Los embalses superan el 90% y devuelven a Jaén a un escenario hídrico de hace más de una década

Con un 90,42% de reservas, el sistema encara el verano con una tranquilidad inédita desde 2014 tras dejar atrás los años más duros de sequía
El mapa hídrico de la provincia ha dado un vuelco en apenas dos años. Donde antes había orillas de ríos desnudos y preocupación, hoy hay agua hasta casi el límite. Los embalses jiennenses encaran el mes de mayo, antesala del verano, con un 90,42% de su capacidad, un dato que no solo marca una situación de abundancia, sino que devuelve al territorio a un escenario que no se veía desde hace más de una década.
La fotografía actual es la de una provincia que ha pasado de la sequía a la seguridad hídrica. Hace apenas dos campañas, en 2022 y 2023, los pantanos apenas superaban el 30% y el 27%, respectivamente. Hoy, en cambio, el sistema almacena más de 2.100 hectómetros cúbicos, una reserva que actúa como un auténtico colchón frente a la exigencia del verano.
La imagen se repite en la mayoría de los grandes embalses. Tranco de Beas, Guadalmena o Jándula superan el 90%, mientras que otros, como Aguascebas o Dañador, rozan el lleno técnico. Incluso infraestructuras clave como Giribaile, el mayor de la provincia, se sitúan en niveles muy elevados, consolidando una red hidráulica prácticamente a pleno rendimiento.
Este escenario no es fruto de un episodio puntual, sino del comportamiento del año hidrológico iniciado el pasado otoño. Las lluvias, aunque irregulares en su distribución, han sido persistentes en el tiempo, permitiendo que el sistema se recargue de forma progresiva. Las precipitaciones de la última semana, más discretas, apenas han tenido impacto en unas reservas que ya se encontraban en niveles muy altos.
El contraste con años anteriores es elocuente. Si 2023 representó el fondo del pozo, con embalses bajo mínimos y restricciones generalizadas, 2024 y 2025 iniciaron una recuperación que ahora alcanza su punto culminante. Para encontrar una situación comparable hay que remontarse a 2014, cuando las reservas superaban el 92%, o incluso a 2013, uno de los años más húmedos de la serie reciente.
Este cambio de ciclo tiene implicaciones directas. En lo inmediato, supone una garantía para el abastecimiento urbano y una base sólida para afrontar la campaña de riego, clave en una provincia donde el olivar marca el pulso económico. El agua, que durante años ha sido una amenaza latente, se convierte ahora en un factor de estabilidad.
Sin embargo, el actual “llenado” de los embalses también invita a una lectura más amplia. La memoria reciente recuerda que el sistema hídrico es profundamente volátil, capaz de pasar de la abundancia a la escasez en apenas dos temporadas. En ese sentido, el momento actual no solo es una buena noticia, sino también una oportunidad para reforzar una gestión más eficiente y planificada de los recursos.
Únete a nuestro boletín

