
RETRATO DEL ÚLTIMO CRONISTA NO OFICIAL DE ÚBEDA
Un repaso a la biografía humana y creativa del escritor y periodista Ramón Quesada Consuegra de la mano de quienes mejor lo conocieron
Cuarenta y cuatro inviernos tenía Ramón Quesada Consuegra (Úbeda, 1930-2012) cuando el ya también desaparecido artista ubetense Marcelo Góngora Ramos lo retrató a carboncillo, para la eternidad, en plenitud humana y creativa, poco después de lo que el gran Dante bautizó como 'il mezzo del camin di nostra vita'.
Para entonces el escritor, investigador, periodista y funcionario de profesión ya andaba impulsado por un amor extremo a su patria chica, que andando el tiempo lo llevaría a traducirlo negro sobre blanco en una si no amplia, sí celebrada bibliografía.
Catorce años después de su partida, algo empieza a moverse en torno a su figura y obra: una suerte de inicial reivindicación que estos días ha traído su memoria humana y creativa a la capital jiennense (donde vivió y trabajó durante décadas) de la mano de su hijo Juan Carlos y de su compañero de letras Ramón Molina Navarrete.
Precisamente los dos pilares de este reportaje, sobre cuyos testimonios se eleva, alto, el recuerdo de quien no disfrutó la oficialidad de su vocación investigadora y divulgativa de su ciudad pese a ser el candidato más claro a dicho honor: "No trascendió más en Úbeda porque no buscó relacionarse con las altas esferas culturales y políticas; sé que le decepcionó mucho no ser cronista oficial cuando se quedó la plaza vacante, era el que más sonaba", certifica su hijo Juan Carlos Quesada Garrido.

UNA ENTRAÑABLE APROXIMACIÓN BIOGRÁFICA
"Contextualizar a mi padre es hablar de mi abuela, Antonia Consuegra. Mi padre no se tragó la guerra en su crudeza, pero sí la posguerra, conoció bien los años del hambre. Mi abuela tenía en Úbeda una tienda de alimentación, un colmado; era viuda, su marido cayó en la guerra, con dos criaturas (Francisco, el mayor, y mi padre), y pasaron dificultades. Me gusta contar esta anécdota para que la gente sepa en qué ambiente vivió mi padre, que tuvo que buscarse la vida desde muy joven para ayudar a la economía familiar", apostilla Quesada Garrido.
Aquella tienda de la poética calle Fuente de las Risas en la que el aún inédito escritor arrimaba el hombro a un hogar que, pronto, vería marcharse para los restos, también, al mayor de los hermanos, "con veintipocos años".
Con estos mimbres, Ramón Quesada Consuegra creyó que Madrid era el horizonte que le brindaría una oportunidad, y allá que se fue: "Hizo infinidad de trabajos hasta que más adelante, ya en Úbeda, empezó a trabajar en la oficina que luego fue Delegación de Agricultura, Ganadería y Pesca; tenían una oficina en Úbeda, hasta que lo trasladaron a Jaén capital", evoca su vástago.
Cuarenta años largos se mantuvo en su puesto, hasta su jubilación. Una aventura laboral de la que da cumplida cuenta el poeta e hijo predilecto de Úbeda Ramón Molina Navarrete: "Comenzó su labor preofisional en Úbeda en 1957 como funcionario del Ministerio de Agricultura, en el Servicio de Conservacion de Suelos, brigada numero 9. Diecisiete años después fue trasladado a Jaén capital, donde iba todos los días, y así hasta que en 1984 la familia entera decidió trasladarse a la capital del Santo Reino ganando en convivencia familiar, comodidad y sobre todo seguridad. Ejercio su profesion en Jaén desde ese año hasta su jubilación, tuvo plaza en el Icona (instituto Nacional para la Conservacion de la Naturaleza, y finalmente en el IARA (Instituto Andaluz de Reforma Agraria)".
Su hijo añade: "Su función era dar las licencias de pesca y caza". Ay, si lo hubiera conocido Delibes...

