RAMÓN MOLINA NAVARRETE: UNA VIDA Y UNA OBRA

El escritor, poeta, dramaturgo, cofrade y docente ubetense alcanza los tres cuartos de siglo de existencia con una amplia y reconocida bibliografía a sus espaldas y una trayectoria que lo sitúa entre los jiennenses contemporáneos más ilustres
No es casualidad que quienes celebren setenta y cinco años de casados festejen sus bodas de brillantes, ni resulta arriesgado bautizar con tan sonora y enjoyada denominación, también, a quienes llegan a esa edad de existencia (los tres cuartos de siglo) destilando éxito, aprecio, reconocimiento..., en una palabra: brillantez.
Y en el Santo Reino, si en 2026 hay que destacar a una criatura ilustre venida al mundo en 1951 ese es el escritor, poeta, actor, dramaturgo, profesor y cofrade para quien Richard Bach (el autor de Juan Salvador Gaviota) parece haber escrito aquella sentencia suya en las páginas de otro de sus libros, Ilusiones: "Limítate a ser quien eres: sereno, transparente y brillante".
Ramón Molina Navarrete se llama, es hijo de Úbeda (¡pero de verdad, hijo predilecto, con título y todo desde las navidades de 2024!) y puede presumir no solo de conservar el pelo sino también de gozar de la consideración, la admiración y el aplauso del universo humanístico en el que orbita desde que abrió los labios por primera vez para poblar de poesía las afueras de su boca (el humanísimo ChatGPT de su alma).
Hoy, Lacontradejaén repasa la vida y la obra de uno de los autores más ilustres de aquí, referente ético y literario para muchos y, para tantos y gracias a Maranatha, el rostro jiennense del mismísimo Jesús de Nazaret.
Él mismo ha comentado, en alguna ocasión, la modestia de sus orígenes, emparentables con las de aquel carpintero de Galilea al que terminó encarnando durante exitosas décadas.
Así lo resaltó en su libro Úbeda: hombres y nombres (Asociación Gavellar-Casa de Úbeda, 1982) su paisano, el recordado Ramón Quesada Consuegra: "Tras algunos años de penurias, logra realizar el Bachillerato en el Instituto Nacional "San Juan de la Cruz" de Úbeda, y cursar la carrera de Magisterio en las Escuelas Profesionales de la Sagrada Familia de la misma ciudad".

La docencia, ese campo en el que ha brillado tanto, a lo largo de su trayectoria, como en el literario: ¿no aseguró Steinbeck que todo maestro es un gran artista?
"En 1969 ejerce como tutor seglar en el Seminario de Jaén (...), en 1970 consigue las oposiciones al Cuerpo de Funcionarios de Magisterio del Estado. Es trasladado a Villanueva del Arzobispo", detalla Quesada Consuegra sobre los primeros pasos de Molina Navarrete en el noble oficio de la enseñanza.
Director, durante más de una década, del colegio Juan Pasquau de su ciudad natal, impartió clases también en el ubetense IES Los Cerros, y de ahí al colegio público Cándido Nogales de la capital del Santo Reino, donde se jubiló en 2011, hace ahora tres lustros y, precisamente, el mismo mes de su nacimiento, septiembre.
Ser maestro es vivir un sueño limpio.
Dar sustento al hambriento de futuros.
Ser palabra y abrazo... ¡Y yo lo he sido!
POLÍGRAFO
"En las Letras, este poeta de Úbeda ha preferido el cauce apasionante de la rima y el metro, donde sin duda brilla con luz propia siendo ya conocido y aplaudido, que es la aspiración del escritor", escribía de él Quesada Consuegra hace la friolera de ¡cuarenta y cuatro años!
Para entonces, efectivamente, un aura de reciente prestigio envolvía ya, como una mandorla perpetua, la alta, espigada y hebraica figura de este polígrafo ubetense (como su paisano Muñoz Garnica), autor de La voz de mi silencio (1981), Poemas a vida, muerte y esperanza (1984), Viva presencia (1989), Álbum de fotos (1994), Al encuentro de la felicidad (2005) o Sonetos de Pasión y Gloria (2024), por citar solo media docena de la cincuentena de libros que ha publicado, tanto líricos como dramáticos, discursos, pregones..., ampliamente antologado también a lo largo y ancho de su vasta y aplaudida trayectoria.
Una aventura vital jalonada de galardones y reconocimientos que incluyen premios como el Ejército de Poesía (1981), Corpus de Villacarrillo (en varias ocasiones y del que es jurado actualmente), el castellonense de la Mare de Deu del Lledó (1987), el prestigioso San Lesmes Abad, ya en el 89; la histórica Oliva de oro de la Casa de Jaén en Málaga (1993), Ánfora de plata de Melilla, en el 95; el Quevedo de Villanueva de los Infantes (ya a comienzos del siglo XXI), el Botijo de oro de Dueñas (de cuyo municipio es ciudadano de honor), los Juegos Florales de la Vera Cruz de Sevilla, el internacional Rey Felipe VI...
No faltan en su curriculum hitos como la creación y dirección de la longeva revista Ibiut (1981-2011), una suerte de Don Lope de Sosa que, como su compatriota Cazabán, compilaba en sus páginas historia, tradiciones, costumbres, literatura, personajes, crónicas...
Cofundador también de la jaenera publicación Claustro Poético (junto a algunos de los poetas más representativos de la segunda mitad del XX y los primeros años del XXI), académico de la Bibliográfica Mariana Virgen de la Capilla, un sinfín de parabienes que harían necesaria varias ediciones de Lacontradejaén para no dejarse nada en el tintero.

