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San Antón arde entre Entre lumbres, coplas y memoria

Por Esperanza Calzado - Enero 16, 2026
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San Antón arde entre Entre lumbres, coplas y memoria
Pregón de San Antón 2026. Foto: Ayuntamiento.

José García emociona con un pregón que une la infancia de las hogueras con la proyección internacional de la fiesta y el pulso actual de la ciudad

El telón del Teatro Darymelia se alzó para encender una hoguera de palabras, recuerdos y sonrisas compartidas. En uno de los escenarios más queridos de la ciudad, Jaén dio anoche el pistoletazo de salida a sus fiestas de San Antón. Lo hizo con un pregón que fue un regreso a la infancia, a las calles de tierra, al humo tibio de las lumbres y al murmullo cómplice de los vecinos reunidos alrededor del fuego.

En primera fila, la primera teniente de alcalde y concejal de Cultura, María Espejo, acompañó a un público entregado que llenó el teatro para escuchar a José García, miembro de la Asociación de Amigos de San Antón, profesor y licenciado en Filosofía y Letras, además de fundador de la Asociación de Amigos del Archivo Histórico Diocesano de la Catedral de Jaén.

García evocó. Con la voz serena llevó al auditorio hasta las lumbres de su niñez, junto al viejo molino, en la misma calle donde vivió Lola Torres. Rescató del olvido los “tirajitos” de papel de periódico, el crujido de la calabaza asada, el aroma de las rosetas y ese calor especial —más humano que físico— que solo se daba cuando la vecindad se hacía familia por una noche.

Cada recuerdo era una cerilla. Cada palabra, una llama pequeña que iba prendiendo en los asistentes, muchos de los cuales asentían en silencio, reconociéndose en aquellas escenas que parecían sacadas de un álbum colectivo.

El pregón, lejos de quedarse en la nostalgia, fue una celebración viva y compartida. La Asociación de Coros y Danzas de Lola Torres puso música y movimiento a la velada con melenchones y corros improvisados que rompieron la solemnidad para devolverle a San Antón su carácter juguetón, popular y callejero. Por momentos, el teatro pareció una plaza abierta, una esquina del barrio, una noche de enero con brasas encendidas.

Hubo también espacio para la risa. José García, con un humor fino y cercano, recuperó coplas antiguas de letras picantes y críticas, y se permitió incluso el atrevimiento de componer un melenchón propio dedicado a un protagonista inesperado pero muy reconocible: el tranvía de Jaén, convertido por unos minutos en materia poética y motivo de carcajadas cómplices.

Entre romance y romance, el pregonero tendió un puente entre siglos. Desde los orígenes del culto al santo hasta la actual Carrera Internacional Noche de San Antón, esa marea de zapatillas y respiraciones que hoy acompaña al fuego y que ha llevado el nombre de Jaén mucho más allá de sus murallas invisibles. El fuego y el atletismo, la tradición y la modernidad, unidos por una misma noche y un mismo latido.

José García había cumplido su misión: avivar la llama invisible que mantiene unida a la ciudad. Y Jaén, una vez más, respondió acercando las manos al fuego de su propia historia.

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