Luisa Liébana, o cómo levantarse de todas las caídas

Vitalista pese a los contratiempos, la jamilenuda acaba de celebrar su 90 aniversario rodeada de su amplia familia, que la define como una madre y abuela "única"
Sivananda, el célebre yogui, decía que son necesarios cuarenta músculos para arrugar una frente, pero sólo quince para sonreír. Los mismos que, cada pocas palabras, ejercita Luisa Liébana Cámara (Jamilena, 1936) durante su conversación, de tanta vitalidad como muestra a pesar de los achaques de la edad.
Nada menos que noventa veranos lleva esta amable jamilenuda en el mundo, todo un ejemplo de fuerza y de ganas de vivir si se tiene en cuenta, en sus propias palabras, las veces que ha tenido que levantarse ante la adversidad: "Cuando voy al cuarto de baño, digo ¡Padre Jesús mío, que no caiga, cuando queráis aquí estoy, pero que no caiga! Es que he caído quince veces".
Y ahí está, con esa extraordinaria lucidez suya que la hace consciente de su fragilidad a la vez que la lleva a apetecer más tiempo: "A veces me desespero y digo que ya no quiero vivir, pero luego digo 'y bueno,¿por qué me voy a morir? Mientras vea a mis nietos tan guapos..., tengo más grandes, más pequeños! ¡Eso es una alegría!".
Esos hijos e hijas (cinco, de los siete que tuvo), once nietos y doce bisnietos que, hace pocos días, la envolvieron de cariño para celebrar la cifra redonda de sus nueve décadas de existencia alrededor de una tarta rebosante de velas, en una jornada que si año tras año se quedaba en una felicitación, en 2026 ha sido un auténtico fiestón, con regalazo incluido, que describe entre sonrisas:
"Les dije que no quería regalos, que no compraran nada, ¿y sabes lo que me han regalado mis nietos? Cuatro días para que me peine la peluquera, y para que me arregle los pies la podóloga". Lo dicho, un regalo original... ¡Y práctico!
CURTIDA EN EL TRABAJO
Nacida en plena Guerra Civil, en un hogar de gente trabajadora, su historia es la de una mujer luchadora a la que no le se le cayeron nunca los anillos si se trataba de arrimar el hombro para que a los suyos no les faltara de nada, por muchas fatigas que hubiera que pasar.
"He trabajado en los hoteles, en la aceituna, en el algodón, en la vendimia, hasta cavar olivos he hecho; mi marido arrendó un cortijo y nos íbamos allí con él y yo cavaba con él, con los hijos y trabajando en el campo, ¡hasta con una barriga hasta la boca!", recuerda Luisa.
Ese hombre, su compañero de toda la vida (se casó con él cuando ella solo tenía diecisiete primaveras) se llamaba Joaquín Serrano Gutiérrez, cuyos ojos se cerraron para siempre hace siete años y a quien su viuda define como "un hombre muy bueno": "Yo lo echo mucho de menos", confiesa.
Y eso que no la dejan sola ni a sol ni a sombra, lo mismo en casa que para dar el paseíto (andador incluido) por su calle de Jamilena, su pueblo de su alma. Así pasan los días por el larguísimo almanaque de Luisa, que si se trata de filosofar sobre el pasado y el presente, lo tiene claro: "Ahora estamos mejor que antes, pero la vida de ahora está peor, ahora hay muchas cosas malas", y apostilla, sincera hasta no poder más: "Estoy contenta con mi vida de ahora, pero si tuviera que elegir me gustaría estar como antes, cuando podía ir a trabajar".
Su pueblo la quiere, no hay más que echar un vistazo a las reacciones y los comentarios que, en las redes sociales de su familia, han dejado un montón de paisanos y vecinas felicitándola, piropeándola, deseándole lo mejor: "Cuando terminó la fiesta de cumpleaños, uno de mis hijos se puso a mi lado y me fue leyendo cada una, a ver si conocía a quien me lo había escrito". ¡No disfrutó nada Luisa Liébana con esas palabras de afecto!
Y es que se hace querer: "No me llevo mal con nadie, con todo el mundo me llevo bien, y si puedo hacer un bien no hago un mal". Cuánta sencillez y cuánta verdad en esa frase.
Ah, y a quienes con la mitad de años que ella ya están cansados de todo, les dice: "Que no se cansen, que adelante, que la vida es muy amable; a mí no me gustaría morirme, tengo noventa años, pero si cumplo algunos más, mejor". Y para despedirse de los lectores de Lacontradejaén, otra sonrisa, ese lugar donde (lo escribió Tolstoi) reside la belleza. ¡A por los noventa y uno, Luisa!
Únete a nuestro boletín