DIOS
La fidelidad temática, la incondicionalidad ética y la asunción de su talento como altavoz de un hondo sentimiento religioso le han valido a este setentero escritor no pocos aplausos, tantos como impresencias en antologías contemporáneas, ciclos y programas literarios y culturales de esos que persiguen ajustar cuentas, más que exaltar la realidad creativa local, provincial o nacional de un momento preciso de la historia.
Una actitud que, sin embargo, no ha variado ni un ápice la manera de estar en el mundo de este autor que, entre sus méritos, puede presumir de haber representado una de sus obras de teatro ante el mismísimo San Juan Pablo II.
Si busco libertad, decís que desvarío.
Si renuncio a ser rico, que estoy lleno de orgullo.
Si os enseño las manos y en ellas os descubro
mil años de honradez, que soy un corrompido.
Si lucho por la paz, ¡cuidado, un enemigo!
Si separo lo injusto del trigo de lo justo,
me condenáis de golpe: culpable de chanchullo.
Si digo la verdad, que no, que os he mentido.
Si busco al Dios real, que peco por infiel.
Si decido callarme, que soy un envidioso.
Si expreso mi sentir, que me he vuelto un rebelde...
Podéis decirme todo, mas no renunciaré;
seré siempre quien soy... Y si me encuentro solo,
podré mirarme yo, y en mí, yo, conocerme.
Toda una asonante declaración de principios por parte de quien, en su discurso de aceptación del nombramiento como criatura predilecta de su pueblo, confiesa que siempre ha querido "ser un hombre libre e independiente", no venderse a nadie, "ver las cosas desde la perspectiva de los grises, huir de los blancos y negros absolutos", inconsciente acaso de cuánto exaspera la moderación, propia de hombres grandes, o eso pensaba Séneca.
Y es que se podrían contar con los dedos de una mano (completamente mutilada) las ocasiones en las que Molina Navarrete ha dicho no a quien, desde la admiración, el aprecio o la necesidad, lo ha querido a su lado en la presentación de un primer libro, en el pregón de una cofradía varias veces centenaria o, por el contrario, ávida de arraigo; en una aventura editorial, en el jurado de un concurso de prosa o poesía...
Lo saben bien las cofradías de la provincia, que ha exaltado, cuyos boletines ha poblado con su palabra escrita y donde es una suerte de humanísima deidad: tan de carne y alma, que lleva media vida con su esposa, Juani Hurtado: "Ella, más que mirar por mí ha dejado / de ser para ser yo lo que quería...", le dedica en unos versos, y ha formado un hogar de tres hijos, José Ramón, María Jesús y Juan David.

MARANATHA
"Cuando Ramón Molina Navarrete terminó de escribir la obra teatral referida a la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, pensó que este era un buen título , ya que la obra partía de un grupo de cristianos perseguidos en un tiempo y país determinados, que buscaban dar a conocer a Jesús de Nazaret a un joven sediento de fe, y con él a todos cuantos viniesen a ver la representación", se narra en la introducción de uno de los cuadernos publicados a raíz de esta multitudinaria y celebradísima propuesta del ubetense.
¡La de autobuses repletos que ha llevado a Úbeda, al hermoso teatro de la SAFA (donde encontró el marco idóneo en el 84, tras dos primeros ejercicios en el Ideal Cinema y algún paréntesis breve) con su grupo de teatro, a lo largo de las décadas y desde el estreno de Maranatha, en 1982!
No es la única pieza dramática firmada por el escritor, que saboreó las mieles del aplauso, también, con Liberación, El afortunado, Amor sin tiempo y otras muchas, pero sí desde luego la más trascendental de su carrera.
Y hoy, cuando miro atrás, en mi maleta
veo que llevo dentro a Maranatha.
Y todos los que han hecho que ella fuera,,
van en mi alma.
Ramón Molina Navarrete. 75 años. Una vida y una obra.

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