'¿Dónde está Mía?' La desesperada espera de una familia

La perra desapareció hace dos semanas entre Villanueva de la Reina y Bailén y sus propietarios, desanimados, siguen sin noticias de ella
Como el perrito al que el poeta Benítez Carrasco convirtió en protagonista de uno de sus más hermosos poemas, a Mía no había de faltarle nada desde que llegó a la casa de Manoli Riao Duque, o mejor dicho a la casa de sus padres: todos ellos, desde hace un par de semanas, andan en vilo por la desaparición de su querida mascota.
"Parece que se la hubiera tragado la tierra", exclama Manoli, y confiesa: "Estamos decepcionados y muy desanimados". Y es que un día cualquiera, destinado a pasar como todos los demás, se convirtió en una jornada negativamente inolvidable, cuando una reja mal cerrada permitió a esta preciosidad de tan solo ocho meses de vida abandonar la casa, Dios sabe hacia dónde.
Como el animal del poema, Mía andaba "a patita coja y triste" a cuenta de una minusvalía, una suerte de apéndice amuñonado que no llegaba a tocar nunca el suelo, por lo que verla y reconocerla es una misma cosa tras el ejército de fotos que la familia ha compartido por las redes, con la esperanza de que alguien la devuelva sana y salva a su hogar, entre Villanueva de la Reina y Bailén.
Una casa a la que llegó hecha apenas un pizco: "Apareció de pronto, oímos llorar un perro una noche de verano, salimos y vimos un cachorro, la recogimos, quisimos darla en adopción, hablamos con varias protectoras porque teníamos dos perros más, pero no conseguimos adopción. Mi padre se encariñó con ella, nos la quedamos y le pusimos el chip", relata Manoli Riao.
Diez kilos pesa el animal, cuya pérdida denunciaron enseguida y a la que no cesan de buscar por todas partes: "Hemos llegado hasta Linares, por carretera, por caminos...", comenta. Y nada. ¿Dónde está Mía? "A mí me da la impresión de que no se ha ido sola", dice la dueña.
Como ella, su sobrina, de tan solo dos años y medio, no pasa un día sin salir a la puerta y llamar a su querida mascota: "Mía, Mía...". "Yo le digo que se ha ido, que se ha buscado un novio", apostilla Manoli, que arrastra, como todos los suyos, esa "pedrada en el alma" de la que hablaba el poeta granadino en sus versos.
Solo desean una cosa: que vuelva con ellos, poder disfrutarla, seguir queriéndola como hasta ahora, mimándola como el mismísimo San Roque del poema, que hasta le fabricó a aquel perrillo cojo una muletita de plata.
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