agobia. Al final trabajas todo el día para llegar al fin de semana y gastar el dinero... Tiene algo de rueda, como decía antes. Me gustan más las cosas tranquilas, y Granada está muy bien.
—Y está cerca de Alcalá.
—Claro, ahora con hijos es una ayuda tener cerca a la familia.
—¿Qué le dirá a sus hijos si alguno decide ser o intentar ser deportista profesional?
—Tendría una conversación larga y centrada en el porqué. Si es porque me quieren demostrar a mí algo, les diría que no. Si es porque se lo pasan bien con el deporte, adelante. Es una carrera dura y hay que saber que habrá momentos complicados. Les preguntaría el porqué. Desde luego, no quiero que mis hijos sean deportistas de alto rendimiento en ninguna modalidad. Me basta con que sean felices.
Fotos de entrevista y vídeo: Fran Cano.
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