Casado con Dolores Garrido Vico y padre de dos hijos, jamás antepuso la devoción a la obligación, aunque tampoco nunca renunció a su querencia más honda: la creación.
EL ESCRITOR
"Mi padre tenía un espíritu artístico importante, antes de llegar a la escritura: empezó gustándole la música, tocó el clarinete en Úbeda, pero tuvo un profesor que le quitó las ganas; después de aquella aventura en la música, empezó a pintar. Pero lo que más le gustaba era escribir, desde jovencillo escribía novelas del Oeste, de vaqueros (lo que veía en esa época). Al final ganó la batalla la escritura", sentencia Juan Carlos Quesada Garrido.
Y eso que, como afirma Molina Navarrete, "fue autodidacta y no tuvo antecedentes literarios". Pero lo suyo era vocacional, vaya que sí: "Mientras trabajaba, se levantaba a las cinco de la mañana a escribir", asevera su hijo en tanto el mítico guionista, director y actor principal de Maranatha detalla:
"En cuanto a su obra hay que destacar sobre todo que fue colaborador del Diario JAÉN durante cincuenta y cuatro años ininterrupidos. Escribió también en el semanario Vibraciones, diario Ideal, Diario de Córdoba, ABC de Sevilla, Sol de Málaga, Blanco y Negro de Madrid... Fue colaborador de Radio Úbeda (Cadena SER) e igualmente escribió en las revistas Gavellar e Ibiut, así como en diferentes boletines de cofradías".
Molina continúa: "Su aportación a los libros comienza con su Guía histórico-artística de imágenes y templos de la Semana Santa de Úbeda, en colaboración con el poeta Antonio Cazorla Molina. Luego vinieron Cuentos para el camino y De Ares a Eros, pero sus tres obras cumbre son Patronas del Santo Reino (donde se dan a conocer con detalle las diversas patronas de nuestros noventa y siete municipios, con prólogo del periodista Antonio Garrido); Úbeda en el tiempo (un libro distribuido en cinco partes, cuales son historia, biografías, edificios y otros eventos, escultura y forja y oficios y memoria de antaño) colaborando con sus dibujos en este último apartado su hijo, el diseñador gráfico Juan Carlos Quesada Garrido; y finalmente Úbeda, hombres y nombres, libro semejante a este último, donde hay una inmensa cantidad de biografías de ubetenses ilustres, con prólogo de Juan Pasquau".
Títulos a los que se hubieran unido, de no haberle sorprendido la muerte, otras dos publicaciones: "Se dejó dos libros en el tintero, una autobiografía y otro que era de greguerías", aclara su hijo.

LAS PASIONES DE RAMÓN QUESADA CONSUEGRA
Las letras, la historia, las tradiciones, el costumbrismo y... "A mi padre no se le puede entender del todo sin conocer esa pasión suya por el fútbol, de toda la vida, de siempre: disfrutaba muchísimo cada partido".
Forofo del Athletic Club de Bilbao, de cuando en cuando recuperaba su afición artística elaborando cuadros con los jugadores del equipo de sus amores, para la peña local; fue también un entregado locutor deportivo e incluso llegó a rubricar el himno del Úbeda CF. Lo dicho, toda una pasión.
"Fue tambien un hombre profundamente religioso. en una de sus biografías dice así: —'Tengo el orgullo de ser español y amo a mi bandera, y al Dios que mueve y espera mi vida para situarla donde corresponda". Esa vida que, prácticamente hasta el último momento, disfrutó en condiciones óptimas:"Hasta la última semana estuvo bien física y mentalmente", concluye Juan Carlos Quesada, quien (entre tantos y tantos momentos inolvidables) guarda de su padre un "llamativo" recuerdo.
"Me llamaba la atención su espíritu liberal en el sentido del arte; yo dibujo cómic para adultos, me lo podría haber reprochado siendo yo tan joven, y sin embargo me animaba: —'Tú dibuja lo que te salga del alma', me decía. Eso se lo agradezco muchísimo".
"Un hombre honesto (en palabras de Molina Navarrete) que amó a Úbeda de corazón: él mismo nos hizo saber que nació en una ciudad como pocas, hermosa, abundante en todo lo mejor que la perfección de los pueblos puede mostrar al mundo. Así que fue un hombre sencillo y cariñoso, responsable y prudente".
Un ubetense hasta la médula a quien su tierra natal "no le ha hecho justicia" (lamenta el hijo del protagonista de este reportaje) y para quien ya empiezan a sonar peticiones de reconocimiento:"No estaría mál que le pusieran una placa en la casa en la que vivió toda la vida, en la calle Arjona". Dicho queda.

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