EL TELETRABAJO COMO ARMA CONTRA LA DESPOBLACIÓN EN JAÉN

Jóvenes que vuelven a sus orígenes para independizarse y familias que dejan atrás las ciudades en busca de tranquilidad; así ayuda internet a que los pueblos sumen habitantes
Internet ya estaba ahí. Pero la pandemia cambió las reglas laborales. El teletrabajo se ha asentado desde grandes compañías hasta pequeñas empresas y se ha convertido en una herramienta para frenar la despoblación en los pueblos de Jaén. Jóvenes que compran viviendas a precios accesibles para iniciar proyectos en pareja y matrimonios que dejan atrás la ciudad para vivir a otro ritmo, cerca de la naturaleza. Un denominador común: los lazos familiares fortalecen la salud emocional.
La Junta de Andalucía utiliza el límite de 3.000 habitantes para identificar municipios con problemas de despoblación. En la provincia de Jaén, más de la mitad de los municipios se sitúan por debajo de esa cifra. En concreto, 54 pueblos no alcanzan ese umbral demográfico y 16 tienen menos de 1.000 habitantes. En otras palabras, más de uno de cada dos municipios de la provincia se encuentra ya en el rango demográfico asociado al riesgo de despoblación.
Las cifras macro también son concluyentes: el 85% del territorio nacional sólo esta ocupado por el 20% de la población y un 13% se considera región escasamente poblada en las zonas de España, en su mayoría rurales con pérdida de población con crecimiento vegetativo negativo junto con una alta tasa de envejecimiento de los vecinos que permanecen en el territorio, de acuerdo con los datos del INE.
David Aguilera (Génave, 1998) y Santi Muñoz (Génave, 1989) viven un paralelismo notable: ambos, primos hermanos, se están independizando en el pueblo donde crecieron, de apenas 548 habitantes. Programador informático y administrador de sistemas, respectivamente, pronto dejarán las casas de sus padres para vivir con sus parejas.
"Me he comprado una casa con mi novia para quedarnos aquí. Y no se pueden comparar los precios: por lo que he pagado, no tenía ni un piso con cochera en la ciudad", comenta David Aguilera, que teletrabaja desde el pasado 14 de enero, cuando firmó su primer contrato en su especialidad. La empresa es de Murcia, y mantiene contacto permanente con su jefe. "Antes tuve un bar en el pueblo y he estado en el campo. Ahora me obligo a moverme, porque tantas horas sentado parece que no estás trabajando", resume.
Santi Muñoz y su pareja están a mitad de la reforma de una vivienda que, de no haberla comprado, quizá acabaría derruida. "Sería imposible tener algo así en Madrid, donde trabajé hasta la pandemia. Aquí tengo el mismo internet que allí, un giga simétrico de fibra", explica.
Ambos destacan que sus niveles de estrés han disminuido y han recuperado parte de la vida que llevaban antes, cuando tuvieron que mudarse para estudiar. "No es lo mismo estar en una oficina que en un pueblo, donde te asomas por la ventana y todo es sierra", coinciden.
Jaime Aguilera, alcalde de Génave, asegura estar en contacto con otros casos a los que anima a invertir en vivienda y quedarse en el municipio. "Contamos con el Centro de Iniciativas Empresariales y un espacio de coworking para que también intenten abrir sus negocios. Además, la Diputación ofrece ayudas para comprar casas antiguas y reformarlas", añade y recuerda que el Ayuntamiento, al igual que el de Villarrodrigo, está en programas para combatir la despoblación.

EN BUSCA DE (RECUPERAR) VÍNCULOS FAMILIARES
¿Y con hijos? ¿Es posible cambiar la ciudad por el pueblo? Las historias de Isidro Jiménez (Valdepeñas de Jaén, 1981) y Carmen Garrido (Frailes, 1981) lo confirman. Ambos han regresado y están criando a sus hijos en los municipios de la Sierra Sur, de 3.500 y 1.600 habitantes, respectivamente.
"Me hizo mucha ilusión volver a Valdepeñas de Jaén, porque solo viví allí cinco años de niño antes de marcharme a Jaén. Siempre tuve la ilusión de experimentar la tranquilidad de un pueblo y quería que mi hijo disfrutara de estar cerca de sus abuelos", explica Jiménez a este periódico. Ingeniero, ha retomado el contacto con su familia gracias al teletrabajo, tras haberse trasladado "muy joven" a Madrid y haber vivido en Francia.
Carmen Garrido dejó Frailes con 18 años y regresó en mayo de 2020, dos décadas después. Durante ese tiempo, vivió en Granada, Toledo, Ciudad Real, Palma de Mallorca y Madrid. Tiene dos hijas de 13 y 10 años. "Mi marido y yo teletrabajamos para la misma empresa, dedicada a proyectos de carpintería", señala.
La frailera reconoce que inicialmente no se había planteado volver, pero la crisis sanitaria del Covid-19 cambió su perspectiva. "Estamos muy contentos. La familia fue uno de los principales motivos y un aliciente para regresar. En Madrid tenía que contratar a una cuidadora para mis hijas", recuerda.
Isidro Jiménez compró una casa en Valdepeñas de Jaén pensando solo en usarla durante las vacaciones. "Nunca fue un objetivo que me planteara, y ahora estamos encantados. Mi hijo tiene siete años y estudia en una clase con diez alumnos. Es ideal, aunque a veces también pienso en algunas oportunidades que quizá aquí no tendrá", reflexiona.

Y LA VIDA TAMBIÉN CAMBIÓ EN EL PUEBLO
David Aguilera, hiperactivo, disfruta con el Génave Futsal. Si quiere ir al cine, puede desplazarse a Úbeda o incluso a Albacete. Pero lo que más valora está al alcance de la mano. "Pasas por la calle y saludas a todo el mundo. Te sientes arropado. Es un 'feeling' que cuesta explicar si no eres de pueblo", señala.
"Yo aquí tengo mi ecosistema: mis amigos y mi familia, el lugar donde me he criado. La comida, el aire, que es espectacular", añade Santi Muñoz, más de campo y de moto que de fútbol sala. "A mis compañeros de teletrabajo les insisto: vivirían mejor aquí que en Madrid", recalca.
"La tecnología ha transformado la vida en los pueblos y ya no es como en los años 80 o 90. Recuerdo venir de Jaén y todos los niños jugaban en las calles", apunta Isidro Jiménez, quien también mira al futuro: "Tengo la sensación de que mi hijo acabará marchándose. A mí me ha pesado más el aspecto sentimental en la decisión de quedarme". "Frailes ha cambiado mucho desde que me fui. Ahora se hacen muchas cosas en el pueblo y tenemos lo que queremos: calidad de vida", sentencia Carmen Garrido.
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